martes, 17 de mayo de 2011

Chace, Parte III


Nata

   Chace metió la mano en el bolsillo trasero del pantalón y de él sacó un manojo de llaves. Desactivó la alarma del auto, me abrió la puerta para que subiera y luego se subió el por el otro lado. En esos segundos que tardo en dar la vuelta por el frente, para entrar y sentarse en su asiento, fue cuando me di cuenta de que estaba sentada en uno de los autos más lindos y cómodos que había visto en mi vida.
   Cuando finalmente lo tuve sentado a mi lado, noté que se había quedado mirándome y que todavía no nos habíamos puesto en marcha.
   Se sacó los lentes y me dejó ver su hermosa mirada con más claridad. Entonces acercó su rostro al mío y, cuando estaba a tan sólo unos pocos centímetros de mis labios, me corrí hacia atrás y puse mi mano entre nuestros cuerpos.
-La película –le dije extendiéndosela para que la tomara.
-Ah, si gracias –dijo confundido.
Sin darse por vencido, me tomó la cara con las manos y me dio un corto pero dulce beso.
   -Perdón por no saludarte asi antes, pero en plena calle lo mas probable es que haya un fotógrafo dando vueltas... por suerte existen los vidrios polarizados.
   Los dos reímos.
   -Estás perdonado, pero por la espera, me vas a tener que saludar dos veces.
   -Todas las que quieras
   Entonces se acerco a mi, freno unos segundos con sus labios casi en los míos, y luego me besó, pero esta vez por mas tiempo y con mas ganas. Cuando se separo volví a tomar conciencia de donde estaba y la curiosidad me invadió por completo.
   -¿A donde vamos?
   -Primero, me vas a acompañar a hacer unas compras y después vamos a comer algo, ¿querés?
   -Si, obvio -Respondí entusiasmada, y agregué -. Amo ir de compras… y amo comer.
Pasamos todo el corto viaje escuchando música mientras Chace me contaba sus últimas novedades y yo las mías, hasta llegar a un mall donde mi acompañante estacionó su auto y me invitó a bajar.
   Toda la mañana se nos fue yendo de negocio en negocio, a los que Chace entraba para probarse sacos, camperas, remeras o pantalones, que le quedaban uno mas lindo que el otro. Cerca del mediodía entramos a un lindo restaurante dentro del shopping para almorzar.
   Durante el tiempo que pasamos juntos, me di cuenta de que la gente no paraba de mirarnos y comentar de nosotros por lo bajo, sin mencionar a las chicas que se acercaron a pedirle autógrafos a Chace, cosa que no puedo negar que me molestó mucho, o de los flashes de las cámaras que, aunque pretendían ser discretos, pudimos captar con claridad.
   Nos sentamos en una mesa apartada e hicimos nuestra orden. Mi estómago crujía de hambre por no haber desayunado pero, aun así, ordené algo liviano.
-Creo que la verde es muy linda –dije, después de que él solicitó mi opinión sobre las remeras que había elegido-, pero la roja me gusta mucho mas. ¿Sabías que el rojo es mi color preferido?
-No, nunca me lo habías dicho. Es un buen dato, gracias.
Sonreí y mire a la camarera que llegaba con nuestros pedidos.
 -… creo que ese fue el mejor cumpleaños de mi vida. Un viaje sorpresa a Disney es todo de lo que un chico de diez años puede pedir, ¿no? –No esperó a que respondiera y continuó- Además, desde que tengo seis años me considero el fan numero uno de Pluto, y mi sueño era conocerlo en persona.
Reí ante su declaración y bajé la vista a mi plato. Aunque nos entendíamos bien y podíamos reírnos de lo que contaba el otro, todavía seguía notando esa "diferencia de clases" que, aunque no influía en la relación, algunas veces me ponía un poco incómoda.
Cuando terminamos, salimos del lugar y le pedi a Chace que me esperara para ir al toilette. La fila para entrar a los baños era bastante larga, asi que, como me sentía algo mareada y me dolía la cabeza, aproveché el tiempo de espera para lavarme un poco la cara y tomar una aspirina que tenía en la cartera. Al cabo de unos cuantos, minutos volví para encontrar a Chace exactamente donde lo había dejado.
   -Bueno, ¿vamos al auto? -me preguntó.
   -Si, supongo que tendrás cosas que hacer, asi que si queres que nos vayamos... -su risa me interrumpió.
   -No es que quiera que nos vayamos, pero adentro del auto no hay cámaras fotográficas.
   Me guiñó un ojo, pasó todas las bolsas que llevaba a una sola mano, me extendió la otra y la entrelazó con la mia. 
Caminamos hasta el estacionamiento mientras tarareábamos una canción que se nos había pegado a los dos y nos reíamos de cualquier cosa. Cuando llegamos Chace metió todas la bolsas en el amplio baúl, a excepción de una, y subimos al auto. Casi instantáneamente se acercó y me besó, mientras acariciaba mi pelo, y yo el suyo. Cuando se separó agarró la pequeña bolsa que había dejado en un costado y me la extendió sonriendo.
   -Te compré algo. Es una pavada pero te lo imagine puesto, y no dudé en comprarlo.
   Sin decir una palabra, acepté y tomé entre mis manos el paquete, para abrirlo y encontrar en su interior un soberbio vestido de un vibrante rojo.
   Volví mi vista a Chace y él seguía observándome expectante, pero las palabras no salieron de mi boca. Una energía indescriptible me recorrió el cuerpo y pude imaginarme a mi misma bailando desaforadamente al ritmo de una canción de fiesta. Esa era exactamente la sensación, tenía ganas de saltar del auto y bailar de alegría; bailar y saltar ridículamente por el estacionamiento, y reír a carcajadas. Claro que quería hacerlo porque, definitivamente, aquello no podía estar pasándome a mi. Chace, el hombre modelo, por llamarlo de algún modo, por algún extraño motivo me había elegido a mi como blanco de su encanto, ¿podía ser eso real?
   -¿No te gusta? -preguntó algo incómodo, al ver que me quedaba callada.
   -Claro que si, me encanta. Pero... ¿por qué?
   -Ya te dije, me parecés especial y disfruto mucho de tu compañía, así que quería agradecerte de algún modo que uses parte de tu tiempo vacacional para pasarlo conmigo. Y, además, me dijiste que tu color favorito era el rojo, no podía desaprovecharlo.
   Le sonreí e impulsivamente lo besé.
   Nos quedamos en el auto charlando un largo rato y luego dimos vueltas por la ciudad, cerca de la playa. A eso de las 2 de la tarde, Chace me dejó en la puerta de mi edificio, donde me despedí de él con la promesa de volver a verlo el domingo, en la fiesta de navidad. Mientras subia por el asensor con el regalo de Chace en mis manos , me invadio un sentimiento de total satifaccion que supe que iba a ser imposible sacar de mi cuerpo. Ahora si, sin sus ojos observándome, bailé sola y en silencio al ritmo de una música insonora, con los pasos mas absurdos y ridículos que se me pudieran ocurrir.
Salí del ascensor entre risas y caminé hasta la puerta del departamento. Cuando la abrí, Candela y Abril, ya estaban sentadas en el sillón, listas para comenzar con las preguntas.

