martes, 17 de mayo de 2011

Chace, Parte III


Nata

   Chace metió la mano en el bolsillo trasero del pantalón y de él sacó un manojo de llaves. Desactivó la alarma del auto, me abrió la puerta para que subiera y luego se subió el por el otro lado. En esos segundos que tardo en dar la vuelta por el frente, para entrar y sentarse en su asiento, fue cuando me di cuenta de que estaba sentada en uno de los autos más lindos y cómodos que había visto en mi vida.
   Cuando finalmente lo tuve sentado a mi lado, noté que se había quedado mirándome y que todavía no nos habíamos puesto en marcha.
   Se sacó los lentes y me dejó ver su hermosa mirada con más claridad. Entonces acercó su rostro al mío y, cuando estaba a tan sólo unos pocos centímetros de mis labios, me corrí hacia atrás y puse mi mano entre nuestros cuerpos.
-La película –le dije extendiéndosela para que la tomara.
-Ah, si gracias –dijo confundido.
Sin darse por vencido, me tomó la cara con las manos y me dio un corto pero dulce beso.
   -Perdón por no saludarte asi antes, pero en plena calle lo mas probable es que haya un fotógrafo dando vueltas... por suerte existen los vidrios polarizados.
   Los dos reímos.
   -Estás perdonado, pero por la espera, me vas a tener que saludar dos veces.
   -Todas las que quieras
   Entonces se acerco a mi, freno unos segundos con sus labios casi en los míos, y luego me besó, pero esta vez por mas tiempo y con mas ganas. Cuando se separo volví a tomar conciencia de donde estaba y la curiosidad me invadió por completo.
   -¿A donde vamos?
   -Primero, me vas a acompañar a hacer unas compras y después vamos a comer algo, ¿querés?
   -Si, obvio -Respondí entusiasmada, y agregué -. Amo ir de compras… y amo comer.
Pasamos todo el corto viaje escuchando música mientras Chace me contaba sus últimas novedades y yo las mías, hasta llegar a un mall donde mi acompañante estacionó su auto y me invitó a bajar.
   Toda la mañana se nos fue yendo de negocio en negocio, a los que Chace entraba para probarse sacos, camperas, remeras o pantalones, que le quedaban uno mas lindo que el otro. Cerca del mediodía entramos a un lindo restaurante dentro del shopping para almorzar.
   Durante el tiempo que pasamos juntos, me di cuenta de que la gente no paraba de mirarnos y comentar de nosotros por lo bajo, sin mencionar a las chicas que se acercaron a pedirle autógrafos a Chace, cosa que no puedo negar que me molestó mucho, o de los flashes de las cámaras que, aunque pretendían ser discretos, pudimos captar con claridad.
   Nos sentamos en una mesa apartada e hicimos nuestra orden. Mi estómago crujía de hambre por no haber desayunado pero, aun así, ordené algo liviano.
-Creo que la verde es muy linda –dije, después de que él solicitó mi opinión sobre las remeras que había elegido-, pero la roja me gusta mucho mas. ¿Sabías que el rojo es mi color preferido?
-No, nunca me lo habías dicho. Es un buen dato, gracias.
Sonreí y mire a la camarera que llegaba con nuestros pedidos.
 -… creo que ese fue el mejor cumpleaños de mi vida. Un viaje sorpresa a Disney es todo de lo que un chico de diez años puede pedir, ¿no? –No esperó a que respondiera y continuó- Además, desde que tengo seis años me considero el fan numero uno de Pluto, y mi sueño era conocerlo en persona.
