Abril
Hacía ya una semana que estábamos en Los Ángeles. Ese tiempo lo habíamos utilizado prácticamente sólo para recorrer la ciudad y comprar cosas necesarias para la casa, como productos de limpieza y perfumería, y comida. Nos las arreglábamos bastante bien para cocinar. Aunque a ninguna le gustaba de verdad hacerlo y, claro estaba, no era nuestra especialidad, llegamos a la conclusión de que preferíamos gastar nuestro dinero en algo más productivo que en pedir comida preparada todos los días.
Eran las nueve de la mañana y estaba con Nata terminando de desayunar. Mejor dicho, cada una esperaba que la otra se parara primero para levantar de la mesa las cosas que habíamos usado y lavar las tazas. Cande se estaba bañando hacía veinte minutos aproximadamente, ya que se había levantado un rato antes que nosotras y ya había concluído su desayuno.
Finalmente, decidí pararme, porque no se me ocurría con que excusa seguir sentada en la mesa. Ya no sabía con que podía hacer tiempo.
Nata sonrió.
-Sabía que te ibas a levantar primero –me dijo con suficiencia.
Yo le lancé una fugaz mirada de fingido enojo y me alejé con la bandeja en la mano.
Estaba lavando las tazas cuando Cande entró a la cocina.
-Buen día -dijo con buen humor-. ¿Saben que estaba pensando? -no se detuvo a esperar una respuesta-. Hace siete días que estamos acá y todavía no salimos de noche.
Cerré la canilla del agua y la miré reflexionando ante sus palabras.
Tenía razón. Durante esos días, todos los paseos, los habíamos hecho de día: fuimos de compras, a comer o a la playa. Ya era tiempo de que saliéramos a divertirnos de noche.
-¿Que sugerís que hagamos? -peguntó Nata con inocencia y a Can se le dibujó una pícara sonrisa en la cara.
-Que salgamos de pachanga.
Diez y media de la noche. Me estaba terminando de arreglar el pelo cuando Renata entró a mi cuarto. Abrió la puerta de mi placard y sacó unos zapatos negros, de taco alto. Se los calzó y se miró en el espejo que estaba en una esquina de la habitación.
-Combinan, ¿no? –peguntó, pensativa, con la mirada fija en su reflejo.
-Ajá –dije, en señal de aprobación.
Salió de mi cuarto y cerró la puerta. Yo me puse perfume y seguí sus pasos. Cuando llegué al living, encontré a mis amigas, ya preparadas.
-¿Vamos? –dijo Cande tomando su abrigo y su juego de llaves.
-Sí, vamos –respondí mientras agarraba mi cartera del perchero junto a la puerta-. Pero, ¿nos podes decir a donde?
-No, ya te dije que es sorpresa –dijo haciéndose la misteriosa-.Vámonos de una vez.
Salimos del departamento, bajamos por las escaleras y, luego de saludar a George, atravesamos la puerta del edificio, saliendo a la calle. Era una noche hermosa, un poco fría pero no había ni una sola nube en el cielo, sólo estrellas que brillaban muchísimo.
Cande paró un taxi y nos subimos. Le dijo una dirección al taxista pero no tenía ni la menor idea de qué era ese lugar, lo único que escuché claramente fue “Hollywood Boulevard”.
Estaba muy intrigada por saber a donde nos estaba llevando.
Al cabo de unos cuantos minutos, cuando ya estaba comenzando a ponerme nerviosa, bajamos del auto en la entrada de un Pub. Entramos rápido porque hacía frió y una vez en el interior miré a Candela con admiración. Ese lugar estaba increíble y al tope de personas.
Del lado izquierdo había una extensa barra y el lado derecho lo ocupaban un par de filas de mesas bajas rodeadas por sillones a la misma altura. En el centro había un amplio espacio donde la gente se amontonaba para bailar y tomar, al ritmo de la música ambiente. Al fondo a la derecha alcancé a ver una escalera que llevaba a un entrepiso donde había más mesas y gente. La decoración en diferentes tonos color tierra y las luces bajas le daban el toque exacto de calidez.
-Es genial este lugar –dije a Cande observando mi alrededor detenidamente-. ¿Como te enteraste de que existía?
Me miró haciéndose la interesante pero conteniendo la risa.
-Contactos, amiga. Contactos.
Le rogué con la mirada que me contara, pero ella simplemente se dio vuelta y caminó hacia la barra. Nata y yo intercambiamos miradas de conformismo y la seguimos.