lunes, 16 de mayo de 2011

Chace, Parte II


II

Nata


   Abrí los ojos y me encontré acostada en el sillón del living o, mejor dicho, casi en el piso.
   Después de un fin de semana de descanso, el día anterior habíamos salido a recorrer otras zonas de la ciudad, aprovechando que había dejado de llover, y habíamos vuelto a la noche a cenar en casa. Cuando terminamos de comer, las chicas se fueron a acostar cada una a su cuarto, y yo me quedé mirando un poco de tele, aunque no tardé en dormirme. Ahora me había despertado por el ruido del teléfono que no paraba de sonar.
   -... y cuando llegué me dijeron que, como estamos bastante adelantados con las escenas, hoy tenía el día libre. Entonces me acordé de que el otro día dejamos olvidada la película en su casa, y pensé en pasarla a buscar ahora, si es que no te molesta, ya que sino el dueño del Blockbuster me va a odiar. Y de paso estaba pensando si te gustaría pasar el día conmigo…pero imagino que estarás ocupada porque en tu celular tampoco me contestas, así que no te molesto más. Si querés, mas tarde llamame. Un beso Renata.
   Reaccioné tarde, recordando el teléfono de línea que habíamos instalado en la casa hacía unos días. Se había activado el contestador y la voz de Chace me había dejado un mensaje, diciendo que quería verme, pero yo, que seguía demasiado dormida como para actuar rápido, había dejado pasar la oportunidad de levantar el tubo y contestarle.
   Inmediatamente después de que se cortó la comunicación, me incorporé en el sillón y empecé a tantear a mi alrededor, con los ojos entrecerrados, en busca de mi celular. Cuando lo encontré, vi en la pantalla las claras palabras que me avisaban que tenía cuatro llamadas perdidas.
   Miré el reloj. Martes a las ocho y media de la mañana. Mas que ocupada yo diría que estaba durmiendo. Escribí un mensaje que decía "a que hora querés que nos veamos?" y apenas lo mandé, el celular empezó a vibrar. Me aclaré la garganta y atendí.
   -¿Hola?
   -Hola –dijo dulcemente-. ¿Cómo estas?
   -Bien ¿y vos, Chace?
   -Bien... Supongo que escuchaste mi mensaje.
-Sí. Pasá cuando quieras por la película, y hoy no tengo nada para hacer, si es que todavía querés que hagamos algo juntos.
-¿Te parece que pase a buscarte en una hora? Digo, a buscarla, a la película…
Reí para mis adentros.
   -Una hora y media mejor, porque recién me despierto.
   -Si, perdón, me olvido que estás de vacaciones.
   -No, no hay problema, ya estaba por levantarme –mentí.
   -Bueno, entonces a las diez estoy ahí, ¿okay?
   -Okay, un beso.
   -Otro a vos.
   Corté y me tiré nuevamente en el sillón, con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Eso realmente estaba pasándome a mi? La verdad era que moría por verlo de nuevo. La última vez había sido cuando vino con los chicos a ver la película, y desde que se fue, no veía la hora de volver a encontrarme con él, y creí que iba a tener que esperar hasta navidad para eso, pero era obvio que no podía vivir sin mi... Okay, exagero demasiado.
Me levanté y fui riéndome sola de mis propias ocurrencias, hasta llegar a mi habitación, donde agarré algo de ropa, adecuada para la ocasión, y después me dirigí al baño para darme una ducha que me despabilara, porque sinceramente seguía muy dormida y no podía permitir que Chace me viera en esas condiciones.
   Mientras me estaba secando el pelo, escuché que golpeaban la puerta. Apagué el secador y pedí que pasaran. La puerta se abrió dando paso a Cande que me miró de arriba a abajo, con una cara entre dormida y confundida.
   -¿Qué hacés así vestida?
   -Salgo… ¿Lacio o rulos?
   -Rulos, me gustan mas –dijo casi sin pensar –Pero, ¿a donde vas?
   -No se bien. Chace no me dijo...
   -¿Chace? –Preguntó abriendo los ojos muy grandes -¿Salís con Chace?
   -Sí –respondí sonriente.
   -¡Aaah! ¡Que emoción! –parecía que el hecho de que yo fuera a salir con Chace la alteraba mas a ella que a mi.
   -Lo sé.
   Le conté a Cande de los insistentes llamados de Chace, de su invitación a salir y la patética excusa que había utilizado para hacerlo.
 Me ayudó a arreglarme el pelo y al terminar fuimos las dos a despertar a Abril, para desayunar las tres juntas. Una vez que nos sentamos a la mesa, me di cuenta de que el nudo que tenía en el estómago no me iba a dejar comer nada.
   Faltaban 3 minutos para las diez cuando sonó el timbre. El corazón me empezó a latir a dos mil millones por hora.
   -No quiero bajar, chicas. Mejor atienden ustedes y le dicen que me siento mal.
   -Por favor, ¡no seas idiota! –Me retó Ap.
   -Uy okay, pero hablá vos por el portero eléctrico.
   Ap me miró, puso los ojos en blanco y levantó el auricular. Luego de avisarle a Chace que yo ya bajaba, colgó y me sonrió de una manera que aumentó mis nervios, pero recordando quien yo era, agarré mis llaves y mi cartera, saludé a las chicas con la mano y me dirigí decididamente hacia la puerta la cual deje atrás unos segundos después. Me subí al ascensor, y mientras bajaba me miré al espejo, y me retoqué el ya peinado y enrulado cabello. Cuando llegué a la planta baja, salí caminando a paso decidido hasta llegar a la puerta.
   Salí a la calle y me vi parada frente a la perfección en persona: Chace me esperaba al final de los escalones de la entrada del edificio y me sonreía de esa manera que me derretía. Tenía puesto un jean gastado, zapatillas, una campera de cuero negro mate, y unas gafas de sol. En cuanto me vio salir, se acercó a mi y me saludó con un distante "Hola". No entendí el porque de su frío saludo, pero de todos modos no le dije nada y empecé a caminar a la par suya, hacia la primer calle de la derecha, en la que doblamos.
   -¿A dónde vamos?
-Primero, a mi auto.

