Nata
De un momento a otro, la casa quedó en un silencio casi total y yo me vi a solas con Chace en la sala. Seguía sentado en el suelo, con la cabeza apoyada en el sillón a mi lado. Volvió la vista hacia mí y sonrió de la misma forma en que lo venía haciendo desde su llegada y, dándose cuenta de que nos habíamos quedado solos, se incorporó con un rápido movimiento y se sentó junto a mí, al tiempo que me tomaba de la mano.
-¿La estás pasando bien? –le pregunté.
Pareció sorprendido con mi pregunta.
-Claro, ¿por qué?
-No sé. Tal vez te aburrís con nosotras.
-¿Me ves aburrido? –preguntó incrédulo y divertido-. ¿Las risas de recién no te demostraron lo contrario? –Se acercó despacio hasta que su boca quedó a pocos centímetros de la mía. Luego dirigió sus labios a mi mejilla y los fue moviendo hasta rozar los míos-. ¿Esto… no te demuestra lo contrario? –preguntó con su aliento pegado a mi boca.
-Bueno, quizás… -intenté decir, procurando mantenerme concentrada.
Se alejó unos centímetros y tapó mi boca con el dedo índice, sin dejarme terminar la frase.
-La estoy pasando bien. Gracias.
Me dirigió una sonrisa nuevamente, tomó mi cara entre sus manos y sus labios se apoderaron de los míos en un beso voraz y los mantuvieron cautivos durante varios minutos.
-¿Y qué vas a estudiar ahora que terminaste la secundaria? –me preguntó Chace una vez nos separamos. ¡Que habilidad para cambiar de tema de un segundo al otro!, pensé.
-Voy a estudiar para ser Tripulante de Cabina de Pasajeros –respondí.
-¿Azafata? –Él me miró sorprendido
-Sí, me encanta esa carrera. Aunque, en realidad siempre me gustó cantar y actuar y creo que lo hago bastante bien, pero en Argentina eso es siempre para un grupo muy reducido de personas.
-Si, pero no te olvides de donde estás ahora. En ese sentido LA está repleto de oportunidades que no tenés que desaprovechar.
-Si, lo sé. Pero igual estamos de vacaciones… si me quedara acá por mas tiempo me encantaría hacer algún casting o algo de eso. Pero, ya sabés, en pocos meses volvemos a Argentina y ahí voy a seguir con mis estudios.
-Qué lástima… -dijo insinuante.
-¿Qué cosa? –quise saber, sin entender bien a donde quería llegar
-Que vuelvas tan rápido.
-Bueno, no es TAN rápido. Vamos a estar tres meses acá, todo el invierno.
-Si, pero tres meses se pasan muy rápido, así que vamos a tener que aprovecharlos bien –me apretó fuerte entre sus brazos.
-¿Qué? –Exclamé incrédula. Nunca hubiese imaginado que tenía planeado pasar las vacaciones enteras conmigo-. ¿Pensás que me vas a aguantar tres meses? Mirá que soy capaz de ponerme muy insoportable. Ahora lo decís porque recién me conocés, pero vas a ver que no vas a tardar nada en cansarte de mí.
-No creo...
Se acercó y me dio otro beso.
Si, claro. ¡Demasiado irreal, Chace! O sea, ¿yo te tengo que creer que mañana o... ahora mismo, cuando salgas de acá, no vas a encontrar a alguien que te guste más que yo y te vas a olvidar de mí de un segundo para el otro? Yeah, right! TAN ilusa no soy.
Como no podía expresarle todos mis pensamientos de algún modo que no me hiciera parecer una loca decidí contarle sobre mi familia. Le conté que vivía con mi mamá y mi hermanito, ya que mi papá había fallecido 2 años atrás, por un cáncer con el que había estado luchando durante quince años.
Mi historia pareció provocarle ternura o pena, porque me abrazó mas fuerte que antes. Yo, sin embargo, no veía a la muerte como algo "trágico", aunque extrañaba a mi papá como a nada ni nadie en el mundo, sino que tenía asimilado que así era como las cosas tenían que ser y estaba segura de que, cuando me fuera de este mundo yo también, volvería a verlo.
Me dejé abrazar por Chace y sentí su intento de contenerme.
-Está bien -le dije-. No es para tanto. Contame sobre vos...
Su familia, según me contó, era lo que se consideraba una familia modelo: sus padres vivían juntos desde hacía veinte años y tenía una hermana chiquita. Si, una familia perfecta teniendo en cuenta que además de todo él era actor y le estaba yendo muy bien en lo que hacía a pesar de que recién estaba comenzando.
Miré hacia el ventanal y observé que estaba atardeciendo. Entonces, se me ocurrió una idea.
-¿Vamos un rato afuera? –le propuse.
-Bueno, vamos.
Me tomó de la mano y los dos nos levantamos del sillón y caminamos hacia el balcón. Apenas salí, me arrepentí de hacerlo porque, aunque había dejado de llover, el clima todavía estaba fresco y yo no tenía abrigo. Chace se dio cuenta enseguida porque empecé a temblar. Aunque no había un frío extremo, mi cuerpo siempre reaccionaba de esa manera.
-¿Tanto frío tenés? –se sorprendió.
-Si, soy bastante friolenta.
Entonces, para protegerme del clima, me agarró de la cintura y me acercó a él apretándome con fuerza contra su cuerpo. Yo pasé mis brazos por debajo de los suyos y apoyé mis manos en su musculosa espalda.
Lo miré a la cara y me quedé anonadada. Era increíble el efecto que la luz rojiza del atardecer provocaba sobre su suave piel y el brillo que le daba a sus hermosos ojos.
-¿Sabés que? Con esta luz te ves… horrible, realmente –observó en tono burlón.
-Ah, ¿si? Bueno, sería bueno que supieras que vos también –le contesté pensando todo lo contrario a lo que estaba diciendo.
Soltó una pequeña risa.
-¿De que te reís? –me quejé.
-De que estás más linda que nunca.
Me sonrió, pero esta vez con ternura, y yo no pude hacer mas que sonreírle también, cuando se inclinó hacia mí y me besó.
Abril
La puerta se abrió y por ella entró Tom, con gesto preocupado.
-¿Estás bien?
-Si, ¿por qué? –no entendía la razón de su pregunta.
-Porque escuché un ruido muy fuerte y pensé que te había pasado algo.
-Ah, no, es que se me cayó el celular... -Si, claro, se te cayó, me dije.
Bajó la vista hacia mis manos y vio el desarmado teléfono que todavía estaba intentando arreglar. Yo también dirigí mi mirada hacia el mismo lugar y seguí tratando de unir las piezas. Cuando volví a mirar a Tom, me sorprendí, porque lo encontré sentado en la cama a mi lado.
-Y... ¿hablabas con alguien?
-Si, con mi novio.
Me miró sorprendido, con las cejas levantadas y los ojos muy abiertos.
-¿Tenés novio? –me preguntó suspicaz.
-Si, aunque mucho no pude hablar porque se estaba yendo a una reunión o mas bien cena de trabajo, por la hora que es… -hablaba rápido y sin prestar atención a mi interlocutor. Estaba dialogando más conmigo misma que con él.
-Pero si es re temprano.
Claro, acá son las cinco y media de la tarde pero allá son más de las diez de la noche.
-Si, pero en Argentina es mas tarde –le expliqué.
-Ah, claro, en Argentina… -replicó con tono burlón y me guiñó un ojo.
No entendí el por qué de su reacción, pero tampoco me interesó y volví a fijar mi vista en la tapita de la batería de mi celular, que no parecía tener ganas de acomodarse en su lugar. Entonces, Tom me lo sacó suavemente de las manos y lo dejó a un costado de la cama.
-Dejá eso para después...
Se deslizó sobre la cama y se sentó bien pegado a mí. Me agarró de la cara y se acercó lentamente para.... ¡¿besarme?!
-¿Qué hacés? ¡¡Te acabo de decir que tengo novio!!
-Pero, ¿era en serio? –preguntó confundido-. Es decir… ¿un novio en Argentina?
-No, en África –contesté con sarcasmo y llena de rabia. No podía creer que fuera tan atrevido-. Si, en Argentina, ¿en donde si no?
-Ah, es que… creí que era una broma –se excusó-. Quiero decir -volvió a adoptar el tono burlón-, ¿vos pensás que vas a poder mantener la relación a distancia durante tanto tiempo?
Me quedé completamente paralizada por sus palabras. Lo peor era que tenía razón y que eso era exactamente lo que me preguntaba todos lo días y todas las noches. Pero él no tenía derecho a ir a plantearme nada ni meterse en mis asuntos. La rabia me invadió el cuerpo por completo y sin medir el tono de mi voz o las palabras que salían de mi boca, finalmente exploté.
-No puedo creer lo idiota que sos. Mirá, la verdad es que no tengo ni la mas mínima intensión de arruinar nuestra… amistad o lo que sea que tengamos, pero vos no te esmerás demasiado. Así que ubicate y pensá lo que vas a decir antes de abrir la boca, porque lo que yo haga o deje de hacer con mi vida a vos no te incumbe en absoluto, así que no te metas más.
Agarré las partes de mi todavía desarmado celular, me levanté de la cama enfurecida, pasé por su lado y abrí la puerta para irme, pero el se paró también y me agarró del brazo deteniéndome.