Reí ante su declaración y bajé la vista a mi plato. Aunque nos entendíamos bien y podíamos reírnos de lo que contaba el otro, todavía seguía notando esa "diferencia de clases" que, aunque no influía en la relación, algunas veces me ponía un poco incómoda.
Cuando terminamos, salimos del lugar y le pedi a Chace que me esperara para ir al toilette. La fila para entrar a los baños era bastante larga, asi que, como me sentía algo mareada y me dolía la cabeza, aproveché el tiempo de espera para lavarme un poco la cara y tomar una aspirina que tenía en la cartera. Al cabo de unos cuantos, minutos volví para encontrar a Chace exactamente donde lo había dejado.
   -Bueno, ¿vamos al auto? -me preguntó.
   -Si, supongo que tendrás cosas que hacer, asi que si queres que nos vayamos... -su risa me interrumpió.
   -No es que quiera que nos vayamos, pero adentro del auto no hay cámaras fotográficas.
   Me guiñó un ojo, pasó todas las bolsas que llevaba a una sola mano, me extendió la otra y la entrelazó con la mia. 
Caminamos hasta el estacionamiento mientras tarareábamos una canción que se nos había pegado a los dos y nos reíamos de cualquier cosa. Cuando llegamos Chace metió todas la bolsas en el amplio baúl, a excepción de una, y subimos al auto. Casi instantáneamente se acercó y me besó, mientras acariciaba mi pelo, y yo el suyo. Cuando se separó agarró la pequeña bolsa que había dejado en un costado y me la extendió sonriendo.
   -Te compré algo. Es una pavada pero te lo imagine puesto, y no dudé en comprarlo.
   Sin decir una palabra, acepté y tomé entre mis manos el paquete, para abrirlo y encontrar en su interior un soberbio vestido de un vibrante rojo.
   Volví mi vista a Chace y él seguía observándome expectante, pero las palabras no salieron de mi boca. Una energía indescriptible me recorrió el cuerpo y pude imaginarme a mi misma bailando desaforadamente al ritmo de una canción de fiesta. Esa era exactamente la sensación, tenía ganas de saltar del auto y bailar de alegría; bailar y saltar ridículamente por el estacionamiento, y reír a carcajadas. Claro que quería hacerlo porque, definitivamente, aquello no podía estar pasándome a mi. Chace, el hombre modelo, por llamarlo de algún modo, por algún extraño motivo me había elegido a mi como blanco de su encanto, ¿podía ser eso real?
   -¿No te gusta? -preguntó algo incómodo, al ver que me quedaba callada.
   -Claro que si, me encanta. Pero... ¿por qué?
   -Ya te dije, me parecés especial y disfruto mucho de tu compañía, así que quería agradecerte de algún modo que uses parte de tu tiempo vacacional para pasarlo conmigo. Y, además, me dijiste que tu color favorito era el rojo, no podía desaprovecharlo.
   Le sonreí e impulsivamente lo besé.
   Nos quedamos en el auto charlando un largo rato y luego dimos vueltas por la ciudad, cerca de la playa. A eso de las 2 de la tarde, Chace me dejó en la puerta de mi edificio, donde me despedí de él con la promesa de volver a verlo el domingo, en la fiesta de navidad. Mientras subia por el asensor con el regalo de Chace en mis manos , me invadio un sentimiento de total satifaccion que supe que iba a ser imposible sacar de mi cuerpo. Ahora si, sin sus ojos observándome, bailé sola y en silencio al ritmo de una música insonora, con los pasos mas absurdos y ridículos que se me pudieran ocurrir.
Salí del ascensor entre risas y caminé hasta la puerta del departamento. Cuando la abrí, Candela y Abril, ya estaban sentadas en el sillón, listas para comenzar con las preguntas.