Chace, Parte I

Abril

Abrí los ojos y me encontré acostada boca arriba sobre el frío piso del living. Me senté y miré a mí alrededor. Aparentemente, a diferencia de mi, Cande había dormido muy cómodamente sobre el colchón que habíamos acomodado en el suelo, porque estaba toda estirada, con los brazos y las piernas desparramados y ese había sido el motivo por el que yo había terminado en donde estaba. Ella y Nata, todavía dormían profundamente, así que me levanté despacito, me puse las pantuflas y caminé hasta el baño a paso lento y cansado.
  La noche anterior nos habíamos quedado despiertas hasta muy tarde, divirtiéndonos en nuestra noche de chicas y viendo morir nuestra segunda semana en Los Ángeles. Dos semanas llenas de diversión a pesar de mis desvelos nocturnos y mis pensamientos acerca de Fede, porque no habíamos parado de salir a un montón de lugares, ir de compras y conocer gente nueva.
El miércoles pasado, por ejemplo, nos ocurrió una de las cosas mas extrañas. ¿Cuántas posibilidades hay en la Tierra de que salgas de compras, te pongas a charlar con dos chicas divinas, que luego se ofrezcan a llevarte a tu casa y que, cuando les digas la dirección, resulte que ellas viven en el mismo edificio? Si había alguna posibilidad de que sucediera, entonces nos pasó a nosotras. 
Leighton y Sara, nuestras vecinas del tercer piso, tenían 20 años las dos y hacía muy poco que habían comenzado a incursionar en la vida de chicas adultas y se habían ido a vivir juntas, lejos de su familia. Esa misma tarde nos invitaron a merendar a su casa y nos la pasamos charlando y riéndonos de como el destino nos había llevado a encontrarnos esa tarde en el centro comercial. Tenían un estilo muy parecido a nosotras y era sorprendente ir descubriendo tantos gustos en común durante la charla. Leighton tenía una larga melena del color del azabache y unos ojos de un negro intenso, era pálida como la nieve y sus mejillas estaban salpicadas de unas adorables pecas; alta, delgada y de una extrema delicadeza. Sara era prácticamente lo opuesto. Era bastante mas baja y de contextura tosca. Su cabellera de un rubio platinado le caía con naturalidad sobre los hombros y sus ojos eran de un azul intenso, cautivador. Pasar la tarde con ellas había sido como reencontrarnos con viejas amigas y nos hizo sentir por un momento, que no estábamos tan fuera de lugar en aquella ciudad, que definitivamente haberlas encontrado, significaba que el destino tenía algo preparado para nosotras en aquel sitio, sea lo que fuere.
   Me lavé la cara y los dientes y salí del baño, pensando en todo lo que había contado Nata de Chace, en mi SEGUNDA interrupción entre Joe y Cande y en mi discusión con Tom. Iba tan absorta en mis pensamientos que no me di cuenta que había llegado a las escaleras y, al no ver por donde caminaba, bajé todos los escalones de una vez y me caí al piso. Por suerte no me lastimé, pero el ruido de mi caída despertó a las chicas, que me miraron con cara de no entender nada. Al ver esas expresiones en sus rostros, yo no hice más que empezar a reír mientras me frotaba la rodilla que me había golpeado y ellas, al darse cuenta de lo que me había sucedido, comenzaron a reír también.
   Después de un par de segundos, me levanté del frió suelo y fui corriendo a meterme entre las frazadas que cubrían a mis amigas. Observé mi alrededor por un momento y me di cuenta de que era un desastre: paquetes de galletitas y de papas fritas, botellas vacías, tazas y un montón de envoltorios de caramelos y chupetines, cubriendo la escena. Esa es una de las cosas que mas odio de las “noches de chicas”: que al otro día queda todo desordenado y nosotras estamos tan cansadas que no tenemos ni un poco de ganas de poner todo en su lugar. Y para colmo es domingo, y…
   -¡Es domingo! –grité.
   Cande y Nata me miraron extrañadas y al instante cambiaron la cara y adoptaron una expresión pensativa, como intentando descifrar el por qué de mi obvia pero repentina afirmación. Al cabo de unos segundos de cavilación, Cande se dio por vencida y preguntó:
-¿Y entonces?
   -¡Que es domingo 18!
   -¿Y entonces? –inquirió Nata nuevamente.
   -Que falta nada más que una semana para navidad, tontas.
   -¡Ay, es verdad! –Chilló Nata al reaccionar -¿Y que vamos a hacer?
   -A eso voy, querida. A que no compramos nada para la casa, ni regalos, ni sabemos que vamos a hacer, ni nada de nada –contesté, revoleando los ojos.
   -Bueno, hagamos esto: ordenamos un poco este lugar que es un asco, preparamos algo rico de desayuno, y mientras lo comemos planeamos nuestra navidad en Los Ángeles, ¿okay? –propuso Cande.
   -¡Okay! –exclamamos Renata y yo al unísono.
   Nos levantamos las tres con agilidad de los colchones y cada una fue a un lugar diferente del living y empezó a juntar cosas del piso o de la mesa ratona, donde todavía había pochochos desparramados, o a sacar cosas de los huecos que se formaban entre los almohadones de los sillones.
   -¡Paren, falta algo! –dije a la vez que levantaba una caja de cereales vacía de debajo del sofá.
   Corrí al equipo de música, giré la perilla del volumen al máximo y prendí la radio. Para ordenar necesitaba música, era como que me energizaba e iba haciendo todo al ritmo, así también lo hacía mas rápido.