-Pero pará, ¡calmate! Perdoname… -me rogó arrepentido.
-Perdonarte… que difícil lo veo.
Me solté de su mano de un fuerte tirón, le dirigí una mirada furibunda y salí de mi habitación pegando un leve portazo y dejándolo ahí parado con una expresión de completo desconcierto. Una vez fuera de mi cuarto, me apoyé contra la pared del pasillo y me tapé la cara con las manos.
Era imposible explicar mi enojo con palabras. ¿Quién se creía para meterse en mi vida? Y lo peor era que estaba completamente en lo cierto, y que él me lo dijera tan clarito fue lo que me hizo caer definitivamente en la realidad y aceptar las cosas como eran.
Después de varios segundos, observando que Tom no pensaba salir de la habitación, me dirigí al living para hablar con urgencia con alguna de las chicas, porque sentía que si no lo hacía se me iba a ir todo de las manos e iba a terminar llorando a mares como las ultimas noches. En el camino agarré mi celular y, como por arte de magia, coloqué con gran simplicidad la tapita del cargador.
-Gracias, pero podrías haber hecho eso antes –le gruñí al móvil.
Llegué al living suspirando y observé que no había nadie por ahí, pero al mirar a través del vidrio de la puerta corrediza que daba al balcón los vi a Nata y a Chace abrazados.
No los voy a molestar, mejor voy a buscar a Cande.
Abril, Candela y Renata, son amigas de toda la vida. Conocen todos sus secretos y se entienden con sólo una mirada. Al norte del continente, la banda Jonas Brothers, se separa a causa de una traición y se distancia incluso como familia. Pareciera que estas dos historias tan remotas no tienen relación... Pero, cuando las tres amigas argentinas, viajan a Los Ángeles al cumplir la mayoría de edad, todos se verán envueltos en una apasionante historia que los llevará a donde nunca imaginaron.
miércoles, 30 de marzo de 2011
martes, 15 de marzo de 2011
Tarde de chicas... ¿con chicos?, Parte II
Abril
Miraba la tierna escena entre Chace y Nata, pero sin prestarle demasiada atención. Eran lo únicos dos que hablaban en la habitación. Mientras los observaba pensaba en Fede. Realmente lo extrañaba muchísimo, hasta el punto de fantasear con la idea de que el estuviera ahí conmigo. Ver en las miradas de los chicos algo más que amistad me alegraba por ellos, pero me ponía completamente melancólica.
Sentí que una mano tocaba mi hombro y alguien pronunciaba mi nombre. Me di vuelta para ver quien era. Tom me sonrió y dibujé en mi cara una sonrisa que pretendía no hacer notar que la estaba forzando aunque sin demasiado éxito. Definitivamente no estaba en mi mejor momento. Deseaba con todas mis fuerzas poder disfrutar de ese sueño que estaba viviendo sin tener nada en que preocuparme, pero simplemente no podía.
-Ab, ¿no me mostrás donde esta el baño? –preguntó Tom amablemente.
-Si, obvio. Vení.
Guié a Tom hacia las escaleras y subimos.
-La segunda puerta a la derecha –le indiqué.
-Gracias.
Caminó hacia la puerta que acababa de señalarle y entró. Seguí el mismo camino que él había realizado pero en lugar de atravesar la puerta a mi derecha, entré por la de la izquierda.
Me tiré en mi cama decidida a hablar con él.
Necesito escuchar tu voz Fede… te necesito.
Marqué el número de teléfono y esperé unos instantes hasta que me atendieron.
-Hola, buenas tardes –me saludó una voz femenina.
-Buenas tardes.
-¿En que puedo ayudarla?
-¿Me podría comunicar con el señor Gilváez por favor?
Siempre que llamaba a su oficina me reía por dentro al preguntar por el señor Gilváez. Para mi era Fede, o mi amor, o algo así… pero no “señor Gilváez”.
Aunque bueno, mi novio era un profesional, hasta secretaria tenía. Me resultaba un poco raro porque mientras que él ya estaba trabajando en un empleo formal, yo recién acababa de terminar la secundaria.
De todos modos, estaba segura de que nunca me hubiese gustado tener un novio de mi misma edad. Siempre consideré que, tanto yo como las chicas, éramos bastante maduras para la edad que teníamos, nos gustaba relacionarnos con gente más grande que nosotras y, sin contar a Nata y Cande, todos mis amigos eran mayores que yo. Desde que era chica me gustaba salir con hombres más grandes, los chicos de mi edad me parecían muy infantiles. La menor diferencia de edad que hubo entre alguno de mis ex novios y yo fue de tres años. Con Fede era mayor: el tenía veinticuatro, pero no era tan notoria.
-¿De parte de quien?
-Abril Díaz Lombardi –respondí a su secretaria. Tampoco me simpatizaba decir mi nombre y apellidos completos, pero esas eran "las reglas" o algo así.
-Un momentito, por favor.
Esperé unos segundos manteniendo el celular alejado de mi oído, ya que aborrecía por completo las melodías similares a las de las cajas musicales que ponían mientras uno esperaba que lo atendieran, hasta que finalmente alguien contestó
-¿Hola?
-¡Mi amor! –exclamé, notando el alivio que escuchar su voz había provocado en la mía.
-¡¿Ab, como estas?! –mi novio estaba igual de feliz que yo por escucharme.
-Acá… necesitando escuchar tu voz. ¿Vos como andás? ¿Todo bien?
-Si. Si, todo bien, trabajando un poco… pero contáme vos, ¿que novedades tenés?
Decidí no contarle que habíamos conocido a Joe, Tom y Chace. Quise evitar cualquier tipo de confusión y de discusión sin sentido.
-Lo mismo de siempre: con las chicas seguimos recorriendo el lugar, que es hermoso, y comprando cosas compulsivamente… intentando disfrutar las vacaciones… -Dije eso último con un dejo de amargura en la voz.
-¿Por qué intentando? ¿Qué pasó?
Los ojos se me humedecieron y levanté la vista para contener las lágrimas. Me sentía una estúpida, estaba llorando por una idiotez cuando podía estar aprovechando las vacaciones que había planeado durante tanto tiempo.
-Nada Fede, te extraño mucho… -se me hizo un nudo en la garganta, que me dificultaba hablar con normalidad –me cuesta esto de la relación a distancia, es… difícil.
-¿Y con eso qué me querés decir?
Sentí que me lo preguntaba como a la defensiva y me apresuré a explicarle bien a lo que me refería.
-No, no, nada. Que me encantaría tenerte más cerca. Pero solo eso, eh, no quiero que nada cambie entre nosotros.
-¡Ah! -suspiró aliviado -pensé que llamabas para darme alguna mala noticia sobre… nosotros.
-No, Fede. Eso nunca… -contesté disgustada ante la simple idea de estar separada de él, más allá de la distancia
-Ab, me están llamando –me interrumpió-, tengo una reunión importante. Hablamos en estos días, ¿dale? Te amo
-Yo tam…
Cortó. Miré el celular incrédula… ¡Me había cortado!
-Bueno, un beso mi amor. Suerte en tu reunión, yo también te amo –dije con sarcasmo, hablando sola.
Revoleé el celular, pero al verlo caer me arrepentí. Se le salió la batería y quedó desarmado en el piso. Ni me molesté en pararme a arreglarlo.
Me recosté en mi cama y se me llenaron los ojos de lágrimas nuevamente, pero esta vez no impedí que rodaran por mis mejillas. Sentía que las cosas no iban a funcionar.
Seguido de ese pensamiento más y más lágrimas brotaron de mis ojos.
Llamaron a la puerta. ¿Justo ahora alguien me necesita?, pensé amargada.
Agarré un pañuelo de papel de la caja que estaba dentro del primer cajón de mi mesa de noche y sequé mis lágrimas. Respiré profundamente para tranquilizarme, me levanté de la cama y me miré en el espejo. No se notaba tanto que había estado llorando. Me senté nuevamente en mi cama y contesté.
-Si, adelante.
Cande
Me di vuelta. Parado a tan sólo unos metros de mí, estaba Joe sonriéndome. Siempre me sonreía y al hacerlo me contagiaba.
-¿Qué, Joe? –dije sonriendo también.
-¿No me darías algo para tomar, por favor?
-Si, seguro –respondí.
Caminé hacia la heladera y la abrí. Miré en su interior y luego me corrí para dejar que Joe viese lo que había adentro.
-Mirá y elegí lo que quieras.
Sentí que caminaba hasta donde estaba yo. Estaba a punto de voltearme para verlo a la cara y preguntarle que quería, cuando sentí que sus manos se posaban sobre mi cintura y miraba por encima de mi hombro. Inmediatamente unas maripositas comenzaron a revolotear por mi panza. ¿Qué te pasa Candela? Respirá y actuá normalmente, por favor.
Me quedé quieta unos segundos, que me resultaron placenteramente eternos, esperando que me dijera que prefería.
-Eh… Coca-Cola, por favor.
Tomé la botella del estante suprior del refrigerador y me di vuelta, haciendo que sus manos se soltaran de mi cuerpo.
-Coca-Cola será, entonces.
