martes, 15 de marzo de 2011

Tarde de chicas... ¿con chicos?, Parte I



Nata

   Las tres nos miramos con los ojos como platos.
   -¡Yo no abro! –exclamé.
   -¡Yo tampoco! –Se apresuró a decir Cande.
   -Yo tamp… ¡ufa!
   Triunfante miré a Abril, que me observaba con los labios y el ceño fruncido, y le saqué la lengua, sobrándola. Luego miré a Cande que me sonrió y las dos comenzamos a reír contagiando a Ap, que aunque se lo proponía, no podía mantener su cara de ofendida.
   Aun riéndose, agarró las llaves, dio media vuelta y se perdió tras la puerta, cerrándola con un leve golpe. Una vez que se fue, Cande y yo nos miramos con los ojos muy abiertos, recordando que los chicos ya estaban abajo, y seguido de eso corrimos cada una a su cuarto, a ver si necesitábamos retocarnos el maquillaje o algo de eso. Entré a mi habitación completamente apurada y me paré frente al espejo situado junto al placard. Me observé de arriba abajo por unos segundos, con cara de seductora, y revolviéndome el pelo con las manos, dije:
-¡DIOSA!
   Salí de mi cuarto e instantáneamente me choqué de lleno con Cande que salía del suyo. Me froté la dolorida frente con una mano y cuando la miré vi que estaba haciendo lo mismo y, al notarlo ella también, las dos empezamos a reír. Nos agarramos de la mano y bajamos la escalera todavía entre risas.
   Cuando llegamos abajo Chace, Tom y Joe estaban entrando por la puerta, seguidos de Abril que ya los empezaba a taladrar con sus palabras, como hace siempre con cualquiera. Cande me soltó la mano y con una sonrisa de simpatía se adelantó a saludar a todos. Yo, en cambio, me quedé unos segundos parada al final de la escalera, observando lo que tenía frente a mis ojos.
Tenía que admitir que los chicos eran uno mas lindo que el otro pero, definitivamente, el premio mayor se lo llevaba Chace. Estaba ahí parado, sacándose el abrigo, mientras me miraba fijamente a los ojos, con una sonrisa perfecta pintada en sus rosados labios. Debajo de la campera tenía un sweater azul marino que resaltaba sus ojos claros de manera impactante. Era verdaderamente hermoso.
   Disimulando esa atracción momentánea que me provocó verlo, me acerqué y lo saludé, esta vez yo, con un beso suave, muy cerca de los labios. Le dirigí una pícara sonrisa y me di vuelta para saludar al resto.
-¿Cómo están? –preguntó Tom con una sonrisa de oreja a oreja.
-Bien –contestó Cande devolviéndole el gesto-. Pónganse cómodos, siéntanse como en casa…
-Bueno… -dijo Joe sonriendo y corrió a acostarse en el sofá-. Ah, pero en mi casa yo no tengo un sillón tan cómodo como este.
-No, seguro que no. Me imagino… -ironizó Abril en un susurro.
Chace y yo llegamos a escucharla y ambos reímos en voz baja.
-Bueno, pero no TAN “como en casa” que tenés que hacer lugar para alguien mas –le advirtió Cande y lo corrió para luego sentarse a su lado.
-¿Quieren algo de tomar? –pregunté a los recién llegados.
-¿Qué tenés? –quiso saber Chace.
-Gaseosa, jugo, agua, soda…
-Yo quisiera un agua finamente gasificada, por favor –bromeó Joe interrumpiéndome.
-Joe, cortala –lo retó Chace-. Gaseosa esta bien… para los tres –agregó mirando de soslayo a Joe quien sonreía divertido. Definitivamente, el mito sobre el humor de Joe Jonas no era un mito sino, mas bien, una realidad completamente certera.
Sonreí y me escabullí a la cocina. Agarré seis vasos de la alacena y una botella de Coca-Cola de las más grandes. Volví a la sala intrigada por las risas.
Tom miraba con fingido enojo a Joe que se desternillaba de risa acompañado por Chace, Cande y Abril. Algún chiste de mal gusto, supuse, y aunque no sabía exactamente de que se trataba, no tardé en unirme a las carcajadas.
Estuvimos los seis sentados en la sala hablando un rato largo y riéndonos de los chistes que contaba Joe -que a decir verdad eran muy malos- hasta que, finalmente, para cortar con esa estupidez y lograr que Joe se quedara callado un rato, decidimos ver la película que los chicos habían traído.