   Mas o menos media hora después, ya estaba todo ordenado, habíamos limpiado el piso y cada detalle de la casa, así que nos pusimos a preparar el desayuno. Yo elegí unas tostadas con mermelada Light al igual que Cande, ya que estar de vacaciones no significaba que fueramos a perder la línea, pero Nata, en cambio, prefirió unas rodajas de pan lacteado con manteca porque, aunque ni ella sabía como hacía, comía el triple que nosotras y no engordaba ni un gramo.
   Nos sentamos en la mesa de la cocina a degustar nuestro desayuno. Mientras tanto, yo chequeaba mis e-
mails en mi laptop y pensábamos que hacer el domingo siguiente. Mi idea fue viajar a algún punto del país donde nevara, quedarnos ahí un par de días, hacer muñecos, guerras y angelitos de nieve, aprovechar para ir de compras a un lugar diferente y, de paso, conocer una nueva ciudad, y después de todo eso volver acá a seguir disfrutando dos meses de vacaciones. A Cande le encantó el plan, pero como Nata dijo que haciendo ese viaje se le iba mucha de la plata que juntó con todo su esfuerzo para venir a LA, hubo que cambiar de idea.
   -¿Por qué no la pasamos acá en casa, las tres como en familia, y…? –sugirió Cande, pero yo la interrumpí.
-Definitivamente no. No vinimos a Los Ángeles a encerrarnos en un departamento.
-Tenés razón.
-¡Ya sé! –Gritó Renata emocionada -¿Qué les parece si la pasamos en casa de Connie, con gente conocida y, ya que estamos, llevamos algún lindo regalo a modo de agradecimiento?
-La verdad, no está tan mal –reconocí-, teniendo en cuenta la parte de agradecerle a mi tía por prestarnos esta casa por todo el invierno, sabiendo que podría haber sacado plata de esto.
   -Si, coincido –convino Candela.
-Bueno, entonces más tarde llamo a mi tía y le pregunto.
   -Mejor saber desde ahora –agregó Cande –así también tenemos tiempo para ver que le compramos y…
   El celular de Nata comenzó a sonar con una musiquita muy graciosa. Ella lo agarró, miró la pantalla, y al segundo su cara se transformó.
   -Chace, ¿no? –curioseé.
   -Emm, voy a hablar al living. Mientras, sigan planeando todo…
   -Si, andá, enamorada –bromeó Cande.
   -¡¿Qué?! –articuló la aludida abriendo mucho los ojos.
   Cande y yo empezamos a reír y Nata se perdió tras la puerta de la cocina, haciéndonos señas para que nos calláramos, porque estaba a punto de atender. Las dos nos tapamos la boca con las manos para ahogar el ruido de las risas y, luego de calmarnos, seguimos organizando lo del domingo siguiente.
-Bueno, supongamos que tu tía no pueda –conjeturó Cande –entonces tenemos que tener un “plan B” por las dudas, como por ejemplo… invitar a Leighton y a Sarah para que lo pasen acá con nosotras.
   -Cande, las chicas tienen una vida aparte de nosotras, y por lo tanto, tienen una familia para pasar las fiestas, no como nosotras que las tenemos a 
no-se-cuantos kilómetros de distancia.
   -Tenés razón… y bueno, entonces podemos ir a un bar o algo de eso a divertirnos si no se quieren quedar acá.
   -No, nada de eso, ningún bar -Dirigí la vista hacia el lugar del que provenía la voz, y la vi a Nata parada en el umbral de la puerta, apretando el celular contra su pecho –. Otra vez, hay cambio de planes.
De nuevo la sonrisita misteriosa esa que hace siempre y que dan ganas de matarla.
   -Dale, hablá –la urgí.
   -Si, y nunca mas en la vida hagas es cara –agregó Cande.
   -Bueno, okay. Chace va a hacer una fiesta en la casa para festejar Navidad y quiere que vayamos. ¿Qué le digo?
   La miré a Cande y, por el gesto de su cara, me di cuenta de que pensaba lo mismo que yo. ¿Ir a una fiesta en la casa de Chace o un a una reunión en la de mi tía? Había que analizarlo, ¿no? No, jamás.
   -Que sí –contesté, y mirando a mi amiga agregué- ¿no, Cande?
   -Obvio.
   Nata se puso el teléfono en la oreja nuevamente y siguió hablando con Chace.
   -Si, vamos… ahá ¿A qué hora?... Okay, dos y media vamos a estar allá… si, si, ya me diste la dirección…. Bueno, dale. Nos vemos.
Cortó y las tres nos miramos muy entusiasmadas. ¡Esa iba a ser la mejor navidad de la historia de las navidades! En Los Ángeles, rodeadas de gente de nuestra edad, en una de esas casas tan enormes que era posible perderse en su interior, y a pura diversión. Si lo hubiésemos querido hacer así, nunca nos hubiese salido tan bien. Definitivamente esa Noche Buena iba a quedar en la historia.
-A ver, entrá a algún blog de los de siempre –me pidió Cande-. Hace mucho que no chequeamos en que anda la farándula norteamericana.
En los últimos años, esa actividad se había vuelto un pasatiempo para nosotras. No era porque realmente nos interesara que era de la vida de los famosos, sino que lo encontrábamos muy divertido.
-Como si no conocieras de cerca la vida de algunos…-le dijo Nata y no hizo falta aclarar a que se refería.
-Bueno, pero hay mas gente aparte de los “Morning Light” –contestó Cande revoleando los ojos.
Ingresé en el buscador, la dirección del primer blog que se me vino a la cabeza y las tres nos pusimos a leer las últimas noticias, cuchicheando con curiosidad. Entonces, abrí los ojos con fuerza, Cande me apretó la mano y Nata soltó un gritito ahogado, cuando nos encontramos con una entrada realmente interesante. Luego del título, había dos fotos y una breve nota al pie de las mismas:

Chace Stawski, Joe Jonas, Tom Andrews:  ¿TRIPLE CITA?

La primera foto arriba, fue tomada ayer (17 de Diciembre) por la tarde. Los muestra claramente a los protagonistas del éxito Morning Light entrando, y saliendo en la segunda foto, del edificio en el que viven aquellas señoritas. Según el fotógrafo que las tomó, entre una y otra foto, transcurrieron aproximadamente cinco horas.
Una fuente de confianza asegura que en el departamento vive una tercera chica y que el grupito ya se habría encontrado anteriormente para almorzar en el restaurante que estas estrellas suelen frecuentar, cerca del estudio de grabación.

¿Ustedes qué opinan? ¿Fue eso una TRIPLE CITA?

-Oh my holly lord! –exclamó Cande totalmente anonadada.
-Yo opino que, en todo caso, fue una doble cita porque a Tom le salió bastante mal –dijo Nata en respuesta a la última pregunta del blog, todavía sorprendida.
-Si, la verdad que si –coincidí con ella-. Ahora la pregunta es: ¿quién es esa “fuente de confianza” que anda contando todo?
-Algún metido –conjeturó Cande-. Algún empleado del restorán, algún cliente que estaba ahí ese día, pudo haber sido cualquiera… Seguramente le avisó a… no se, a alguien y de alguna manera inexplicable se enteraron que los chicos iban a venir a casa ayer, o los tienen vigilados o nos vigilan a nosotras o… No se, sinceramente me resbala lo que haya hecho el paparazzi para conseguir esas fotos, lo que importa es que estamos en el blog.
-¿Y eso es bueno o malo? –le pregunté confundida, sin entender del todo a donde quería llegar.  
-No tengo idea –respondió mas enredada que yo y se echó a reír.
-A simple vista, en mi caso, es bueno porque salí diosa en la foto –repuso Nata riendo-. Ahora, en tu caso Ap… te mataron.
-Si, la verdad que tomaron mi peor perfil –observé pensativa, con la vista clavada en la imagen.
-Leamos los comentarios –dijo Cande y me arrebató el mouse de las manos.
-¡No! –exclamé, volviendo a quitárselo-. No me interesa saber con que adjetivos calificativos nos van a insultar un grupito de fanáticas envidiosas. Sinceramente, prefiero ahorrármelo.
-Si, tenés razón –convino Cande-. Y, otra cosa, lo que hubo entre Joe y yo no fue una cita propiamente dicha –agregó.
-Eso se puede discutir –dijo Nata al tiempo que cerraba la tapa de la laptop. Cande y yo levantamos la vista hacia su rostro-. Pero ahora pensemos que vamos a hacer hoy –propuso sonriendo.