Pedimos unos tragos y al pagar la cuenta comprobé lo que ya me decían mis sospechas, ese lugar era bastante costoso y de ahí su belleza y aparente exclusividad. Al instante, se nos acercaron dos chicos. Mi mirada se posó en ellos y luego fugazmente en mis amigas que mostraban en sus rostros la misma satisfacción que experimentaba yo.
Volví a fijar mi vista en aquellos dos extraños que nos sonreían con simpatía. Eran HERMOSOS.
El de la izquierda tenía el pelo corto, con un despeinado flequillo color rubio dorado cayéndole sobre la frente. Sus ojos eran azules como el cielo y sus dientes perfectos relucían en contraste con su piel ligeramente tostada. Era alto y los músculos de sus brazos y espalda se hacían notar aún a través de su ropa. Por cierto, estaba muy bien vestido.
El de la derecha tenía el cabello castaño oscuro, casi negro, y lo llevaba peinado hacia arriba con cera. Sus ojos eran de un verde intenso, tanto que fue imposible no mirarlos con adoración durante varios segundos. Su sonrisa era igual de perfecta que la de su compañero y estaba tan bien vestido como él.
Los dos aparentaban tener no más de veintitrés años. Eran muy diferentes en aspecto, polos opuestos, pero igualmente lindos.
El morocho fue el primero en hablar.
-Hola, chicas. Yo soy Tom y él –señalando a su amigo– Chace.
Oirlo hablar en inglés me dejó helada. Toda la vida escuché y hablé ese idioma, pero desde que llegamos nadie se había dirigido directamente a nosotras. Bueno en realidad sí, mucha gente, pero no ese tipo de gente, no chicos tan lindos. En ese momento, agradecí a mis padres por obligarme a estudiar idioma desde chiquita.
-Yo soy Abril y ellas son Renata y Candela –me apresuré a presentarnos, señalándonos en nuestro respectivo orden.
-Que nombres raros, nunca los había escuchado –comentó el apuesto chico llamado Chace-. En realidad, Abril si… pero los otros, no –divagó unos segundos-. Me gustan –concluyó decidido y mostrando una perfecta hilera de dientes en una sonrisa de simpatía.
-Gracias.
-Por sus nombres y su acento supongo que no son de acá, ¿verdad? –dijo Tom interesado.
-No, somos de Argentina, estamos de vacaciones –le respondió Nata.
-¡Wow, genial! ¿Nos acompañan? Estamos en una mesa con unos amigos.
Miré a las chicas que me sonreían y asentí. Eran chicos realmente hermosos y parecían simpáticos y, además, sino aprovechábamos la situación, jamás íbamos a conseguir una mesa vacía donde sentarnos. ¿Por qué no?
Nos guiaron hasta el lugar mencionado, donde estaban sentados tres chicos más y nos presentaron.
-Ellos son Peter, Ethan y Collin, amigos nuestros…-nos dijo Tom señalando a los ocupantes de uno de los mullidos sillones. Sorprendentemente, ellos también eran muy lindos.
-Y ellas son Candela, Renata y Abril, amigas nuestras… -nos señaló Chace guiñando un ojo con simpatía en dirección a nosotras. Inmediatamente nos hizo un ademán, invitándonos a sentarnos en el sillón que quedaba vacío.
Me acomodé sonriente al lado de Cande y Nata, mientras Chace y Tom ocupaban dos asientos a nuestro lado.
-Y entonces cuéntennos, ¿qué las trae por acá?- preguntó el atractivo Tom. Nos sonreía tan cautivadoramente como el resto.
Una vez más, tomé la iniciativa para responder.
-Bueno, por U.S.A. nos traen las vacaciones y por este Pub, las ganas de divertirnos y conocer gente.
-¿Y que tipo de gente? ¿Gente como nosotros? –la pregunta sonó mas personal que general y el nombre “Federico” resonó atronadoramente en mi cabeza .
-Si, este tipo de gente.
Me hubiese gustado contestar algo diferente, tal vez mencionar que “este tipo de gente” arruinaría la relación con mi novio, pero Nata habló mas rápido de lo que mi cerebro asimiló la información.
Los cinco rieron, como si hubiesen encontrado en la respuesta de mi amiga un significado diferente a que queríamos conocer chicos lindos. Bueno, ellas, no yo.
Interrumpiendo las risas, Chace tomó la palabra.