lunes, 16 de mayo de 2011

Chace, Parte II


II

Nata


   Abrí los ojos y me encontré acostada en el sillón del living o, mejor dicho, casi en el piso.
   Después de un fin de semana de descanso, el día anterior habíamos salido a recorrer otras zonas de la ciudad, aprovechando que había dejado de llover, y habíamos vuelto a la noche a cenar en casa. Cuando terminamos de comer, las chicas se fueron a acostar cada una a su cuarto, y yo me quedé mirando un poco de tele, aunque no tardé en dormirme. Ahora me había despertado por el ruido del teléfono que no paraba de sonar.
   -... y cuando llegué me dijeron que, como estamos bastante adelantados con las escenas, hoy tenía el día libre. Entonces me acordé de que el otro día dejamos olvidada la película en su casa, y pensé en pasarla a buscar ahora, si es que no te molesta, ya que sino el dueño del Blockbuster me va a odiar. Y de paso estaba pensando si te gustaría pasar el día conmigo…pero imagino que estarás ocupada porque en tu celular tampoco me contestas, así que no te molesto más. Si querés, mas tarde llamame. Un beso Renata.
   Reaccioné tarde, recordando el teléfono de línea que habíamos instalado en la casa hacía unos días. Se había activado el contestador y la voz de Chace me había dejado un mensaje, diciendo que quería verme, pero yo, que seguía demasiado dormida como para actuar rápido, había dejado pasar la oportunidad de levantar el tubo y contestarle.
   Inmediatamente después de que se cortó la comunicación, me incorporé en el sillón y empecé a tantear a mi alrededor, con los ojos entrecerrados, en busca de mi celular. Cuando lo encontré, vi en la pantalla las claras palabras que me avisaban que tenía cuatro llamadas perdidas.
   Miré el reloj. Martes a las ocho y media de la mañana. Mas que ocupada yo diría que estaba durmiendo. Escribí un mensaje que decía "a que hora querés que nos veamos?" y apenas lo mandé, el celular empezó a vibrar. Me aclaré la garganta y atendí.
   -¿Hola?
   -Hola –dijo dulcemente-. ¿Cómo estas?
   -Bien ¿y vos, Chace?
   -Bien... Supongo que escuchaste mi mensaje.
-Sí. Pasá cuando quieras por la película, y hoy no tengo nada para hacer, si es que todavía querés que hagamos algo juntos.
-¿Te parece que pase a buscarte en una hora? Digo, a buscarla, a la película…
Reí para mis adentros.
   -Una hora y media mejor, porque recién me despierto.
   -Si, perdón, me olvido que estás de vacaciones.
   -No, no hay problema, ya estaba por levantarme –mentí.
   -Bueno, entonces a las diez estoy ahí, ¿okay?
   -Okay, un beso.
   -Otro a vos.
   Corté y me tiré nuevamente en el sillón, con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Eso realmente estaba pasándome a mi? La verdad era que moría por verlo de nuevo. La última vez había sido cuando vino con los chicos a ver la película, y desde que se fue, no veía la hora de volver a encontrarme con él, y creí que iba a tener que esperar hasta navidad para eso, pero era obvio que no podía vivir sin mi... Okay, exagero demasiado.
Me levanté y fui riéndome sola de mis propias ocurrencias, hasta llegar a mi habitación, donde agarré algo de ropa, adecuada para la ocasión, y después me dirigí al baño para darme una ducha que me despabilara, porque sinceramente seguía muy dormida y no podía permitir que Chace me viera en esas condiciones.
   Mientras me estaba secando el pelo, escuché que golpeaban la puerta. Apagué el secador y pedí que pasaran. La puerta se abrió dando paso a Cande que me miró de arriba a abajo, con una cara entre dormida y confundida.
   -¿Qué hacés así vestida?
   -Salgo… ¿Lacio o rulos?
   -Rulos, me gustan mas –dijo casi sin pensar –Pero, ¿a donde vas?
   -No se bien. Chace no me dijo...
   -¿Chace? –Preguntó abriendo los ojos muy grandes -¿Salís con Chace?
   -Sí –respondí sonriente.
   -¡Aaah! ¡Que emoción! –parecía que el hecho de que yo fuera a salir con Chace la alteraba mas a ella que a mi.
   -Lo sé.
   Le conté a Cande de los insistentes llamados de Chace, de su invitación a salir y la patética excusa que había utilizado para hacerlo.
 Me ayudó a arreglarme el pelo y al terminar fuimos las dos a despertar a Abril, para desayunar las tres juntas. Una vez que nos sentamos a la mesa, me di cuenta de que el nudo que tenía en el estómago no me iba a dejar comer nada.
   Faltaban 3 minutos para las diez cuando sonó el timbre. El corazón me empezó a latir a dos mil millones por hora.
   -No quiero bajar, chicas. Mejor atienden ustedes y le dicen que me siento mal.
   -Por favor, ¡no seas idiota! –Me retó Ap.
   -Uy okay, pero hablá vos por el portero eléctrico.
   Ap me miró, puso los ojos en blanco y levantó el auricular. Luego de avisarle a Chace que yo ya bajaba, colgó y me sonrió de una manera que aumentó mis nervios, pero recordando quien yo era, agarré mis llaves y mi cartera, saludé a las chicas con la mano y me dirigí decididamente hacia la puerta la cual deje atrás unos segundos después. Me subí al ascensor, y mientras bajaba me miré al espejo, y me retoqué el ya peinado y enrulado cabello. Cuando llegué a la planta baja, salí caminando a paso decidido hasta llegar a la puerta.
   Salí a la calle y me vi parada frente a la perfección en persona: Chace me esperaba al final de los escalones de la entrada del edificio y me sonreía de esa manera que me derretía. Tenía puesto un jean gastado, zapatillas, una campera de cuero negro mate, y unas gafas de sol. En cuanto me vio salir, se acercó a mi y me saludó con un distante "Hola". No entendí el porque de su frío saludo, pero de todos modos no le dije nada y empecé a caminar a la par suya, hacia la primer calle de la derecha, en la que doblamos.
   -¿A dónde vamos?
-Primero, a mi auto.