domingo, 3 de abril de 2011

Tarde de chicas... ¿con chicos?, Parte IV

Cande

Joe y yo nos quedamos hablando bastante tiempo sobre nosotros. Me caía realmente bien y, a simple vista, parecía ser muy buena persona a pesar de todo lo que había escuchado sobre él en el último tiempo. No podía considerarlo de esa clase de personas que podían traicionar a alguien y por eso estaba cada vez más intrigada acerca de lo que podía haber pasado entre los hermanos Jonas. 
Si luego de hoy nos siguiéramos viendo, nuestra relación como amigos alguna vez avanzara y me sentía con la confianza suficiente, estaba dispuesta a preguntárselo, pero en esas circunstancias hubiese sido una intromisión, una total imprudencia. Ya había sido demasiado arriesgado preguntarle simplemente que tal estaba su familia.
Mientras hablábamos, yo daba vueltas por la cocina de un lado a otro acomodando compulsivamente las cosas que tenía a mi alrededor, hasta que decidí sentarme sobre la mesada. Estar demasiado cerca de Joe, me ponía nerviosa. Aun así, sin darme cuenta de cómo ni cuando, en el momento en que volví a dirigir mi mirada hacia él, estaba parado delante de mí. No me quejé ni le pedí que se alejara, claro, simplemente seguí la conversación como si nada.
-Candela –susurró.
POR DIOS ¡Que hermosa la forma en la que pronuncia mi nombre!, mi cerebro se derretía como manteca y mi corazón había perdido el juicio.
Oír su voz me hizo bajar de mi nube, en la que me había quedado, según sospechaba, hacía ya unos cuantos minutos. Corrí la vista nuevamente a donde estaba la cara de Joe, y me percaté de que tan sólo nos separaban unos pocos centímetros. ¿Me había estado mirando todo ese tiempo? Que vergüenza…
-¿Qué pasa? -No comprendí por que exactamente, pero hablé en un susurro al igual que lo había hecho él.
Joe me miró a los ojos, intensamente. Estaba serio, pero su mirada era dulce.
-Sos tan…
-GOD!
Su frase quedó interrumpida por el grito de alguien que acababa de entrar en la cocina.
Los dos nos sobresaltamos y de un momento al otro Joe acabó parado a más de un metro de donde estaba anteriormente. Tenía la vista fija en mí y yo en él. Luego de unos segundos, cambié la dirección de mi mirada a la persona que nos había interrumpido. Fuera quien fuera, debía matarlo.
Abril me miró arrepentida desde el umbral de la puerta, aunque sus ojos denotaban algo de enojo también. ¿Enojada ella? Nosotros deberíamos estar enojados… Aunque analizando mejor la situación, comprendí que su enojo no era con ninguna de las personas que estaban en la habitación a excepción de ella misma.
-Perdonen. Yo, yo… yo me iba.
Dio media vuelta y se fue por el mismo lugar por el que había llegado. ¿Por qué siempre nos interrumpía en los momentos menos indicados? Sabía que no lo hacía a propósito o concientemente pero, de todas formas, lo hacía.
Miré a Joe nuevamente y me di cuenta de que no había dejado de mirarme en ningún momento. Me ruboricé inmediatamente. Al igual que unos minutos atrás, estaba serio, no sonreía. La única e insignificante diferencia, era que antes estábamos a escasos centímetros y ahora nos separaba todo el ancho de la cocina.
-Siempre hay alguien para interrumpir, ¿no?
-Siempre está Abril para interrumpir –especifiqué.
Finalmente sonrió. Se acercó a donde yo seguía sentada y me ofreció una mano, que yo ni dudé en tomar. Caminamos hasta la puerta pero, cuando estaba a punto de cruzarla, tiró de mi brazo haciendo que nuestros cuerpos quedaran casi pegados. Clavó sus ojos en los míos, lo cual me puso más nerviosa de lo que estaba.
-Tené en cuenta que no me voy a dar por vencido tan fácilmente, eh –me previno.
Dicho esto, soltó mi mano y se dirigió hacia la sala. Se sentó en un sillón y se puso a hojear una revista que tomó de la mesa ratona, como si nada hubiera pasado.
¿Que había querido decir con eso? ¿Me estaba confirmando lo que yo pensaba? ¿Sería que… que le pasaba algo conmigo?
No. Lo mas probable era que no. Lo mas factible era que yo había entendido cualquier cosa y él no había querido besarme como a mí me había parecido. O tal vez sucedía que mi amor platónico por Joe –ahora no tan platónico-, al que había dado por muerto hacía ya tanto tiempo, estaba renaciendo de las cenizas como el ave Fénix. 
Lo único cierto era que iba a quedarme con esa duda.
Resignada, sabiendo que de nuevo había pasado el momento, seguí sus pasos y me senté en el apoyabrazos del sillón en el que estaba Ap. Chace y Nata estaban acomodados en el sofá del medio.
Todos conversaban alegremente, aunque noté que Abril evitaba mirar a Tom y él, en cambio, no le sacaba los ojos de encima. No sabía que estaba pasando pero estaba segura de que un rato mas tarde, cuando los chicos se hubiesen ido, me iba a enterar.
Me sumé a la conversación e inmediatamente me puse a reír con ellos. Nosotras les contábamos cosas sobre nuestra cultura en las que ellos parecían estar bastante interesados.
-¡No! ¡El dulce de leche fue lo mejor de cuando fui a Argentina! No me olvido mas… es tan… -dijo Joe con una mueca de satisfacción.
-¡Extremadamente exquisito! –Nata terminó la frase por él.
-Si alguna vez vuelvo a Argentina me tengo que traer unos cuantos frascos para tener por un tiempo. Acá hay un par de lugares donde se consiguen pero no es muy común, y tampoco es igual al que venden allá.