-Bueno, al menos saben bien donde encontrarnos. Se metieron en uno de los mejores Pubs de Hollywood Boulevard –seguía hablando de una manera extraña, como si los chicos lindos se encontraran solo allí. Miré a mi alrededor para comprobarlo y descubrí que, como esperaba, no era así. No todos los muchachos eran igual de hermosos que ellos, y la mayoría dejaba mucho que desear. Definitivamente, cuando hablaban de ellos como una clase de gente, no se referían a su característica más visible. Había algo más detrás de eso…
-Bueno, sí, ya sabía que este era uno de los mejores bares de la zona. Mi prima, que ya vino antes a su país, me lo recomendó –replicó Cande. La miré haciéndome la ofendida. A mí no me había querido decir de donde conocía aquel lugar.
-Ah, entonces, ¿es la primera vez que vienen a U.S.A? –preguntó el joven de cabello rojizo y ojos marrones, llamado Peter.
-Sí, la primera vez. Es realmente hermoso –respondió Nata.
A medida que la conversación iba avanzando, la atmósfera se tornó mas relajada y comencé a sentirme mas cómoda que al principio. Esos chicos eran realmente divertidos y, extrañamente, parecían disfrutar de nuestra compañía, incluso tanto como nosotras disfrutábamos de la suya.
-¡No mientas, porque no fue así! –acusó Ethan a Chace avergonzado mientras se corría de la cara un mechón del enrulado y dorado cabello. Todos estallamos en risas.
-¡Sí, fue así! No me hagas quedar como un mentiroso: ¡la chica te dejó ahí parado y se fue con J.J como si nada! –Durante toda la charla, mencionaron nombres de chicos a los que, obviamente, Cande, Nata y yo no conocíamos y se reían de viejas anécdotas que compartían con nosotras. En esta ocasión, quien había salido perjudicado con el recuerdo que Chace nos contaba, era Ethan quien había sido humillado en público por una chica en la que él ni siquiera tenía interés.
-¡Que buena música! –gritó Nata, al tiempo que el DJ hacía sonar un tema súper cadencioso y comenzó a bailotear sentada, agitando los brazos.
-¿Querés ir a bailar allá? –le propuso Chace, señalando la pista de baile y le dedicó una sonrisa a la que ninguna chica en sus cabales podría haberse negado. A pesar de la escasa luz que alumbraba el rostro de Nata, podría haber jurado que estaba roja como un tomate. Asintió con la cabeza y los dos se levantaron de sus asientos y se perdieron entre la gente, bailando al ritmo de la música.
-Me sorprende lo bien que hablan inglés –dijo Collin desviando mi atención de las dos figuras que se desvanecían entre la multitud.
-Bueno, es que allá se estudia el idioma intensivamente –dije, para continuar con la conversación-. Y, a ustedes, ¿qué tal les resulta el español?
El muchacho de pelo oscuro y ojos grises llamado Collin, se inclinó hacia nosotras y volvió a tomar la palabra.
-Entre nosotros, -dijo hablando en español, con un acento muy gracioso pero una pronunciación casi perfecta- el único bueno soy yo. Ellos son realmente malos –señaló a sus amigos despectivamente pero con una sonrisa en la cara y Cande y yo nos echamos a reír seguidas por él. Tom, Ethan y Peter nos miraron mal ya que aparentemente no le habían entendido ni media palabra, pero enseguida se unieron a nuestras risas.
Debo admitir que todos me cayeron estupendamente.
Mientras estábamos con ellos me sentí muy cómoda y me divertí mucho, a pesar de las miradas curiosas de algunas chicas que nos observaban desde las mesas más próximas a nosotras. No entendí sus motivos, pero tampoco me interesó. La estaba pasando demasiado bien como para preocuparme por algo que en realidad no tenía importancia.
Un rato más tarde, Nata y Chace volvieron donde nosotros.
-¿Me acompañan al baño, chicas? –nos preguntó ella. Se le notaba el cansancio que la ronda de baile le había provocado. Cande y yo asentimos.
Nos levantamos del sillón y la seguimos al sanitario mientras bailábamos al ritmo de la música a cada paso que dábamos. Cuando llegamos nos retocamos el maquillaje y nos arreglamos un poco el pelo. Nata se refrescó la cara y la nuca con un puñado de agua.
-¿Y, qué tal Chace? –le preguntó Cande.
-Nada, simplemente bailamos. Es muy simpático y…
-¡…es hermoso! –exclamé terminando la frase, aunque no estaba segura de que fuera a decir eso.
-Momentito que vos tenés novio –me recordó Cande. Y no es que lo hubiera olvidado, mas bien, lo tenía mas claro que nunca. Igualmente, la miré con expresión de disgusto y las tres reímos-. ¡Todos son hermosos, chicas! Y mas que simpáticos y… ¡todo!