Me sonrió y le devolví la sonrisa. Se acercó a la mesa y tomó asiento en una de las sillas. Yo me dirigí en sentido opuesto hacia el mueble donde guardábamos la vajilla y tomé un vaso, abrí la botella y vertí un poco de su contenido en él. Se lo alcancé a Joe, quien me agradeció y, al ver que no tenía intención de volver a la sala con los demás, me senté a su lado.
-¿Te gusta Los Ángeles? –preguntó al cabo de unos segundos.
-Si, es hermoso. Con las chicas planeamos este viaje durante tres años. Estar acá para nosotras es un cumplir un sueño.
-¿Y por qué eligieron hacerlo ahora y no antes?
-Porque teníamos que tener mas de dieciocho años, y Renata y yo los cumplimos recién en septiembre de este año. Y, en esta época, porque en Argentina son las vacaciones de verano.
-¿De que parte de Argentina son? Yo conozco Buenos Aires… -dijo con un acento tan raro que me causó gracia –fui dos veces, es muy lindo.
-Nosotras somos de ahí –miré su vaso vació y agregué-. ¿Querés más gaseosa?
-No, gracias, está bien así.
-¿Vamos con el resto de los chicos, entonces? –sugerí.
-Abril y Tom subieron a algún lado creo.
Ante esa declaración me sorprendí bastante y abrí los ojos demasiado. Él lo notó y rió.
-Creo que Tom quería saber donde quedaba el baño o algo así. Y, bueno... no interrumpamos a Chace y a Renata.
Sus palabras vinieron acompañadas de una mirada cómplice que entendí a la perfección. Quien sabía que estarían haciendo esos dos…
-Quedémonos acá mejor. Seguí contándome cosas sobre vos. Por ejemplo... ¿Cómo es tu apellido?
-¿Me estás preguntando mi apellido? –dejé escapar sin pensarlo.
-Sí. Si me decís el tuyo, yo te digo el mío.
-¿Me estás cargando? –dije incrédula. ¿Había alguien en el mundo que no supiera su apellido?
-No ¿Por qué? –Dijo con fingida inocencia, y sin dejar que contestara agregó –En fin, ¿me vas a decir como es?
Reí por dentro al imaginarlo pronunciar mi apellido.
-Pérez Orceliet.
Me miró con una mueca extraña que supuse que se debía a que no había entendido ni la mitad de lo que le había dicho.
-Candela Pérez Orceliet –repetí más lento.
-Candela Pérez Or… -dijo con un acento bastante gracioso.
-…celiet –finalicé-. Ahá. Ahora te toca decirme el tuyo –le recordé.
Joe rió entre dientes.
-¿De verdad es necesario?
-No, no lo es –reconocí, también entre risas.
-¿Qué te gusta hacer, a qué te dedicás? –me preguntó-. ¿Tejés al crochet, jugás al tenis…? -¿Qué le pasa, por qué me hace todas estas preguntas?
-Me gusta pintar –respondí riendo ante sus ocurrencias.
-¿Pintás? –preguntó asombrado.
-Sí, me fascina la pintura... los colores. Tengo una obsesión con ellos.
-Algún día me tenés que mostrar algo de lo que hacés –pidió sonriendo.
-Cuando gustes –respondí, encantada con la idea de volver a verlo aunque fuera para mostrarle algún bosquejo de cualquier cosa.
-¿Y como se te da el estar lejos de tu familia? –sus facciones se contrajeron en un gesto de dolor que intentó disimular y yo no entendí el por qué.
-Bastante bien, por ahora. Soy hija única así que me acostumbré a que mis padres me acosen todo el tiempo y me den todo servido en bandeja. Pero bueno, no me cuesta tanto acostumbrarme a eso, sino más bien al hecho de no tenerlos como apoyo moral.
Entonces comprendí que el malestar momentáneo que mostró su rostro se debió a que se había arrepentido de sacar el tema sobre la familia, ya que la conversación lo podía llevar a hablar de la suya.
En mi cabeza se asomó una idea completamente loca y arriesgada, pero no pude resistir la tentación de hacerle la pregunta que tenía en mente.
-Y… ¿tu familia? Digo, ¿Qué tal todo? –pregunté con cautela.
Cerró los ojos y apretó la mandíbula. Había dado en el blanco.
Le resultó imposible ocultar su nerviosismo.
-Y bueno, eh, mi familia… ¿vos sabías quien era yo antes de conocerme en persona? -preguntó, algo incómodo y avergonzado.
-Si, siempre me gustó su música – y cuando planeamos este viaje fue para venir a verlos tocar, pensé en mi interior-. Es más, cuando fueron a Argentina, las chicas y yo fuimos a verlos.
-¿En serio? .preguntó, bastante sorprendido.
Asentí sin emitir ningún sonido.
-Bueno, en fin… están todos bien –respondió finalmente-, Frankie está re grande y…
Siguió hablando de su hermano menor y sus padres pero evitó olímpicamente el tema de sus otros dos hermanos, Nick y Kevin. Parecía ser que le costaba demasiado tocar ese tema y, claro estaba, Candela Pérez Orceliet no era alguien a quien pudiera confiarle una charla sobre su pasado y su familia.
Tarde de chicas... ¿con chicos?, Parte I
Nata
Las tres nos miramos con los ojos como platos.
-¡Yo no abro! –exclamé.
-¡Yo tampoco! –Se apresuró a decir Cande.
-Yo tamp… ¡ufa!
Triunfante miré a Abril, que me observaba con los labios y el ceño fruncido, y le saqué la lengua, sobrándola. Luego miré a Cande que me sonrió y las dos comenzamos a reír contagiando a Ap, que aunque se lo proponía, no podía mantener su cara de ofendida.
Aun riéndose, agarró las llaves, dio media vuelta y se perdió tras la puerta, cerrándola con un leve golpe. Una vez que se fue, Cande y yo nos miramos con los ojos muy abiertos, recordando que los chicos ya estaban abajo, y seguido de eso corrimos cada una a su cuarto, a ver si necesitábamos retocarnos el maquillaje o algo de eso. Entré a mi habitación completamente apurada y me paré frente al espejo situado junto al placard. Me observé de arriba abajo por unos segundos, con cara de seductora, y revolviéndome el pelo con las manos, dije:
-¡DIOSA!
Salí de mi cuarto e instantáneamente me choqué de lleno con Cande que salía del suyo. Me froté la dolorida frente con una mano y cuando la miré vi que estaba haciendo lo mismo y, al notarlo ella también, las dos empezamos a reír. Nos agarramos de la mano y bajamos la escalera todavía entre risas.
Cuando llegamos abajo Chace, Tom y Joe estaban entrando por la puerta, seguidos de Abril que ya los empezaba a taladrar con sus palabras, como hace siempre con cualquiera. Cande me soltó la mano y con una sonrisa de simpatía se adelantó a saludar a todos. Yo, en cambio, me quedé unos segundos parada al final de la escalera, observando lo que tenía frente a mis ojos.
Salí de mi cuarto e instantáneamente me choqué de lleno con Cande que salía del suyo. Me froté la dolorida frente con una mano y cuando la miré vi que estaba haciendo lo mismo y, al notarlo ella también, las dos empezamos a reír. Nos agarramos de la mano y bajamos la escalera todavía entre risas.
Cuando llegamos abajo Chace, Tom y Joe estaban entrando por la puerta, seguidos de Abril que ya los empezaba a taladrar con sus palabras, como hace siempre con cualquiera. Cande me soltó la mano y con una sonrisa de simpatía se adelantó a saludar a todos. Yo, en cambio, me quedé unos segundos parada al final de la escalera, observando lo que tenía frente a mis ojos.
Tenía que admitir que los chicos eran uno mas lindo que el otro pero, definitivamente, el premio mayor se lo llevaba Chace. Estaba ahí parado, sacándose el abrigo, mientras me miraba fijamente a los ojos, con una sonrisa perfecta pintada en sus rosados labios. Debajo de la campera tenía un sweater azul marino que resaltaba sus ojos claros de manera impactante. Era verdaderamente hermoso.
Disimulando esa atracción momentánea que me provocó verlo, me acerqué y lo saludé, esta vez yo, con un beso suave, muy cerca de los labios. Le dirigí una pícara sonrisa y me di vuelta para saludar al resto.
Disimulando esa atracción momentánea que me provocó verlo, me acerqué y lo saludé, esta vez yo, con un beso suave, muy cerca de los labios. Le dirigí una pícara sonrisa y me di vuelta para saludar al resto.
-¿Cómo están? –preguntó Tom con una sonrisa de oreja a oreja.
-Bien –contestó Cande devolviéndole el gesto-. Pónganse cómodos, siéntanse como en casa…
-Bueno… -dijo Joe sonriendo y corrió a acostarse en el sofá-. Ah, pero en mi casa yo no tengo un sillón tan cómodo como este.
-No, seguro que no. Me imagino… -ironizó Abril en un susurro.
Chace y yo llegamos a escucharla y ambos reímos en voz baja.
-Bueno, pero no TAN “como en casa” que tenés que hacer lugar para alguien mas –le advirtió Cande y lo corrió para luego sentarse a su lado.
-¿Quieren algo de tomar? –pregunté a los recién llegados.
-¿Qué tenés? –quiso saber Chace.
-Gaseosa, jugo, agua, soda…
-Yo quisiera un agua finamente gasificada, por favor –bromeó Joe interrumpiéndome.