-Yo nunca comí. Ahora me dieron ganas de probarlo –dijo Tom con curiosidad.
La tarde transcurrió así, hablando de nosotras y de ellos, contándonos anécdotas, haciendo chistes y demás. Era increíble que fueran famosos porque no lo hacían notorio en ningún sentido. Estando con ellos me sentí extremadamente cómoda. Eran simplemente chicos normales, y me hacían sentir bien.
-¡Renata Stefanatto ni se te ocurra contar eso! –la amenazó Abril.
-¿Por qué no? –Preguntó la aludida riendo a más no poder-. ¡Eras tan tierna, Ap!
-Tenía trece años y hacía estupideces –se excusó Abril.
-Bueno, convengamos que eso no cambió demasiado… Ahora tenés dieciocho y las seguís haciendo… -bromeé.
Mi amiga me miró mal pero igualmente sonrió.
-Bueno, yo les cuento… -empezó Nata mirando a los invitados.
-¡No!
-¡SI TE DIJE!
Okay, eso me asustó. Por lo visto a Abril también ya que no dijo nada.
-La historia es así -continuó Renata riendo-: cuando estábamos en primer año de la secundaria, Ab tenía trece años y estaba enamorada de un preceptor -estaba costando entender lo que decía ya que sus palabras se mezclaban con la risa-. Y ella, así de tímida como la ven, era re poeta y le dejaba poemas de amor anónimos en preceptoría.
Al escuchar esto todos la miramos y no pudimos aguantar la risa. Ella estaba escondiendo su cara detrás de un almohadón pero sólo tardó unos segundos en soltarlo y sumarse a las carcajadas.
-Ya sé que es patético, pero era tan lindo…
Puso cara de enamorada lo cual aumentó la risa de todos nosotros.
-Otra vez me hace ruido la panza. ¿Quieren pedir comida? –preguntó Nata.
-Si, dale que la mía está a punto de ponerse a hablar –contestó Joe acariciándose la boca del estómago. Luego se levantó del sillón y se puso a caminar por la sala. Siempre tenía que decir alguna estupidez y siempre tenía que estar moviéndose. 
Entonces comprendí que el color que mejor definía a Joe era el amarillo. Amarillo, entre otras cosas, significaba luz, energía, calor, brillo, fortaleza, extroversión, vitalidad, alegría, poder y… traición. 
Me levanté y fui a la cocina a buscar el imán de la pizzería en la que habíamos comprado en nuestra primera noche en Los Ángeles, mientras sacudía la cabeza como si de esa forma pudiera desterrar esa última idea de mi mente.
Llamé y pedí dos grandes.
Al cabo de unos minutos sonó el timbre. Abril fue a la puerta de entrada a recoger el pedido y cuando subió la ayudamos a servir todo en varios platos.
-¡Moría de hambre! –exclamó Joe luego de morder un pedazo de su porción de pizza.
-Totalmente, esta pizza es muy buena. ¿Donde la compraron? –preguntó Chace probando la suya.
-En Domino’s Pizza, a unas cuadras de acá –contesté-. El día que llegamos compramos ahí y nos enamoramos. Son lo más estas pizzas.
Tom asintió con la boca llena.
Cuando terminamos de comer, los chicos anunciaron que se tenían que ir, comentándonos que, a pesar de que al otro día era domingo, tenían que estar en el set de grabación muy temprano por la mañana. Me resultó extraño escuchar aquello. Era, simplemente, que la pizza del sábado en nuestra casa y la sitcom del domingo, no eran compatibles.
-Nos vemos, Cande –se despidió Joe con una radiante sonrisa luego de besarme con ímpetu en la mejilla y salió por la puerta en último lugar.
Nata los acompaño hasta la planta baja y al volver cerró la puerta a sus espaldas y se apoyó en ella, sonriente.
-No saben lo que tengo para contarles…
-¡Contá ya! –la interrumpió Abril.
Al ver que Nata comenzaba a hacernos una misteriosa, probablemente para que su relato sea mas emocionante, me levanté del sillón y mientras caminaba hacia ella le dije:
-Ya mismo nos contás lo que pasó.
La tomé por la muñeca y, pese a su esfuerzo por resistirse, la arrastré hasta el sillón. Le di un leve empujoncito para que quedara sentada y me acomodé junto a ella. En el lado opuesto del sillón, Abril me imitó. La observamos, expectantes.
-¡Esperen! Esto merece una noche de chicas. Vayan a buscar colchones y yo provisiones.
-No, ni ahí. Nos contás así como estamos y listo. Dale –me negué.
-No, no. Noche de chicas –dijo decididamente y se cruzó de brazos.
-Dale Nat, contanos ahora –le suplicó Abril.
-No, quiero nuestra primera noche de chicas en LA.
-Pero tardamos mucho en preparar todo y se prolonga la intriga…
-Si ya se hubiesen parado a hacer lo que les dije, ahora les podría estar contando. Noche de chicas o a dormir cada una a su cuarto –dijo terminantemente.
Muy a nuestro pesar, nos levantamos y fuimos a buscar lo que Renata nos había pedido. Al cabo de unos diez minutos teníamos preparados los tres colchones, con un par de frazadas y todas las almohadas y almohadones de la casa. Nata había traído una bandeja con paquetes de galletitas, golosinas, café, té y gaseosas. Podía parecer exagerado pero para una Noche de Chicas con todas las letras, iba a ser necesario.
Debía reconocer que, aunque al principio me había negado, la idea me terminó entusiasmando y más teniendo en cuenta que yo misma tenía mucho que contarles y estaba claro que Abril también.
Cuando tuvimos todo listo no había mas excusas para posponer la historia.
-Bueno, Nat, divino quedó esto, pero ahora contá todo.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Tarde de chicas... ¿con chicos?, Parte III

