miércoles, 30 de marzo de 2011

Tarde de chicas... ¿con chicos?, Parte III

Nata


De un momento a otro, la casa quedó en un silencio casi total y yo me vi a solas con Chace en la sala. Seguía sentado en el suelo, con la cabeza apoyada en el sillón a mi lado. Volvió la vista hacia mí y sonrió de la misma forma en que lo venía haciendo desde su llegada y, dándose cuenta de que nos habíamos quedado solos, se incorporó con un rápido movimiento y se sentó junto a mí, al tiempo que me tomaba de la mano.
-¿La estás pasando bien? –le pregunté.
Pareció sorprendido con mi pregunta.
-Claro, ¿por qué?
-No sé. Tal vez te aburrís con nosotras.
-¿Me ves aburrido? –preguntó incrédulo y divertido-. ¿Las risas de recién no te demostraron lo contrario? –Se acercó despacio hasta que su boca quedó a pocos centímetros de la mía. Luego dirigió sus labios a mi mejilla y los fue moviendo hasta rozar los míos-. ¿Esto… no te demuestra lo contrario? –preguntó con su aliento pegado a mi boca.
-Bueno, quizás… -intenté decir, procurando mantenerme concentrada.
Se alejó unos centímetros y tapó mi boca con el dedo índice, sin dejarme terminar la frase.
-La estoy pasando bien. Gracias.
Me dirigió una sonrisa nuevamente, tomó mi cara entre sus manos y sus labios se apoderaron de los míos en un beso voraz y los mantuvieron cautivos durante varios minutos.
-¿Y qué vas a estudiar ahora que terminaste la secundaria? –me preguntó Chace una vez nos separamos. ¡Que habilidad para cambiar de tema de un segundo al otro!, pensé.
-Voy a estudiar para ser Tripulante de Cabina de Pasajeros –respondí.
-¿Azafata? –Él me miró sorprendido
-Sí, me encanta esa carrera. Aunque, en realidad siempre me gustó cantar y actuar y creo que lo hago bastante bien, pero en Argentina eso es siempre para un grupo muy reducido de personas.
-Si, pero no te olvides de donde estás ahora. En ese sentido LA está repleto de oportunidades que no tenés que desaprovechar.
-Si, lo sé. Pero igual estamos de vacaciones… si me quedara acá por mas tiempo me encantaría hacer algún casting o algo de eso. Pero, ya sabés, en pocos meses volvemos a Argentina y ahí voy a seguir con mis estudios.
-Qué lástima… -dijo insinuante.
-¿Qué cosa? –quise saber, sin entender bien a donde quería llegar
-Que vuelvas tan rápido.
-Bueno, no es TAN rápido. Vamos a estar tres meses acá, todo el invierno.
-Si, pero tres meses se pasan muy rápido, así que vamos a tener que aprovecharlos bien –me apretó fuerte entre sus brazos.
-¿Qué? –Exclamé incrédula. Nunca hubiese imaginado que tenía planeado pasar las vacaciones enteras conmigo-. ¿Pensás que me vas a aguantar tres meses? Mirá que soy capaz de ponerme muy insoportable. Ahora lo decís porque recién me conocés, pero vas a ver que no vas a tardar nada en cansarte de mí.
-No creo...
Se acercó y me dio otro beso.
Si, claro. ¡Demasiado irreal, Chace! O sea, ¿yo te tengo que creer que mañana o... ahora mismo, cuando salgas de acá, no vas a encontrar a alguien que te guste más que yo y te vas a olvidar de mí de un segundo para el otro? Yeah, right! TAN ilusa no soy. 
Como no podía expresarle todos mis pensamientos de algún modo que no me hiciera parecer una loca decidí contarle sobre mi familia. Le conté que vivía con mi mamá y mi hermanito, ya que mi papá había fallecido 2 años atrás, por un cáncer con el que había estado luchando durante quince años. 
Mi historia pareció provocarle ternura o pena, porque me abrazó mas fuerte que antes. Yo, sin embargo, no veía a la muerte como algo "trágico", aunque extrañaba a mi papá como a nada ni nadie en el mundo, sino que tenía asimilado que así era como las cosas tenían que ser y estaba segura de que, cuando me fuera de este mundo yo también, volvería a verlo.
Me dejé abrazar por Chace y sentí su intento de contenerme.
-Está bien -le dije-. No es para tanto. Contame sobre vos...
Su familia, según me contó, era lo que se consideraba una familia modelo: sus padres vivían juntos desde hacía veinte años y tenía una hermana chiquita. Si, una familia perfecta teniendo en cuenta que además de todo él era actor y le estaba yendo muy bien en lo que hacía a pesar de que recién estaba comenzando.
Miré hacia el ventanal y observé que estaba atardeciendo. Entonces, se me ocurrió una idea.
-¿Vamos un rato afuera? –le propuse.
-Bueno, vamos.
Me tomó de la mano y los dos nos levantamos del sillón y caminamos hacia el balcón. Apenas salí, me arrepentí de hacerlo porque, aunque había dejado de llover, el clima todavía estaba fresco y yo no tenía abrigo. Chace se dio cuenta enseguida porque empecé a temblar. Aunque no había un frío extremo, mi cuerpo siempre reaccionaba de esa manera.
-¿Tanto frío tenés? –se sorprendió.
-Si, soy bastante friolenta.
Entonces, para protegerme del clima, me agarró de la cintura y me acercó a él apretándome con fuerza contra su cuerpo. Yo pasé mis brazos por debajo de los suyos y apoyé mis manos en su musculosa espalda. 
Lo miré a la cara y me quedé anonadada. Era increíble el efecto que la luz rojiza del atardecer provocaba sobre su suave piel y el brillo que le daba a sus hermosos ojos.
-¿Sabés que? Con esta luz te ves… horrible, realmente –observó en tono burlón.
-Ah, ¿si? Bueno, sería bueno que supieras que vos también –le contesté pensando todo lo contrario a lo que estaba diciendo.
Soltó una pequeña risa.
-¿De que te reís? –me quejé.
-De que estás más linda que nunca.
Me sonrió, pero esta vez con ternura, y yo no pude hacer mas que sonreírle también, cuando se inclinó hacia mí y me besó.