-Joe, cortala –lo retó Chace-. Gaseosa esta bien… para los tres –agregó mirando de soslayo a Joe quien sonreía divertido. Definitivamente, el mito sobre el humor de Joe Jonas no era un mito sino, mas bien, una realidad completamente certera.
Sonreí y me escabullí a la cocina. Agarré seis vasos de la alacena y una botella de Coca-Cola de las más grandes. Volví a la sala intrigada por las risas.
Tom miraba con fingido enojo a Joe que se desternillaba de risa acompañado por Chace, Cande y Abril. Algún chiste de mal gusto, supuse, y aunque no sabía exactamente de que se trataba, no tardé en unirme a las carcajadas.
Estuvimos los seis sentados en la sala hablando un rato largo y riéndonos de los chistes que contaba Joe -que a decir verdad eran muy malos- hasta que, finalmente, para cortar con esa estupidez y lograr que Joe se quedara callado un rato, decidimos ver la película que los chicos habían traído.
Cande fue a buscar un par de paquetes repletos de calientes y deliciosos pochoclos, mientras que yo ayudaba a Ap a llevar un par de gaseosas para dejarlas sobre la pequeña mesita de madera que teníamos en el living, para dejarlas al alcance de todos y que pudiéramos agarrar lo que quisiéramos con comodidad mientras veíamos la película.
Estaba por ir a acomodarme en uno de los sillones individuales que estaban a los lados del grande, cuando sentí una tibia y fuerte mano que me tomó del brazo. Me di vuelta y me encontré con Chace que me miraba desde el sillón de dos cuerpos, donde ya estaba sentado.
-¿No te sentás conmigo? –al ver su expresión descubrí que iba a ser imposible negarme a su propuesta aunque, pensándolo mejor, no tenía ni la mas mínima intención de hacerlo.
-Bueno, dale
-¿No te sentás conmigo? –al ver su expresión descubrí que iba a ser imposible negarme a su propuesta aunque, pensándolo mejor, no tenía ni la mas mínima intención de hacerlo.
-Bueno, dale
Le sonreí de la misma manera que cuando lo había saludado y me acomodé a su lado. Él sonrió con satisfacción.
En el silloncito de nuestra izquierda estaba Tom, con Joe sentado en uno de los apoyabrazos; a nuestra derecha, en el otro, estaba sentada Abril y Cande en el piso, unos centímetros adelante suyo.
Ap estiró la mano hacia la pared que tenia detrás y, presionando el interruptor, apagó la luz dejándonos a todos en completa oscuridad, hasta que Cande dio inicio a la película, apretando ‘play’ en el control remoto.
Resultó ser una comedia protagonizada por Ben Stiller, actor que me encantaba desde hacía años, y apenas empezó, ya estábamos todos riéndonos a carcajadas.
Iba un poco mas de media película y yo NO PODÍA parar de reírme como una estúpida, cuando sentí que el brazo de Chace pasaba lentamente por detrás mío y, agarrándome de la cintura, me acercaba mas a su cuerpo. Extrañada, lo miré y él no hizo mas que sonreírme de una manera que me derritió y me impidió volver a mirar el televisor por quedarme colgada de su mirada. OMG. ¡Que bueno estás!, pensé.
Reaccioné al ver que llevaba su otra mano a mi cara y, con una suave caricia corría el cabello suelto de mi rostro, sin dejar de mirar de mis ojos a mis labios y de mis labios a mis ojos una y otra vez, como si algo le impidiera correr la vista a otro lado. Acercó su cara lentamente a la mía y, con un lento y tembloroso movimiento de la mano que tenía en mi cintura, me acercó más a mí también hasta que nuestras narices se rozaron y, como si ya no pudiera soportar la tentación que mi boca ejercía sobre él, me besó.
Mi corazón pegó un salto dentro de mi pecho. De repente Chace se arrimó aún mas a mí y pude sentir como el suyo también lo hizo, hasta que los dos latieron a una misma sintonía, como haciendo música. Llevé mis manos a su cuello y entrelacé mis dedos en su nuca, relajándome y entregándome por completo a sus dulces labios que encerraban los míos. Su beso fue suave y tan lleno de ternura que me contagió por completo y me hizo estremecer, como si una ola de frío hubiese llegado a mi cálido cuerpo en ese preciso instante.
Cuando se separó, volvió a sonreír mirándome fijamente a los ojos, y luego de darme otro corto beso en los labios, giró su cabeza y dirigió su mirada nuevamente hacia el televisor, como si nada hubiera pasado.
En ese momento me pregunté si alguien a nuestro alrededor se habría percatado de la situación y miré en dirección a las chicas buscando una respuesta a mi pregunta. A juzgar por sus caras de concentración en la película y las risas que ésta les provocaban, no parecían habernos visto. En cuanto a los chicos, estaba segura de que tampoco, porque estaban los dos metidos en la pantalla.
Después de sacarme la duda, apoyé mi cabeza en el hombro de Chace, quien me miró, me rodeó con sus fuertes brazos y me besó en la frente.
Seguí mirando la TV sin mover mi vista de ahí en lo que restó del film, excepto porque de vez en cuando sentía los labios de Chace sobre mi coronilla y ¿cómo no desconcentrarme?
¡Fue increíble lo que nos divertimos! Cuando se terminó, Abril encendió la luz y yo me acerqué a apagar el DVD. Metí la película en su caja y la dejé sobre la mesa del televisor.
Nos quedamos comentándola durante un buen rato, los seis muertos de risa, hasta que a Ap se le ocurrió la idea de jugar al dígalo con mímica, hombres contra mujeres, y todos aceptamos súper tentados con la idea. Era genial la manera en la que todos encajábamos, tratándose de otros chicos, nos hubieran mirado con cara rara, pero ellos eran muy parecidos a nosotras y, por lo tanto, no eran como el resto definitivamente.
Después de unos cuantos minutos en los que a Cande le tocó interpretar “La Sirenita ” y a Tom “Moulin Rouge”, entre otras, fue el turno de Joe. Se acercó a nosotras con perspicacia y Abril le susurró al oído el nombre de la película que habíamos elegido para él. Al oírlo nos miró con los ojos entrecerrados y, sin posibilidad de quejarse, se paró en el centro del living y empezó a hacer la mímica al momento en que el tiempo de juego comenzaba a correr.
-No te entiendo Joe… -dijo Tom desconcertado al cabo de unos cuantos segundos.
Joe seguía parado en el medio la sala. Tiraba patadas al aire y hacía posiciones de karate y cosas así y cuando Tom le dijo eso se le sumó a su cara una expresión de fastidio, que terminó de hacerme estallar en risas. Se veía tan gracioso haciendo eso, y además exasperado porque sus compañeros de equipo no entendían lo que hacía, que las chicas no tardaron en unirse a mi risa.
-Stop. ¿Cuántas palabras eran?
Joe hizo el gesto de “tres” con los dedos mientras ponía los ojos en blanco.
-¡Les queda un minuto! –les advirtió Cande muerta de risa.
-¡Para Cande! –le pidió Chace desesperado mientras observaba a Joe confuso. Iban perdiendo tres a dos-. ¡Ay, no se!
-A ver, Joe, hacelo de nuevo –insistió Tom.
El aludido puso los ojos en blanco nuevamente y repitió las patadas pero esta vez les agregó un gesto de cachetes inflados y los brazos abiertos al costado de su cuerpo imitando a un gordo o algo por el estilo. A cada gesto que hacía aumentaba el volumen de nuestras risas, a pesar de que hacía unos cuantos minutos que no podíamos hacerlas detener con nada.
-No se que es lo que hacés, Joe –rió Chace.
-Treinta segundos… -lo urgió Abril a carcajadas.
-Veintinueve… -continuó Cande.
-Veintiocho… -dije yo estallando de risa.
-¡PAREN! –pidió Joe desesperado.
-Hablaste –lo acusó Abril y abrió su boca en una perfecta ‘O’.
-Si, pero eso no cuenta –lo defendió Tom.
En los últimos veinticinco segundos, Tom y Chace terminaron igual de tentados que nosotras, mientras que Joe nos miraba entre ofendido y tentado también, pidiendo atención a sus movimientos de artes marciales.
-¡Tiempo! –exclamamos mis amigas y yo al unísono.
Entonces, como si hubiese sido algo completamente obvio y predecible, Joe miró a Chace y Tom y con los ojos muy abiertos les gritó:
-¡KUNG FU PANDA!
Hubiese jurado que era imposible reírnos mas de lo que nos estábamos riendo en ese momento, pero aun así nuestras carcajadas subieron de volumen.
-¡Pero mirá la película estúpida que estabas haciendo! –reprochó Tom.
-¡Ellas me la dijeron! –nos señaló Joe.
Nos pasamos un rato largísimo jugando al mismo juego con ese tipo de películas viejas y graciosas, hasta que terminamos los seis tirados en el piso sin poder parar de reír. Cuando finalmente nos calmamos, me senté en el sillón y me di cuenta de que mi estomago crujía.
-Uy, tengo hambre.
-Voy a buscar algo para comer, ¿querés? –me ofreció Cande.
-Como quieras.
Cande
Me levanté del suelo y caminé hacia la cocina. Ya en ella, me acerqué a la mesada y abrí la puerta de la alacena en donde guardábamos las galletitas. Moría por comer algunas de chocolate. Estaba decidiendo cuales llevar cuando sentí pasos detrás mío y me percaté de que había alguien mas en la habitación.