Chace, Parte I

Abril

Abrí los ojos y me encontré acostada boca arriba sobre el frío piso del living. Me senté y miré a mí alrededor. Aparentemente, a diferencia de mi, Cande había dormido muy cómodamente sobre el colchón que habíamos acomodado en el suelo, porque estaba toda estirada, con los brazos y las piernas desparramados y ese había sido el motivo por el que yo había terminado en donde estaba. Ella y Nata, todavía dormían profundamente, así que me levanté despacito, me puse las pantuflas y caminé hasta el baño a paso lento y cansado.
  La noche anterior nos habíamos quedado despiertas hasta muy tarde, divirtiéndonos en nuestra noche de chicas y viendo morir nuestra segunda semana en Los Ángeles. Dos semanas llenas de diversión a pesar de mis desvelos nocturnos y mis pensamientos acerca de Fede, porque no habíamos parado de salir a un montón de lugares, ir de compras y conocer gente nueva.
El miércoles pasado, por ejemplo, nos ocurrió una de las cosas mas extrañas. ¿Cuántas posibilidades hay en la Tierra de que salgas de compras, te pongas a charlar con dos chicas divinas, que luego se ofrezcan a llevarte a tu casa y que, cuando les digas la dirección, resulte que ellas viven en el mismo edificio? Si había alguna posibilidad de que sucediera, entonces nos pasó a nosotras. 
Leighton y Sara, nuestras vecinas del tercer piso, tenían 20 años las dos y hacía muy poco que habían comenzado a incursionar en la vida de chicas adultas y se habían ido a vivir juntas, lejos de su familia. Esa misma tarde nos invitaron a merendar a su casa y nos la pasamos charlando y riéndonos de como el destino nos había llevado a encontrarnos esa tarde en el centro comercial. Tenían un estilo muy parecido a nosotras y era sorprendente ir descubriendo tantos gustos en común durante la charla. Leighton tenía una larga melena del color del azabache y unos ojos de un negro intenso, era pálida como la nieve y sus mejillas estaban salpicadas de unas adorables pecas; alta, delgada y de una extrema delicadeza. Sara era prácticamente lo opuesto. Era bastante mas baja y de contextura tosca. Su cabellera de un rubio platinado le caía con naturalidad sobre los hombros y sus ojos eran de un azul intenso, cautivador. Pasar la tarde con ellas había sido como reencontrarnos con viejas amigas y nos hizo sentir por un momento, que no estábamos tan fuera de lugar en aquella ciudad, que definitivamente haberlas encontrado, significaba que el destino tenía algo preparado para nosotras en aquel sitio, sea lo que fuere.
   Me lavé la cara y los dientes y salí del baño, pensando en todo lo que había contado Nata de Chace, en mi SEGUNDA interrupción entre Joe y Cande y en mi discusión con Tom. Iba tan absorta en mis pensamientos que no me di cuenta que había llegado a las escaleras y, al no ver por donde caminaba, bajé todos los escalones de una vez y me caí al piso. Por suerte no me lastimé, pero el ruido de mi caída despertó a las chicas, que me miraron con cara de no entender nada. Al ver esas expresiones en sus rostros, yo no hice más que empezar a reír mientras me frotaba la rodilla que me había golpeado y ellas, al darse cuenta de lo que me había sucedido, comenzaron a reír también.
   Después de un par de segundos, me levanté del frió suelo y fui corriendo a meterme entre las frazadas que cubrían a mis amigas. Observé mi alrededor por un momento y me di cuenta de que era un desastre: paquetes de galletitas y de papas fritas, botellas vacías, tazas y un montón de envoltorios de caramelos y chupetines, cubriendo la escena. Esa es una de las cosas que mas odio de las “noches de chicas”: que al otro día queda todo desordenado y nosotras estamos tan cansadas que no tenemos ni un poco de ganas de poner todo en su lugar. Y para colmo es domingo, y…