Abril


La puerta se abrió y por ella entró Tom, con gesto preocupado.
-¿Estás bien?
-Si, ¿por qué? –no entendía la razón de su pregunta.
-Porque escuché un ruido muy fuerte y pensé que te había pasado algo.
-Ah, no, es que se me cayó el celular... -Si, claro, se te cayó, me dije. 
Bajó la vista hacia mis manos y vio el desarmado teléfono que todavía estaba intentando arreglar. Yo también dirigí mi mirada hacia el mismo lugar y seguí tratando de unir las piezas. Cuando volví a mirar a Tom, me sorprendí, porque lo encontré sentado en la cama a mi lado.
-Y... ¿hablabas con alguien?
-Si, con mi novio.
Me miró sorprendido, con las cejas levantadas y los ojos muy abiertos.
-¿Tenés novio? –me preguntó suspicaz.
-Si, aunque mucho no pude hablar porque se estaba yendo a una reunión o mas bien cena de trabajo, por la hora que es… -hablaba rápido y sin prestar atención a mi interlocutor. Estaba dialogando más conmigo misma que con él.
-Pero si es re temprano.
Claro, acá son las cinco y media de la tarde pero allá son más de las diez de la noche.
-Si, pero en Argentina es mas tarde –le expliqué.
-Ah, claro, en Argentina… -replicó con tono burlón y me guiñó un ojo.
No entendí el por qué de su reacción, pero tampoco me interesó y volví a fijar mi vista en la tapita de la batería de mi celular, que no parecía tener ganas de acomodarse en su lugar. Entonces, Tom me lo sacó suavemente de las manos y lo dejó a un costado de la cama.
-Dejá eso para después...
Se deslizó sobre la cama y se sentó bien pegado a mí. Me agarró de la cara y se acercó lentamente para.... ¡¿besarme?! 
-¿Qué hacés? ¡¡Te acabo de decir que tengo novio!!
-Pero, ¿era en serio? –preguntó confundido-. Es decir… ¿un novio en Argentina?
-No, en África –contesté con sarcasmo y llena de rabia. No podía creer que fuera tan atrevido-. Si, en Argentina, ¿en donde si no?
-Ah, es que… creí que era una broma –se excusó-. Quiero decir -volvió a adoptar el tono burlón-, ¿vos pensás que vas a poder mantener la relación a distancia durante tanto tiempo?
Me quedé completamente paralizada por sus palabras. Lo peor era que tenía razón y que eso era exactamente lo que me preguntaba todos lo días y todas las noches. Pero él no tenía derecho a ir a plantearme nada ni meterse en mis asuntos. La rabia me invadió el cuerpo por completo y sin medir el tono de mi voz o las palabras que salían de mi boca, finalmente exploté.
-No puedo creer lo idiota que sos. Mirá, la verdad es que no tengo ni la mas mínima intensión de arruinar nuestra… amistad o lo que sea que tengamos, pero vos no te esmerás demasiado. Así que ubicate y pensá lo que vas a decir antes de abrir la boca, porque lo que yo haga o deje de hacer con mi vida a vos no te incumbe en absoluto, así que no te metas más. 
Agarré las partes de mi todavía desarmado celular, me levanté de la cama enfurecida, pasé por su lado y abrí la puerta para irme, pero el se paró también y me agarró del brazo deteniéndome.
-Pero pará, ¡calmate! Perdoname… -me rogó arrepentido.
-Perdonarte… que difícil lo veo.
Me solté de su mano de un fuerte tirón, le dirigí una mirada furibunda y salí de mi habitación pegando un leve portazo y dejándolo ahí parado con una expresión de completo desconcierto. Una vez fuera de mi cuarto, me apoyé contra la pared del pasillo y me tapé la cara con las manos.
Era imposible explicar mi enojo con palabras. ¿Quién se creía para meterse en mi vida? Y lo peor era que estaba completamente en lo cierto, y que él me lo dijera tan clarito fue lo que me hizo caer definitivamente en la realidad y aceptar las cosas como eran.
Después de varios segundos, observando que Tom no pensaba salir de la habitación, me dirigí al living para hablar con urgencia con alguna de las chicas, porque sentía que si no lo hacía se me iba a ir todo de las manos e iba a terminar llorando a mares como las ultimas noches. En el camino agarré mi celular y, como por arte de magia, coloqué con gran simplicidad la tapita del cargador.
-Gracias, pero podrías haber hecho eso antes –le gruñí al móvil.
Llegué al living suspirando y observé que no había nadie por ahí, pero al mirar a través del vidrio de la puerta corrediza que daba al balcón los vi a Nata y a Chace abrazados.
No los voy a molestar, mejor voy a buscar a Cande.

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