-Candela…-dijo una voz áspera a mis espaldas.
sábado, 12 de marzo de 2011
Distancia y acercamientos, Parte IV
Cande
Nos habíamos despertado tardísimo y por eso todavía me costaba mantener los ojos abiertos y concentrarme en lo que hacía, sin bostezos de por medio. Siempre me pasaba lo mismo: cuanto más dormía, más cansada estaba después.
Eran las cuatro de la tarde y el día estaba igual que el anterior. Hacía frío y llovía, el cielo estaba gris y no se asomaba ni un rayo de sol.
-Se suponía que el clima en Santa Mónica no era así, ¿no? –dije mirando al cielo con reproche.
-Según Chace, tiene que ver con el calentamiento global –contestó Nata. La observé completamente indignada. Con lo bueno que estaba Chace, ¿no tenía nada mejor que hacer que hablar del calentamiento global?
Decidimos quedarnos, otra vez, toda la tarde en casa. No había nada mas lindo que pasar una tarde lluviosa con amigas mirando películas y tomando chocolate caliente… y eso era lo que teníamos pensado hacer.
-Bueno, organicemos –dijo Ab–. Cande, vos andá a agarrar frazadas y almohadas, y Nat y yo vamos a la cocina a buscar comida y bebida.
-Bueno esta bien… ¡pero esperá! –Grité antes de que dieran media vuelta y desaparecieran tras la puerta–. Solamente si traen chocolates también.
Sonreí como una nena chiquita. Amaba el chocolate, especialmente si era blanco.
Las chicas fueron para la cocina y yo estaba subiendo las escaleras cuando escuché que sonaba mi celular. Me detuve a percibir de donde provenía el sonido, ya que no tenía idea de donde lo había dejado. Me quedé en mi lugar por unos segundos: venía de mi derecha. Giré y lo vi apoyado sobre la estantería al lado de mi gastado ejemplar de La Historia del Amor, que estaba fuera de lugar. Corrí para llegar a atender antes de que cortaran y respondí sin fijarme quien era, al tiempo que acomodaba el libro en su sitio.
-¿Hola?
-Hola –contestó una voz áspera, muy poco familiar.
Alejé el auricular un momento para ver quién era, pero el número no era de nadie a quien tuviera agendado.
-¿Quién habla?
-Joe.
-¿Qué Joe?
-Joe, del otro día en la fiesta.
-¿Joe de la fiesta? –pregunté confundida. Definitivamente necesitaba lavarme la cara nuevamente, porque todavía tenía la almohada pegada a la mejilla.
-Sí. Joe… Jonas.
Reaccioné bastante tarde.
Y si Candela, ¿Qué Joe va a ser, si él es el único que conoces? Tonta. De todos modos, ¿por qué me llama Joe? Nunca hablamos demasiado, es mas, nunca mantuvimos una conversación propiamente dicha. Y, lo más importante, ¿de donde sacó mi número?
-¡Ah! ¿Cómo estás?
-Todo bien. ¿Vos?
-Bien, bien.
Al ver que nos quedábamos callados, en un silencio un poco incómodo, pregunté lo primero que se me vino a la cabeza:
-¿Cómo es que tenés mi número de teléfono?
-Me lo pasó Chace. Creo que me dijo que se lo había pasado Renata.
¿Renata le pasó mi celular a Chace? ¿Para qué?
-Ah, puede ser.
Silencio de nuevo.
-Perdoná que te lo pregunte tan directamente, pero, ¿llamaste por algo en especial?
Me estaba poniendo nerviosa esa conversación y el no saber por que me había llamando, más aún.
-Si. Te explico… estaba acá con Chace y Tom, viendo si hacíamos algo y yo les dije “¿Por qué no llamamos a esas chicas simpáticas que conocimos el otro día y vemos si quieren hacer algo con nosotros?”
Me sorprendió bastante que hubiese sido él quien llamara, teniendo en cuenta que no había hablado demasiado con ninguna de las tres. Y ¿“esas chicas tan simpáticas”? ¿Qué le pasaba? Además, ¿por qué no llamó Chace a Nata en lugar de él a mi?
-Ah, y ¿qué tenés en mente?
-No sé, lo que ustedes quieran.
Terminamos la comunicación y fui a la cocina a contarles a las chicas.
¡Uy! Tal vez se enojan, se suponía que iba a ser una tarde de chicas… pero, en fin, ya tuvimos una ayer. Aunque, pensándolo bien, no creo que a Nata le moleste en absoluto. Es probable que Ab sea más difícil de convencer…
Entré a la cocina y las vi preparando bandejas con galletitas, café, chocolates y mas.
-Chicas, cambio de planes.
-¿Qué? –exclamaron al unísono.
-Si. ¡No saben lo que pasó! Me llamó Joe –al oír esto ambas abrieron sus bocas mostrando desconcierto-, y en un rato viene con Chace y Tom a ver una película a casa.
Las caras de las dos se transformaron: abrieron los ojos muy grandes y me miraron más sorprendidas aún.
-No, pero…-comenzó Abril, pero no la dejé seguir.
-Pero nada. Hay que prepararse porque en una hora y media vienen. Ellos traen película y nosotras ponemos las provisiones.
-¿Una hora y media? –Dijo mirando significativamente el pijama que todavía llevaba puesto–. Pero ¿no ves que no llegamos a prepa…?
-Por eso mismo se callan y nos vamos a arreglar –la interrumpí.
Tomé a ambas de las manos y las conduje a mi habitación. Las senté en la cama y les di claras instrucciones:
-Van a sus cuartos, agarran toda la ropa, accesorios y demás que crean que pueden ser útiles para la ocasión y vuelven. Tienen cinco minutos, empezando… ¡ya!
Salieron disparadas hacia sus respectivas habitaciones. Mientras tanto, yo abrí mi propio placard y saqué todo lo que me pareció apropiado: pantalones, remeras, polleras, sweaters, vestidos, etc. Lo coloqué todo bien acomodadito sobre la silla, y abrí un cajón del tocador donde guardaba mis accesorios. Agarré zapatillas y chatitas que podían ser útiles y las acomodé a un lado de la cama. Terminé en el preciso momento en el que las chicas entraban cargadas con ropa. Acomodamos todo junto a mis cosas rápidamente y comenzamos con nuestra tarea de decidir que ponernos.
Después de un rato de probarnos de todo y reírnos a más no poder, cada una tenía su conjunto. Renata llevaba una falda gris oscuro por arriba de las rodillas, tiro alto, y una musculosa blanca, un collar de piedritas transparentes y grises, en los pies unas chatitas también grises y, para no tener frío, un saquito rojo abierto. Para Abril elegimos un vestidito corto color natural, al cuerpo, manga tres cuartos, con corte princesa y en los pies unos zapatos bajos violetas. Yo tenía un jean achupinado gris, una remera azul marino estampada y zapatillas negras, que hacían juego con el sweater que también llevaba.
-DI-VI-NAS –gritó Ab, conforme con nuestros atuendos.
-Obvio, como siempre –dije entre risas.
-Si, todo espectacular pero vamos a ordenar abajo que esta casa es un horror –acotó Nata.
Mientras bajábamos la escalera le eché un vistazo al reloj que colgaba de la pared.
-¡Cuarenta minutos!
-¡Okay! Organicémonos. Nata, anda a la cocina y poné a hacer los pochoclos. Cande, ordená el living y hacé de esto un lugar presentable. No podemos dar la impresión de ser un desastre. Más que nada por ustedes lo digo chicas…
Sonrió y guiñó un ojo. Nata y yo nos miramos. ¡Desubicada! Hablaría de Renata, porque yo no tenía que quedar bien ante nadie.
-Bárbaro. ¿Y vos que hacés?
-Yo… -se debatió unos instantes –yo recorro las habitaciones y el baño por las dudas.
Cada una se dirigió para la parte de la casa que le correspondía. Pero antes de ordenar… ¡música! Imposible lograrlo sin ella. Puse un CD a todo volumen y ¡manos a la obra!
A los veinte minutos, ya había terminado. Me senté en el sillón exhausta. Aunque sonara exagerado, la casa era un completo desastre. Listo, pensé, no más problemas por ahora.
A los pocos minutos de haber empezado mi descanso, sentí un fuerte olor a quemado. Corrí de inmediato a la cocina, que, sorprendentemente, estaba vacía.
-Renata, ¿dónde estas? ¡Veni acá que te mato!
Abrí la puerta del microondas y el olor se multiplicó. Me encontré con una bolsa de pochoclos rota y su contenido desparramado y quemado.
Al parecer el olor invadía toda la casa, ya que unos segundos después Abril apareció para ver que estaba sucediendo. Al ver que era lo que provocaba ese desastre pregunto…
-¿Dónde está Renata?
-Esa es una muy buena pregunta. Anda a buscarla para que la asesine mientras intento limpiar este desastre.
Ap se fue y reapareció a los pocos segundos con Renata.
-¡¿Me podés explicar donde estabas que no sentiste el olor asqueroso este?!
-Hablando por teléfono con mí mama, en el balcón. ¡Ay, por Dios! ¡Que olor horrendo! ¿Podés cerrar ese microondas?