Cande fue a buscar un par de paquetes repletos de calientes y deliciosos pochoclos, mientras que yo ayudaba a Ap a llevar un par de gaseosas para dejarlas sobre la pequeña mesita de madera que teníamos en el living, para dejarlas al alcance de todos y que pudiéramos agarrar lo que quisiéramos con comodidad mientras veíamos la película.
Estaba por ir a acomodarme en uno de los sillones individuales que estaban a los lados del grande, cuando sentí una tibia y fuerte mano que me tomó del brazo. Me di vuelta y me encontré con Chace que me miraba desde el sillón de dos cuerpos, donde ya estaba sentado.
-¿No te sentás conmigo? –al ver su expresión descubrí que iba a ser imposible negarme a su propuesta aunque, pensándolo mejor, no tenía ni la mas mínima intención de hacerlo.
-Bueno, dale
Le sonreí de la misma manera que cuando lo había saludado y me acomodé a su lado. Él sonrió con satisfacción.
En el silloncito de nuestra izquierda estaba Tom, con Joe sentado en uno de los apoyabrazos; a nuestra derecha, en el otro, estaba sentada Abril y Cande en el piso, unos centímetros adelante suyo.
Ap estiró la mano hacia la pared que tenia detrás y, presionando el interruptor, apagó la luz dejándonos a todos en completa oscuridad, hasta que Cande dio inicio a la película, apretando ‘play’ en el control remoto.
Resultó ser una comedia protagonizada por Ben Stiller, actor que me encantaba desde hacía años, y apenas empezó, ya estábamos todos riéndonos a carcajadas.
Iba un poco mas de media película y yo NO PODÍA parar de reírme como una estúpida, cuando sentí que el brazo de Chace pasaba lentamente por detrás mío y, agarrándome de la cintura, me acercaba mas a su cuerpo. Extrañada, lo miré y él no hizo mas que sonreírme de una manera que me derritió y me impidió volver a mirar el televisor por quedarme colgada de su mirada. OMG. ¡Que bueno estás!, pensé.
Reaccioné al ver que llevaba su otra mano a mi cara y, con una suave caricia corría el cabello suelto de mi rostro, sin dejar de mirar de mis ojos a mis labios y de mis labios a mis ojos una y otra vez, como si algo le impidiera correr la vista a otro lado. Acercó su cara lentamente a la mía y, con un lento y tembloroso movimiento de la mano que tenía en mi cintura, me acercó más a mí también hasta que nuestras narices se rozaron y, como si ya no pudiera soportar la tentación que mi boca ejercía sobre él, me besó.
Mi corazón pegó un salto dentro de mi pecho. De repente Chace se arrimó aún mas a mí y pude sentir como el suyo también lo hizo, hasta que los dos latieron a una misma sintonía, como haciendo música. Llevé mis manos a su cuello y entrelacé mis dedos en su nuca, relajándome y entregándome por completo a sus dulces labios que encerraban los míos. Su beso fue suave y tan lleno de ternura que me contagió por completo y me hizo estremecer, como si una ola de frío hubiese llegado a mi cálido cuerpo en ese preciso instante.
Cuando se separó, volvió a sonreír mirándome fijamente a los ojos, y luego de darme otro corto beso en los labios, giró su cabeza y dirigió su mirada nuevamente hacia el televisor, como si nada hubiera pasado.
En ese momento me pregunté si alguien a nuestro alrededor se habría percatado de la situación y miré en dirección a las chicas buscando una respuesta a mi pregunta. A juzgar por sus caras de concentración en la película y las risas que ésta les provocaban, no parecían habernos visto. En cuanto a los chicos, estaba segura de que tampoco, porque estaban los dos metidos en la pantalla.
Después de sacarme la duda, apoyé mi cabeza en el hombro de Chace, quien me miró, me rodeó con sus fuertes brazos y me besó en la frente.
Seguí mirando la TV sin mover mi vista de ahí en lo que restó del film, excepto porque de vez en cuando sentía los labios de Chace sobre mi coronilla y ¿cómo no desconcentrarme?