   -¡Es domingo! –grité.
   Cande y Nata me miraron extrañadas y al instante cambiaron la cara y adoptaron una expresión pensativa, como intentando descifrar el por qué de mi obvia pero repentina afirmación. Al cabo de unos segundos de cavilación, Cande se dio por vencida y preguntó:
-¿Y entonces?
   -¡Que es domingo 18!
   -¿Y entonces? –inquirió Nata nuevamente.
   -Que falta nada más que una semana para navidad, tontas.
   -¡Ay, es verdad! –Chilló Nata al reaccionar -¿Y que vamos a hacer?
   -A eso voy, querida. A que no compramos nada para la casa, ni regalos, ni sabemos que vamos a hacer, ni nada de nada –contesté, revoleando los ojos.
   -Bueno, hagamos esto: ordenamos un poco este lugar que es un asco, preparamos algo rico de desayuno, y mientras lo comemos planeamos nuestra navidad en Los Ángeles, ¿okay? –propuso Cande.
   -¡Okay! –exclamamos Renata y yo al unísono.
   Nos levantamos las tres con agilidad de los colchones y cada una fue a un lugar diferente del living y empezó a juntar cosas del piso o de la mesa ratona, donde todavía había pochochos desparramados, o a sacar cosas de los huecos que se formaban entre los almohadones de los sillones.
   -¡Paren, falta algo! –dije a la vez que levantaba una caja de cereales vacía de debajo del sofá.
   Corrí al equipo de música, giré la perilla del volumen al máximo y prendí la radio. Para ordenar necesitaba música, era como que me energizaba e iba haciendo todo al ritmo, así también lo hacía mas rápido.
   Mas o menos media hora después, ya estaba todo ordenado, habíamos limpiado el piso y cada detalle de la casa, así que nos pusimos a preparar el desayuno. Yo elegí unas tostadas con mermelada Light al igual que Cande, ya que estar de vacaciones no significaba que fueramos a perder la línea, pero Nata, en cambio, prefirió unas rodajas de pan lacteado con manteca porque, aunque ni ella sabía como hacía, comía el triple que nosotras y no engordaba ni un gramo.
   Nos sentamos en la mesa de la cocina a degustar nuestro desayuno. Mientras tanto, yo chequeaba mis e-
mails en mi laptop y pensábamos que hacer el domingo siguiente. Mi idea fue viajar a algún punto del país donde nevara, quedarnos ahí un par de días, hacer muñecos, guerras y angelitos de nieve, aprovechar para ir de compras a un lugar diferente y, de paso, conocer una nueva ciudad, y después de todo eso volver acá a seguir disfrutando dos meses de vacaciones. A Cande le encantó el plan, pero como Nata dijo que haciendo ese viaje se le iba mucha de la plata que juntó con todo su esfuerzo para venir a LA, hubo que cambiar de idea.
   -¿Por qué no la pasamos acá en casa, las tres como en familia, y…? –sugirió Cande, pero yo la interrumpí.
-Definitivamente no. No vinimos a Los Ángeles a encerrarnos en un departamento.
-Tenés razón.
-¡Ya sé! –Gritó Renata emocionada -¿Qué les parece si la pasamos en casa de Connie, con gente conocida y, ya que estamos, llevamos algún lindo regalo a modo de agradecimiento?
-La verdad, no está tan mal –reconocí-, teniendo en cuenta la parte de agradecerle a mi tía por prestarnos esta casa por todo el invierno, sabiendo que podría haber sacado plata de esto.
   -Si, coincido –convino Candela.
-Bueno, entonces más tarde llamo a mi tía y le pregunto.