-En vez de quejarte, ¿por qué no ayudas?
-Bueno, bueno.
-Chicas voy a abrir todas las ventanas y a poner sahumerios por toda la casa antes de que sea imposible respirar.
Nata y yo nos miramos y nos pusimos a limpiar todo. Al principio estaba algo molesta, pero a los pocos minutos me dio mucha risa la situación y me tenté. Nata se contagió, y así terminamos de limpiar todo antes de que llegaran los chicos.
-¿Quedaron bolsitas para hacer pochoclo?
-Si.
Se paró sobre una silla para alcanzar el estante más alto de la alacena. Agarró dos paquetes y me los tiró. Los atrapé y los puse de a uno en el microondas que, por suerte, ya tenía menos olor a quemado.
Terminamos de preparar todo y fuimos al living, donde estaba April. Nos desparramamos por los sillones y nos pusimos a charlar sobre cualquier cosa, como siempre.
Al cabo de unos minutos sonó el timbre.
viernes, 11 de marzo de 2011
Distancia y acercamientos, Parte III
Abril
Me dirigía a la cocina a buscar un vaso de gaseosa. Estaba descalza y el piso muy frío así que hice lo más rápido que pude y volví a la cálida y esponjosa alfombra de mi cuarto en cuestión de segundos. Me senté en mi cama, me tomé la bebida casi de un trago y luego dejé el vaso en la mesita de luz.
Era jueves a la noche o, mejor dicho, viernes a la madrugada, ya que eran… miré el reloj de pared que había comprado el lunes: casi las cuatro de la mañana, y yo estaba despierta hacía ya unas horas.
Me había despertado por la misma razón que las noches anteriores: Fede.
No paraba de darme vueltas en la cabeza esa idea de que, tarde o temprano, nuestra relación iba a terminar. Desde el momento en que había puesto un pie en el avión lo sabía y no encontraba manera de olvidarme de eso por un rato… tres meses con él, habían sido mas que perfectos. Sentía que Fede era la persona con la que compartiría el resto de mi vida y sabía que él pensaba lo mismo de mi porque ya me lo había hecho saber varias veces, y estaba segura de que no me mentía. Fede era perfecto para mi y no quería perderlo en ese momento, no de esa manera, prefería tener una razón mas valedera que la distancia que nos separaba pero, por mas que la buscara, no la encontraba.
Veinticuatro años, morocho, de ojos verdes, alto y muy lindo. Era absolutamente bueno y completamente sincero, compresivo, consejero, compañero, gracioso, simpático y sociable. Además de todo eso estaba estudiando derecho, ya a punto de recibirse, y mientras tanto, estaba trabajando en el estudio jurídico de su papa, de gran prestigio y trayectoria. Era simplemente perfecto, no tenía dudas de eso. Además, con todo lo que lo necesitaba en ese momento, por mas que me esforzara en encontrarle algún defecto, lo único que podía recordar eran sus virtudes.
Las lágrimas volvieron a caer por mis mejillas, empañando mi mirada y dejándome ese sabor amargo en la boca. Traté de calmarme lo mas rápido posible, me soné la nariz con un pañuelo que saqué del segundo paquete de tissues que había abierto y después lo sumé a la gran pila de pañuelos usados que tenia en la mesita de luz. Agarré un par de pantuflas del placard, me las calcé, me abrigué y salí al pasillo cuidando de no hacer ruido para no despertar a las chicas. Bajé las escaleritas y salí al balcón.
Hacia muchísimo frío y las grisáceas nubes de la noche me indicaban que pronto llovería. Pero no me importó eso, necesitaba sacarme el dolor de alguna manera y el frío o la lluvia serían una distracción perfecta. Acerqué una silla a las rejas y me senté mirando hacia la ciudad que se parecía mucho a mi, ya que practicamente no dormía por las noches. El viento hacía ondear mi largo cabello y las lágrimas volvían a ahogarme, trayendo nuevamente el recuerdo de mi novio. Mi llanto era cada vez más fuerte e intenso y mi dolor incomparable. Sentía que moriría en cualquier momento, si no lo tenía a mi lado.
Entonces, escuché un golpe en el vidrio de la puerta corrediza del balcón, volteé y las vi a las chicas haciéndome señas para que entrara con ellas, pero yo negué con la cabeza. Al ver este gesto, abrieron la puerta y salieron las dos descalzas, intentando cubrirse del viento con sus manos y, muertas de frío, corrieron a abrazarme. Gracias chicas, ¡siempre están ahí cuando las necesito!
Las abracé con las pocas fuerzas que me quedaban y lloré sobre sus hombros por un rato.
-Bueno, ¿entramos? Porque vamos a terminar empapadas –sugirió Nata.
Yo no me había dado cuenta, pero había empezado a lloviznar y las tres ya estábamos bastante mojadas.
-Si… entremos -respondí, casi sin volumen.
Las chicas me llevaron abrazada hasta mi cuarto, me dieron ropa seca y me hicieron acostar en mi cama. Yo no tenía fuerzas ni ganas para nada. Cuando se fueron de la habitación, las lágrimas se volvieron a agolpar en mis ojos y comencé a llorar otra vez, pero a los pocos minutos la puerta se volvió a abrir y las chicas entraron por ella con pijamas limpios, toallas en el pelo y… ¿colchones?
-¿Qué hacen con eso?
-¿Creíste que te íbamos a dejar sola así como estas? –inquirió Cande, simulando estar ofendida.
-No, señora. Nosotras nos quedamos acá a hacerte compañía –agregó Nat.
Acomodaron los dos colchones a la derecha de mi cama, se sentaron sobre ellos y jalaron de mi mano para que las acompañe. Yo me destapé, agarré mi almohada y tiré de las frazadas para taparnos a las tres. Me acomodé en el medio de la “cama” y con el abrazo y las palabras de aliento de las chicas, en pocos minutos me dormí.
-¿No te pensas levantar, bella durmiente?
-Dale que ya son las… tres y media según mi reloj.
Abrí los ojos y las vi a Nat y Cande con una gran sonrisa en sus caras y una bandeja con lo que sería mi desayuno. Me incorporé y me apoyé contra la pared. Me habían servido un desayuno lleno de calorías pero aun así no me negué porque mi estómago me estaba reclamando alimento, así que me comí todas las galletitas, me tomé toda la chocolatada y un tazón de cereales. Después de terminármelo todo, las chicas se llevaron la bandeja y los colchones e hicieron mi cama. Yo fui al baño a lavarme la cara y cuando salí me llevaron de la mano al sillón del living y apagaron las luces.
-Alquilamos una de terror –dijo Nata, sonriendo maliciosamente.
-Ideal para un día de lluvia –agregó Can con el mismo gesto-, ¿te prendés?
Miré la ventana y confirmé que seguía lloviendo, no era una lluvia fuerte pero no parecía querer parar pronto.
-Totalmente.
Corrieron a sentarse en el sillón, una a cada lado. Apoyamos los pies en la mesita ratona y nos tapamos con un acolchado y, sin siquiera haber puesto “play”, empezamos a comer los pochochos como tres maniáticas. Nos miramos y nos reímos a carcajadas y después de calmarnos, finalmente prendimos el DVD.
La película no dio miedo en absoluto porque estábamos demasiado tentadas y nos reíamos de cualquier cosa: aparecía el asesino y nos reíamos; apuñalaba a alguien y nos reíamos; salpicaba la sangre y nos reíamos. ¡Dios, fue tan gracioso! ¡Gracias a la vida por haberme dado estas amigas!
Cuando terminó la peli prendimos la radio y nos quedamos ahí sentadas charlando, riéndonos, haciendo concursos de caras feas, grabando videos, cantando, bailando y jugando a guerra de almohadones durante el resto de la tarde.
Veinticuatro años, morocho, de ojos verdes, alto y muy lindo. Era absolutamente bueno y completamente sincero, compresivo, consejero, compañero, gracioso, simpático y sociable. Además de todo eso estaba estudiando derecho, ya a punto de recibirse, y mientras tanto, estaba trabajando en el estudio jurídico de su papa, de gran prestigio y trayectoria. Era simplemente perfecto, no tenía dudas de eso. Además, con todo lo que lo necesitaba en ese momento, por mas que me esforzara en encontrarle algún defecto, lo único que podía recordar eran sus virtudes.
Las lágrimas volvieron a caer por mis mejillas, empañando mi mirada y dejándome ese sabor amargo en la boca. Traté de calmarme lo mas rápido posible, me soné la nariz con un pañuelo que saqué del segundo paquete de tissues que había abierto y después lo sumé a la gran pila de pañuelos usados que tenia en la mesita de luz. Agarré un par de pantuflas del placard, me las calcé, me abrigué y salí al pasillo cuidando de no hacer ruido para no despertar a las chicas. Bajé las escaleritas y salí al balcón.
Hacia muchísimo frío y las grisáceas nubes de la noche me indicaban que pronto llovería. Pero no me importó eso, necesitaba sacarme el dolor de alguna manera y el frío o la lluvia serían una distracción perfecta. Acerqué una silla a las rejas y me senté mirando hacia la ciudad que se parecía mucho a mi, ya que practicamente no dormía por las noches. El viento hacía ondear mi largo cabello y las lágrimas volvían a ahogarme, trayendo nuevamente el recuerdo de mi novio. Mi llanto era cada vez más fuerte e intenso y mi dolor incomparable. Sentía que moriría en cualquier momento, si no lo tenía a mi lado.