¡Fue increíble lo que nos divertimos! Cuando se terminó, Abril encendió la luz y yo me acerqué a apagar el DVD. Metí la película en su caja y la dejé sobre la mesa del televisor.
Nos quedamos comentándola durante un buen rato, los seis muertos de risa, hasta que a Ap se le ocurrió la idea de jugar al dígalo con mímica, hombres contra mujeres, y todos aceptamos súper tentados con la idea. Era genial la manera en la que todos encajábamos, tratándose de otros chicos, nos hubieran mirado con cara rara, pero ellos eran muy parecidos a nosotras y, por lo tanto, no eran como el resto definitivamente.
Después de unos cuantos minutos en los que a Cande le tocó interpretar “La Sirenita” y a Tom “Moulin Rouge”, entre otras, fue el turno de Joe. Se acercó a nosotras  con perspicacia y Abril le susurró al oído el nombre de la película que habíamos elegido para él. Al oírlo nos miró con los ojos entrecerrados y, sin posibilidad de quejarse, se paró en el centro del living y empezó a hacer la mímica al momento en que el tiempo de juego comenzaba a correr.
-No te entiendo Joe… -dijo Tom desconcertado al cabo de unos cuantos segundos.
Joe seguía parado en el medio la sala. Tiraba patadas al aire y hacía posiciones de karate y cosas así y cuando Tom le dijo eso se le sumó a su cara una expresión de fastidio, que terminó de hacerme estallar en risas. Se veía tan gracioso haciendo eso, y además exasperado porque sus compañeros de equipo no entendían lo que hacía, que las chicas no tardaron en unirse a mi risa.
-Stop. ¿Cuántas palabras eran?
Joe hizo el gesto de “tres” con los dedos mientras ponía los ojos en blanco.
-¡Les queda un minuto! –les advirtió Cande muerta de risa.
-¡Para Cande! –le pidió Chace desesperado mientras observaba a Joe confuso. Iban perdiendo tres a dos-. ¡Ay, no se!
-A ver, Joe, hacelo de nuevo –insistió Tom.
El aludido puso los ojos en blanco nuevamente y repitió las patadas pero esta vez les agregó un gesto de cachetes inflados y los brazos abiertos al costado de su cuerpo imitando a un gordo o algo por el estilo. A cada gesto que hacía aumentaba el volumen de nuestras risas, a pesar de que hacía unos cuantos minutos que no podíamos hacerlas detener con nada.
-No se que es lo que hacés, Joe –rió Chace.
-Treinta segundos… -lo urgió Abril a carcajadas.
-Veintinueve… -continuó Cande.
-Veintiocho… -dije yo estallando de risa.
-¡PAREN! –pidió Joe desesperado.
-Hablaste –lo acusó Abril y abrió su boca en una perfecta ‘O’.
-Si, pero eso no cuenta –lo defendió Tom.
En los últimos veinticinco segundos, Tom y Chace terminaron igual de tentados que nosotras, mientras que Joe nos miraba entre ofendido y tentado también, pidiendo atención a sus movimientos de artes marciales.
-¡Tiempo! –exclamamos mis amigas y yo al unísono.
Entonces, como si hubiese sido algo completamente obvio y predecible, Joe miró a Chace y Tom y con los ojos muy abiertos les gritó:
-¡KUNG FU PANDA!
Hubiese jurado que era imposible reírnos mas de lo que nos estábamos riendo en ese momento, pero aun así nuestras carcajadas subieron de volumen.
-¡Pero mirá la película estúpida que estabas haciendo! –reprochó Tom.
-¡Ellas me la dijeron! –nos señaló Joe.
Nos pasamos un rato largísimo jugando al mismo juego con ese tipo de películas viejas y graciosas, hasta que terminamos los seis tirados en el piso sin poder parar de reír. Cuando finalmente nos calmamos, me senté en el sillón y me di cuenta de que mi estomago crujía.
-Uy, tengo hambre.
-Voy a buscar algo para comer, ¿querés? –me ofreció Cande.
-Como quieras.


Cande

Me levanté del suelo y caminé hacia la cocina. Ya en ella, me acerqué a la mesada y abrí la puerta de la alacena en donde guardábamos las galletitas. Moría por comer algunas de chocolate. Estaba decidiendo cuales llevar cuando sentí pasos detrás mío y me percaté de que había alguien mas en la habitación.
-Candela…-dijo una voz áspera a mis espaldas.

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