   -Mejor saber desde ahora –agregó Cande –así también tenemos tiempo para ver que le compramos y…
   El celular de Nata comenzó a sonar con una musiquita muy graciosa. Ella lo agarró, miró la pantalla, y al segundo su cara se transformó.
   -Chace, ¿no? –curioseé.
   -Emm, voy a hablar al living. Mientras, sigan planeando todo…
   -Si, andá, enamorada –bromeó Cande.
   -¡¿Qué?! –articuló la aludida abriendo mucho los ojos.
   Cande y yo empezamos a reír y Nata se perdió tras la puerta de la cocina, haciéndonos señas para que nos calláramos, porque estaba a punto de atender. Las dos nos tapamos la boca con las manos para ahogar el ruido de las risas y, luego de calmarnos, seguimos organizando lo del domingo siguiente.
-Bueno, supongamos que tu tía no pueda –conjeturó Cande –entonces tenemos que tener un “plan B” por las dudas, como por ejemplo… invitar a Leighton y a Sarah para que lo pasen acá con nosotras.
   -Cande, las chicas tienen una vida aparte de nosotras, y por lo tanto, tienen una familia para pasar las fiestas, no como nosotras que las tenemos a 
no-se-cuantos kilómetros de distancia.
   -Tenés razón… y bueno, entonces podemos ir a un bar o algo de eso a divertirnos si no se quieren quedar acá.
   -No, nada de eso, ningún bar -Dirigí la vista hacia el lugar del que provenía la voz, y la vi a Nata parada en el umbral de la puerta, apretando el celular contra su pecho –. Otra vez, hay cambio de planes.
De nuevo la sonrisita misteriosa esa que hace siempre y que dan ganas de matarla.
   -Dale, hablá –la urgí.
   -Si, y nunca mas en la vida hagas es cara –agregó Cande.
   -Bueno, okay. Chace va a hacer una fiesta en la casa para festejar Navidad y quiere que vayamos. ¿Qué le digo?
   La miré a Cande y, por el gesto de su cara, me di cuenta de que pensaba lo mismo que yo. ¿Ir a una fiesta en la casa de Chace o un a una reunión en la de mi tía? Había que analizarlo, ¿no? No, jamás.
   -Que sí –contesté, y mirando a mi amiga agregué- ¿no, Cande?
   -Obvio.
   Nata se puso el teléfono en la oreja nuevamente y siguió hablando con Chace.
   -Si, vamos… ahá ¿A qué hora?... Okay, dos y media vamos a estar allá… si, si, ya me diste la dirección…. Bueno, dale. Nos vemos.
Cortó y las tres nos miramos muy entusiasmadas. ¡Esa iba a ser la mejor navidad de la historia de las navidades! En Los Ángeles, rodeadas de gente de nuestra edad, en una de esas casas tan enormes que era posible perderse en su interior, y a pura diversión. Si lo hubiésemos querido hacer así, nunca nos hubiese salido tan bien. Definitivamente esa Noche Buena iba a quedar en la historia.
-A ver, entrá a algún blog de los de siempre –me pidió Cande-. Hace mucho que no chequeamos en que anda la farándula norteamericana.
En los últimos años, esa actividad se había vuelto un pasatiempo para nosotras. No era porque realmente nos interesara que era de la vida de los famosos, sino que lo encontrábamos muy divertido.
-Como si no conocieras de cerca la vida de algunos…-le dijo Nata y no hizo falta aclarar a que se refería.
-Bueno, pero hay mas gente aparte de los “Morning Light” –contestó Cande revoleando los ojos.
Ingresé en el buscador, la dirección del primer blog que se me vino a la cabeza y las tres nos pusimos a leer las últimas noticias, cuchicheando con curiosidad. Entonces, abrí los ojos con fuerza, Cande me apretó la mano y Nata soltó un gritito ahogado, cuando nos encontramos con una entrada realmente interesante. Luego del título, había dos fotos y una breve nota al pie de las mismas:

Chace Stawski, Joe Jonas, Tom Andrews:  ¿TRIPLE CITA?

La primera foto arriba, fue tomada ayer (17 de Diciembre) por la tarde. Los muestra claramente a los protagonistas del éxito Morning Light entrando, y saliendo en la segunda foto, del edificio en el que viven aquellas señoritas. Según el fotógrafo que las tomó, entre una y otra foto, transcurrieron aproximadamente cinco horas.
Una fuente de confianza asegura que en el departamento vive una tercera chica y que el grupito ya se habría encontrado anteriormente para almorzar en el restaurante que estas estrellas suelen frecuentar, cerca del estudio de grabación.

¿Ustedes qué opinan? ¿Fue eso una TRIPLE CITA?

-Oh my holly lord! –exclamó Cande totalmente anonadada.
-Yo opino que, en todo caso, fue una doble cita porque a Tom le salió bastante mal –dijo Nata en respuesta a la última pregunta del blog, todavía sorprendida.
-Si, la verdad que si –coincidí con ella-. Ahora la pregunta es: ¿quién es esa “fuente de confianza” que anda contando todo?
-Algún metido –conjeturó Cande-. Algún empleado del restorán, algún cliente que estaba ahí ese día, pudo haber sido cualquiera… Seguramente le avisó a… no se, a alguien y de alguna manera inexplicable se enteraron que los chicos iban a venir a casa ayer, o los tienen vigilados o nos vigilan a nosotras o… No se, sinceramente me resbala lo que haya hecho el paparazzi para conseguir esas fotos, lo que importa es que estamos en el blog.
-¿Y eso es bueno o malo? –le pregunté confundida, sin entender del todo a donde quería llegar.  
-No tengo idea –respondió mas enredada que yo y se echó a reír.
-A simple vista, en mi caso, es bueno porque salí diosa en la foto –repuso Nata riendo-. Ahora, en tu caso Ap… te mataron.
-Si, la verdad que tomaron mi peor perfil –observé pensativa, con la vista clavada en la imagen.
-Leamos los comentarios –dijo Cande y me arrebató el mouse de las manos.
-¡No! –exclamé, volviendo a quitárselo-. No me interesa saber con que adjetivos calificativos nos van a insultar un grupito de fanáticas envidiosas. Sinceramente, prefiero ahorrármelo.
-Si, tenés razón –convino Cande-. Y, otra cosa, lo que hubo entre Joe y yo no fue una cita propiamente dicha –agregó.
-Eso se puede discutir –dijo Nata al tiempo que cerraba la tapa de la laptop. Cande y yo levantamos la vista hacia su rostro-. Pero ahora pensemos que vamos a hacer hoy –propuso sonriendo.