Entonces, escuché un golpe en el vidrio de la puerta corrediza del balcón, volteé y las vi a las chicas haciéndome señas para que entrara con ellas, pero yo negué con la cabeza. Al ver este gesto, abrieron la puerta y salieron las dos descalzas, intentando cubrirse del viento con sus manos y, muertas de frío, corrieron a abrazarme. Gracias chicas, ¡siempre están ahí cuando las necesito!
Las abracé con las pocas fuerzas que me quedaban y lloré sobre sus hombros por un rato.
-Bueno, ¿entramos? Porque vamos a terminar empapadas –sugirió Nata.
Yo no me había dado cuenta, pero había empezado a lloviznar y las tres ya estábamos bastante mojadas.
-Si… entremos -respondí, casi sin volumen.
Las chicas me llevaron abrazada hasta mi cuarto, me dieron ropa seca y me hicieron acostar en mi cama. Yo no tenía fuerzas ni ganas para nada. Cuando se fueron de la habitación, las lágrimas se volvieron a agolpar en mis ojos y comencé a llorar otra vez, pero a los pocos minutos la puerta se volvió a abrir y las chicas entraron por ella con pijamas limpios, toallas en el pelo y… ¿colchones?
-¿Qué hacen con eso?
-¿Creíste que te íbamos a dejar sola así como estas? –inquirió Cande, simulando estar ofendida.
-No, señora. Nosotras nos quedamos acá a hacerte compañía –agregó Nat.
Acomodaron los dos colchones a la derecha de mi cama, se sentaron sobre ellos y jalaron de mi mano para que las acompañe. Yo me destapé, agarré mi almohada y tiré de las frazadas para taparnos a las tres. Me acomodé en el medio de la “cama” y con el abrazo y las palabras de aliento de las chicas, en pocos minutos me dormí.
-¿No te pensas levantar, bella durmiente?
-Dale que ya son las… tres y media según mi reloj.
Abrí los ojos y las vi a Nat y Cande con una gran sonrisa en sus caras y una bandeja con lo que sería mi desayuno. Me incorporé y me apoyé contra la pared. Me habían servido un desayuno lleno de calorías pero aun así no me negué porque mi estómago me estaba reclamando alimento, así que me comí todas las galletitas, me tomé toda la chocolatada y un tazón de cereales. Después de terminármelo todo, las chicas se llevaron la bandeja y los colchones e hicieron mi cama. Yo fui al baño a lavarme la cara y cuando salí me llevaron de la mano al sillón del living y apagaron las luces.
-Alquilamos una de terror –dijo Nata, sonriendo maliciosamente.
-Ideal para un día de lluvia –agregó Can con el mismo gesto-, ¿te prendés?
Miré la ventana y confirmé que seguía lloviendo, no era una lluvia fuerte pero no parecía querer parar pronto.
-Totalmente.
Corrieron a sentarse en el sillón, una a cada lado. Apoyamos los pies en la mesita ratona y nos tapamos con un acolchado y, sin siquiera haber puesto “play”, empezamos a comer los pochochos como tres maniáticas. Nos miramos y nos reímos a carcajadas y después de calmarnos, finalmente prendimos el DVD.
La película no dio miedo en absoluto porque estábamos demasiado tentadas y nos reíamos de cualquier cosa: aparecía el asesino y nos reíamos; apuñalaba a alguien y nos reíamos; salpicaba la sangre y nos reíamos. ¡Dios, fue tan gracioso! ¡Gracias a la vida por haberme dado estas amigas!
Cuando terminó la peli prendimos la radio y nos quedamos ahí sentadas charlando, riéndonos, haciendo concursos de caras feas, grabando videos, cantando, bailando y jugando a guerra de almohadones durante el resto de la tarde.
Distancia y acercamientos, Parte II
Nata
Me acerqué a los chicos con seguridad a pesar de que estábamos llegando casi quince minutos tarde y todo porque Abril seguía con ese jueguito suyo del dolor de cabeza.
Chace saludó a las chicas con un leve abrazo y a mi con un beso en la mejilla. Le sonreí ruborizada.
-¿A dónde vamos? –pregunté ansiosa.
-Doblando la esquina, hay un restaurante a donde venimos a comer todos los días cuando salimos de grabar y ya tenemos mesas reservadas –explicó, clavando sus ojos en los míos, cautivándome con su mirada.
Nos hizo una seña con la mano para que empezáramos a caminar. Las chicas iban delante de mi, hablando con Tom, y Chace atrás. Sentí como me tomaba de la cintura y aceleraba el paso para quedar a mi lado. Acercó su boca a mi oído y susurró.
-Estás muy linda.
-Gracias –respondí avergonzada
No, este chico no puede ser tan lindo, pensé. Sería bueno saber como es que un chico así, sin mencionar que además era actor, me hubiese invitado a almorzar y además intentara seducirme. O por lo menos eso me parecía a mí. No. Debía ser solo una impresión, era demasiado bueno como para ser real...
Pocos segundos mas tarde, nos encontramos parados en la puerta de un hermoso restaurante.
-¿A dónde vamos? –pregunté ansiosa.
-Doblando la esquina, hay un restaurante a donde venimos a comer todos los días cuando salimos de grabar y ya tenemos mesas reservadas –explicó, clavando sus ojos en los míos, cautivándome con su mirada.
Nos hizo una seña con la mano para que empezáramos a caminar. Las chicas iban delante de mi, hablando con Tom, y Chace atrás. Sentí como me tomaba de la cintura y aceleraba el paso para quedar a mi lado. Acercó su boca a mi oído y susurró.
-Estás muy linda.
-Gracias –respondí avergonzada
No, este chico no puede ser tan lindo, pensé. Sería bueno saber como es que un chico así, sin mencionar que además era actor, me hubiese invitado a almorzar y además intentara seducirme. O por lo menos eso me parecía a mí. No. Debía ser solo una impresión, era demasiado bueno como para ser real...
Pocos segundos mas tarde, nos encontramos parados en la puerta de un hermoso restaurante.
Cande
Entramos a la casa de comidas. Era un lugar chiquito pero acogedor. Las paredes estaban revestidas en madera y las mesas cubiertas con manteles blancos.
Nos dirigimos a una mesa, más bien a dos unidas, al fondo. Nat y Chace se sentaron enfrentados. Al lado de Chace se sentó Abril y yo en frente de ella. En la punta, entre Ab y yo, estaba Tom.
Ordenamos la comida y mientras esperábamos que llegara, aprovechamos para familiarizarnos un poco más. Las chicas y yo les contamos un poco sobre nuestras vidas en Argentina, nuestras familias y las carreras que empezaríamos al volver a nuestra ciudad natal.
–Al principio dudaba entre diseño y producción de imagen y el interpretariado de inglés, pero terminé por decidirme por la primera –le conté a Tom que acababa de preguntarme que estudiaría en la universidad.
-¿Tanto te gusta el idioma como para trabajar toda tu vida en base a él?
-Sí. Siempre me gustaron mucho los idiomas. Es mas, tengo pensado estudiar francés, también.
-Je parle un peu français –intervino Chace con un acento muy seductor, y al ver mi cara de confusión me lo tradujo para que lo entendiese –Pero muy poco. Es un gran idioma.
El mozo nos trajo la comida y nos repartió los pedidos. Al ver mi plato de spaghetti, me di cuenta de cuan hambrienta estaba.
-¡Que rico! –exclamó Abril al probar su pollo asado, y por un momento todos posamos la mirada en ella. Al instante sus mejillas se tiñeron de un suave rosa.
-Si, es todo riquísimo. Muchas gracias por invitarnos. –dije, logrando así que todos quitaran su atención de Ab y me miraran.
Mi amiga me agradeció con una tímida sonrisa. En ocasiones podía llegar a ser muy vergonzosa.
-Me alegro de que les guste; están invitadas cuando gusten.
Luego llegó el turno de los chicos de ponernos al corriente de parte de sus vidas. Nos contaron historias divertidísimas de las grabaciones y sobre sus anteriores trabajos. Tom había comenzado a trabajar de chico, a los trece años, haciendo pequeños papeles en películas, y sabía anécdotas muy buenas de varios grandes actores. Chace, en cambio, había trabajado solamente en una producción antes de comenzar con Morning Light, otra serie que no tuvo demasiada relevancia.
Estábamos casi terminando de comer cuando Tom se levantó de su silla, diciendo que debía pasar por el toilete. En ese mismo momento se abrió la puerta de entrada y por ella aparecieron otros chicos de los que filmaban con Tom y Chace, a los cuales habíamos visto el sábado anterior en la fiesta. Observé al grupo tratando de recordar los nombres de la gente que me habían presentado. Charlie, Justin, Viktor… repentinamente el corazón me empezó a latir muy rápidamente… entre ellos estaba Joe Jonas.
STOP. ¿Qué significa esto? Quedate quieto corazón. Ahora. No sabía por qué cuando lo veía me ponía de esa forma. Me había pasado lo mismo la vez anterior. Me sentía una tarada, él no era nadie para mi más que un antiguo amor platónico. Uno muy antiguo. Pasado y enterrado.