- Sí, pero, ¿no notaron algo extraño? –pregunté, y me miraron confundidas-. Es como que todo el tiempo se definen como un género de chicos distinto a los demás y... no se, es raro...
-Chicas, ¿podemos seguir esta charla en otro lado? Hay gente esperando para usar los lavatorios –interrumpió Nata señalando a la fila interminable de muchachas que se amontonaban detrás nuestro. Sin chistar, nos dimos la vuelta y salimos lo más rápido que pudimos.
Cuando volvimos, los chicos se levantaron de sus asientos a lo que sólo le encontré un significado.
-¿Van a bailar? –pregunté sonriente.
-Eh, no… disculpen chicas, pero nos tenemos que ir –respondió Tom un tanto apenado-. Un compañero de trabajo organizó una fiesta y estamos llegando tarde…
-Pero pueden acompañarnos, si así lo prefieren –se apresuró a decir Chace.
-No se…-comenzó Cande.
-De verdad, sería un gusto que vengan con nosotras –agregó Peter.
-Pero…-dijo Nata.
-¿Por favor…? –replicó Chace, casi como una súplica pero sonriente. Ese chico si que sabía hacer uso de su sonrisa encantadora.
Lo cierto era que lo estábamos pasando muy bien y nos sentíamos demasiado “como en casa” hablando con ellos, por lo que sólo tuvimos que intercambiar una mirada entre nosotras para ponernos de acuerdo sobre qué responder y darnos cuenta de que las tres queríamos lo mismo.
-Está bien –respondí finalmente-. ¡Vamos!
Los cinco hermosos jóvenes parados delante de nosotras sonrieron con satisfacción. Agarramos nuestras pertenencias y nos dirigimos hacia la puerta, aún bailando.
Íbamos con los chicos en un hermoso auto negro, conversando animadamente igual que habíamos hecho en el Pub, cuando nos vimos entrando a un barrio privado. O eso parecía, porque de pronto todas las casas que habían a nuestro alrededor eran mucho mas lindas, grandes y lujosas que cualquiera que hayamos visto en la ciudad. Ahí fue cuando terminé de decidir que las personas con las que estábamos eran gente de mucho dinero.
Antes de llegar a la casa, ya sabíamos donde era porque de ella provenía una fuerte y movida música y el jardín delantero de la misma estaba lleno de personas que reían, bailaban y chocaban sus copas a modo de brindis, haciendo llegar a mis oídos una dulce melodía provocada por los tintineos. El lugar era hermoso, súper iluminado y muy bien decorado, o por lo menos por fuera. Me hacía acordar a la Casa Blanca , con la única diferencia de que era de color amarillo pastel y que obviamente no era tan inmensa ni tan lujosa como la casa presidencial. Aún así, era soberbia y encantadora.
Entramos a la enorme estancia y, casi instantáneamente, Nata desapareció de la mano de Chace, luego de anunciar que buscarían algo para beber. Le encantaba. De eso estaba segura, era obvio por como lo miraba. Aunque, ¿a quién podría no gustarle semejante belleza?
La decoración era igual de linda por dentro. Todo estaba muy iluminado, las paredes eran blancas y había columnas de estilo griego por todos lados. Estatuas y cuadros que daban la impresión de ser muy caros. Música muy fuerte y mucha, mucha gente por todos lados, hablando y bailando sin parar. Era una de esas típicas fiestas que uno sólo ve en las películas norteamericanas. Nada podía ser más perfecto.
Cande y yo nos escabullimos entre las personas y fuimos a buscar un par de tragos, saludando a gente que no teníamos ni la mas mínima idea de quienes eran. Íbamos caminando al ritmo de la música y riéndonos a más no poder de todo y de todos. Era realmente increíble que aquello nos estuviera pasando a nosotras. Después de todo, pertenecíamos al tercer mundo y cuando nos imaginamos nuestras vacaciones en aquel lugar, definitivamente nunca las imaginamos así de espectaculares.
Un rato después, ya cansada de bailar, tomé a mi amiga de la mano y la llevé conmigo hasta una mesita baja que acababa de desocuparse, con cómodos almohadones donde sentarnos. Estábamos hablando de lo bueno que sería hacernos nuevos amigos para sentirnos mas acompañadas durante esos tres meses, cuando vi algo que me sorprendió. No, más que eso: me dejó helada.
Abrí los ojos tanto como pude y creo que también la boca.
No… ¡No podía creer lo que estaba viendo! Era… ¡¿Joe Jonas?!
No hay comentarios:
Publicar un comentario