Justo en el momento que yo tenía mis ojos clavados en él, giró su cabeza y nuestras miradas se encontraron. Automáticamente, bajé la vista hacia mi plato, ya casi vacío.
Me quedé quieta pensando en lo idiota que debí haber parecido, por lo obvio que fue que había estado contemplándolo, cuando sentí que alguien se sentaba a mi lado. Tom, pensé. Me viene bárbaro para distraerme.
Justo en el momento que yo tenía mis ojos clavados en él, giró su cabeza y nuestras miradas se encontraron. Automáticamente, bajé la vista hacia mi plato, ya casi vacío.
Me quedé quieta pensando en lo idiota que debí haber parecido, por lo obvio que fue que había estado contemplándolo, cuando sentí que alguien se sentaba a mi lado. Tom, pensé. Me viene bárbaro para distraerme.
Levanté la vista hacia donde debería haber estado su cara, pero me encontré con la de alguien más. Joe me sonrió y yo, obnubilada, no pude evitar hacer lo mismo.
-Hola –dijo mirándome a los ojos.
-Hola.
Decidí que no podía ser tan tarada como para quedarme con cara de boba observándolo, por lo que giré mi cabeza en dirección a donde estaban el resto de los chicos. Chace y Nata estaban en plena conversación y no parecía nada oportuno interrumpirlos, ya que se miraban con mucha intensidad. Abril estaba hablando por teléfono con la mirada perdida en algún punto por detrás de mí. Solo quedábamos Joe y yo.
-Hola –dijo mirándome a los ojos.
-Hola.
Decidí que no podía ser tan tarada como para quedarme con cara de boba observándolo, por lo que giré mi cabeza en dirección a donde estaban el resto de los chicos. Chace y Nata estaban en plena conversación y no parecía nada oportuno interrumpirlos, ya que se miraban con mucha intensidad. Abril estaba hablando por teléfono con la mirada perdida en algún punto por detrás de mí. Solo quedábamos Joe y yo.
Por inercia me di vuelta y fijé mis ojos en él nuevamente. Seguía examinándome y me di cuenta de que lo había estado haciendo todo ese tiempo. Estaba serio y, al darse cuenta de que yo lo miraba, me levantó una ceja. Creí que moría; lo hizo con una expresión de seductor que me causó morderme el labio inferior casi por reflejo. Al cabo de unos largos segundos, que tal vez fueron minutos, abrió la boca para decir algo pero…
-¡Ay!
Era Abril. La miré lo mas feo que pude y hasta quise matarla por un instante. Bueno, tal vez no tanto... o tal vez si.
-¡No sabés! Era Meli. Dice que están todos bien y que nos extrañan y…
Se calló inmediatamente al darse cuenta de que había interrumpido algo.
-Y… voy al… ya vengo.
Se paró y desapareció tras la puerta del baño de damas. Nuevamente miré a Joe expectante, ya que moría de intriga por saber que era lo que iba a decirme.
-No, ahora ya está… ya pasó el momento -Se levantó de su asiento y sonrió -Nos vemos, Candela.
Dio media vuelta y se fue. No lo podía creer.
En cuanto Abril volvió del baño no esperé ni que se sentara para mirarla horrible. Ella simplemente me contempló sintiéndose culpable y articuló con sus labios la palabra “perdón” sin emitir sonido alguno.
Era Abril. La miré lo mas feo que pude y hasta quise matarla por un instante. Bueno, tal vez no tanto... o tal vez si.
-¡No sabés! Era Meli. Dice que están todos bien y que nos extrañan y…
Se calló inmediatamente al darse cuenta de que había interrumpido algo.
-Y… voy al… ya vengo.
Se paró y desapareció tras la puerta del baño de damas. Nuevamente miré a Joe expectante, ya que moría de intriga por saber que era lo que iba a decirme.
-No, ahora ya está… ya pasó el momento -Se levantó de su asiento y sonrió -Nos vemos, Candela.
Dio media vuelta y se fue. No lo podía creer.
En cuanto Abril volvió del baño no esperé ni que se sentara para mirarla horrible. Ella simplemente me contempló sintiéndose culpable y articuló con sus labios la palabra “perdón” sin emitir sonido alguno.
Nata
En cualquier momento se me escapaba una carcajada. Lo que acababa de ver había sido la situación mas incomoda del planeta, pero aun así me daba mucha risa y no paraba de reírme por dentro. Cande fulminó con la mirada a Ab y cuando vio mi obvia sonrisa no hizo mas que mirarme lo peor que pudo a mí también, y se puso a hablar con Tom para disimular. Eso no hizo más que aumentar mis ganas de reír.
-¿Me estas escuchando?
Mmm… ¿no? Chace seguía hablándome y yo no le había estado prestando atención. Puse la cara más seria que pude y le contesté aguantando la risa.
-Eeh… ss-si
-¡Ah, bárbaro! –Se quejó haciéndose el enojado, sarcástico –Bueno, ya que no me escuchás voy a tener que llamar a alguna de mis fans que seguro…
-No tengo duda de que lo harías. Total, yo soy una mas del montón, ¿no? –dije imitando su tono.
-Si fueras una más, no estarías acá.
-Y, ¿qué tengo de diferente yo, entonces?
-Que… vos no estas acá porque soy Chace Stawski, el actor, como hacen todas. Porque vos me conociste sin tener idea de quien era y de mi profesión y eso me dice que me acompañaste a la fiesta y que hoy estas acá porque te caí bien tal vez, y sólo querías ver a ese chico normal que conociste una noche. Eso es lo que te hace diferente y por eso estoy acá hablando con vos, pero aparentemente no te interesa lo que tengo para decir… ¿Me vas a escuchar ahora?
Me quedé estúpida. Lo primero lo dijo serio y para decir la última frase volvió a adoptar ese tono burlón de “me hago el enojado”. Le contesté que si con una sonrisa en los labios y empezó nuevamente su monólogo acerca de “el día en que estaban grabando y una loca se metió en el set con el único objetivo de besar a Tom”.
-No tengo duda de que lo harías. Total, yo soy una mas del montón, ¿no? –dije imitando su tono.
-Si fueras una más, no estarías acá.
-Y, ¿qué tengo de diferente yo, entonces?
-Que… vos no estas acá porque soy Chace Stawski, el actor, como hacen todas. Porque vos me conociste sin tener idea de quien era y de mi profesión y eso me dice que me acompañaste a la fiesta y que hoy estas acá porque te caí bien tal vez, y sólo querías ver a ese chico normal que conociste una noche. Eso es lo que te hace diferente y por eso estoy acá hablando con vos, pero aparentemente no te interesa lo que tengo para decir… ¿Me vas a escuchar ahora?
Me quedé estúpida. Lo primero lo dijo serio y para decir la última frase volvió a adoptar ese tono burlón de “me hago el enojado”. Le contesté que si con una sonrisa en los labios y empezó nuevamente su monólogo acerca de “el día en que estaban grabando y una loca se metió en el set con el único objetivo de besar a Tom”.
Una vez más, escuche sólo la mitad de lo que decía. Con la única diferencia de que ahora no era por mirar alguna situación embarazosa a mi alrededor, sino por perderme en sus profundos ojos azules y quedarme colgada en las palabras que me había dicho. Chace era demasiado lindo, ideal para pasar mi estadía en LA y, si de verdad me consideraba diferente y todo eso que él decía, lo tenía que aprovechar.
Logré concentrarme en sus palabras casi al final de la anécdota que resultó ser muy graciosa. Terminamos de comer el postre y al ratito salimos los cinco entre risas. Si había algo que no parábamos de hacer cuando estábamos juntos, eso era reír.
Los acompañamos hasta la puerta del estudio otra vez, donde Chace me invitó a entrar para verlos grabar, pero yo me negué y le dije que ya habría tiempo para eso. El me sonrió, entendiendo que eso suponía volver a vernos, y con Tom nos esperaron hasta que conseguimos un taxi y volvimos a casa.
Logré concentrarme en sus palabras casi al final de la anécdota que resultó ser muy graciosa. Terminamos de comer el postre y al ratito salimos los cinco entre risas. Si había algo que no parábamos de hacer cuando estábamos juntos, eso era reír.
Los acompañamos hasta la puerta del estudio otra vez, donde Chace me invitó a entrar para verlos grabar, pero yo me negué y le dije que ya habría tiempo para eso. El me sonrió, entendiendo que eso suponía volver a vernos, y con Tom nos esperaron hasta que conseguimos un taxi y volvimos a casa.
Pasamos el resto de la tarde probándonos toda la ropa que nos habíamos comprado esa mañana, escuchando música y comentando el almuerzo con los chicos. No pude evitar reírme cuando mencionamos la situación que Cande había vivido con Joe. La verdad era que había sido realmente embarazoso pero, aun así, me daba muchísima gracia, más que nada al recordar la cara que le había puesto a Ap después de haber “ido al baño” y la que me había puesto a mí.
En fin, pasamos una tarde como pocas. Chace era todo lo que podría haber deseado para mis vacaciones y todavía mas. Ya estaba ansiosa por verlo otra vez.
En fin, pasamos una tarde como pocas. Chace era todo lo que podría haber deseado para mis vacaciones y todavía mas. Ya estaba ansiosa por verlo otra vez.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)