Nata


De un momento a otro, la casa quedó en un silencio casi total y yo me vi a solas con Chace en la sala. Seguía sentado en el suelo, con la cabeza apoyada en el sillón a mi lado. Volvió la vista hacia mí y sonrió de la misma forma en que lo venía haciendo desde su llegada y, dándose cuenta de que nos habíamos quedado solos, se incorporó con un rápido movimiento y se sentó junto a mí, al tiempo que me tomaba de la mano.
-¿La estás pasando bien? –le pregunté.
Pareció sorprendido con mi pregunta.
-Claro, ¿por qué?
-No sé. Tal vez te aburrís con nosotras.
-¿Me ves aburrido? –preguntó incrédulo y divertido-. ¿Las risas de recién no te demostraron lo contrario? –Se acercó despacio hasta que su boca quedó a pocos centímetros de la mía. Luego dirigió sus labios a mi mejilla y los fue moviendo hasta rozar los míos-. ¿Esto… no te demuestra lo contrario? –preguntó con su aliento pegado a mi boca.
-Bueno, quizás… -intenté decir, procurando mantenerme concentrada.
Se alejó unos centímetros y tapó mi boca con el dedo índice, sin dejarme terminar la frase.
-La estoy pasando bien. Gracias.
Me dirigió una sonrisa nuevamente, tomó mi cara entre sus manos y sus labios se apoderaron de los míos en un beso voraz y los mantuvieron cautivos durante varios minutos.
-¿Y qué vas a estudiar ahora que terminaste la secundaria? –me preguntó Chace una vez nos separamos. ¡Que habilidad para cambiar de tema de un segundo al otro!, pensé.
-Voy a estudiar para ser Tripulante de Cabina de Pasajeros –respondí.
-¿Azafata? –Él me miró sorprendido
-Sí, me encanta esa carrera. Aunque, en realidad siempre me gustó cantar y actuar y creo que lo hago bastante bien, pero en Argentina eso es siempre para un grupo muy reducido de personas.
-Si, pero no te olvides de donde estás ahora. En ese sentido LA está repleto de oportunidades que no tenés que desaprovechar.
-Si, lo sé. Pero igual estamos de vacaciones… si me quedara acá por mas tiempo me encantaría hacer algún casting o algo de eso. Pero, ya sabés, en pocos meses volvemos a Argentina y ahí voy a seguir con mis estudios.
-Qué lástima… -dijo insinuante.
-¿Qué cosa? –quise saber, sin entender bien a donde quería llegar
-Que vuelvas tan rápido.
-Bueno, no es TAN rápido. Vamos a estar tres meses acá, todo el invierno.
-Si, pero tres meses se pasan muy rápido, así que vamos a tener que aprovecharlos bien –me apretó fuerte entre sus brazos.
-¿Qué? –Exclamé incrédula. Nunca hubiese imaginado que tenía planeado pasar las vacaciones enteras conmigo-. ¿Pensás que me vas a aguantar tres meses? Mirá que soy capaz de ponerme muy insoportable. Ahora lo decís porque recién me conocés, pero vas a ver que no vas a tardar nada en cansarte de mí.
-No creo...
Se acercó y me dio otro beso.
Si, claro. ¡Demasiado irreal, Chace! O sea, ¿yo te tengo que creer que mañana o... ahora mismo, cuando salgas de acá, no vas a encontrar a alguien que te guste más que yo y te vas a olvidar de mí de un segundo para el otro? Yeah, right! TAN ilusa no soy. 
Como no podía expresarle todos mis pensamientos de algún modo que no me hiciera parecer una loca decidí contarle sobre mi familia. Le conté que vivía con mi mamá y mi hermanito, ya que mi papá había fallecido 2 años atrás, por un cáncer con el que había estado luchando durante quince años. 
Mi historia pareció provocarle ternura o pena, porque me abrazó mas fuerte que antes. Yo, sin embargo, no veía a la muerte como algo "trágico", aunque extrañaba a mi papá como a nada ni nadie en el mundo, sino que tenía asimilado que así era como las cosas tenían que ser y estaba segura de que, cuando me fuera de este mundo yo también, volvería a verlo.
Me dejé abrazar por Chace y sentí su intento de contenerme.
-Está bien -le dije-. No es para tanto. Contame sobre vos...
Su familia, según me contó, era lo que se consideraba una familia modelo: sus padres vivían juntos desde hacía veinte años y tenía una hermana chiquita. Si, una familia perfecta teniendo en cuenta que además de todo él era actor y le estaba yendo muy bien en lo que hacía a pesar de que recién estaba comenzando.
Miré hacia el ventanal y observé que estaba atardeciendo. Entonces, se me ocurrió una idea.
-¿Vamos un rato afuera? –le propuse.
-Bueno, vamos.
Me tomó de la mano y los dos nos levantamos del sillón y caminamos hacia el balcón. Apenas salí, me arrepentí de hacerlo porque, aunque había dejado de llover, el clima todavía estaba fresco y yo no tenía abrigo. Chace se dio cuenta enseguida porque empecé a temblar. Aunque no había un frío extremo, mi cuerpo siempre reaccionaba de esa manera.
-¿Tanto frío tenés? –se sorprendió.
-Si, soy bastante friolenta.
Entonces, para protegerme del clima, me agarró de la cintura y me acercó a él apretándome con fuerza contra su cuerpo. Yo pasé mis brazos por debajo de los suyos y apoyé mis manos en su musculosa espalda. 
Lo miré a la cara y me quedé anonadada. Era increíble el efecto que la luz rojiza del atardecer provocaba sobre su suave piel y el brillo que le daba a sus hermosos ojos.
-¿Sabés que? Con esta luz te ves… horrible, realmente –observó en tono burlón.
-Ah, ¿si? Bueno, sería bueno que supieras que vos también –le contesté pensando todo lo contrario a lo que estaba diciendo.
Soltó una pequeña risa.
-¿De que te reís? –me quejé.
-De que estás más linda que nunca.
Me sonrió, pero esta vez con ternura, y yo no pude hacer mas que sonreírle también, cuando se inclinó hacia mí y me besó.




Abril


La puerta se abrió y por ella entró Tom, con gesto preocupado.
-¿Estás bien?
-Si, ¿por qué? –no entendía la razón de su pregunta.
-Porque escuché un ruido muy fuerte y pensé que te había pasado algo.
-Ah, no, es que se me cayó el celular... -Si, claro, se te cayó, me dije. 
Bajó la vista hacia mis manos y vio el desarmado teléfono que todavía estaba intentando arreglar. Yo también dirigí mi mirada hacia el mismo lugar y seguí tratando de unir las piezas. Cuando volví a mirar a Tom, me sorprendí, porque lo encontré sentado en la cama a mi lado.
-Y... ¿hablabas con alguien?
-Si, con mi novio.
Me miró sorprendido, con las cejas levantadas y los ojos muy abiertos.
-¿Tenés novio? –me preguntó suspicaz.
-Si, aunque mucho no pude hablar porque se estaba yendo a una reunión o mas bien cena de trabajo, por la hora que es… -hablaba rápido y sin prestar atención a mi interlocutor. Estaba dialogando más conmigo misma que con él.
-Pero si es re temprano.
Claro, acá son las cinco y media de la tarde pero allá son más de las diez de la noche.
-Si, pero en Argentina es mas tarde –le expliqué.
-Ah, claro, en Argentina… -replicó con tono burlón y me guiñó un ojo.
No entendí el por qué de su reacción, pero tampoco me interesó y volví a fijar mi vista en la tapita de la batería de mi celular, que no parecía tener ganas de acomodarse en su lugar. Entonces, Tom me lo sacó suavemente de las manos y lo dejó a un costado de la cama.
-Dejá eso para después...
Se deslizó sobre la cama y se sentó bien pegado a mí. Me agarró de la cara y se acercó lentamente para.... ¡¿besarme?! 
-¿Qué hacés? ¡¡Te acabo de decir que tengo novio!!
-Pero, ¿era en serio? –preguntó confundido-. Es decir… ¿un novio en Argentina?
-No, en África –contesté con sarcasmo y llena de rabia. No podía creer que fuera tan atrevido-. Si, en Argentina, ¿en donde si no?
-Ah, es que… creí que era una broma –se excusó-. Quiero decir -volvió a adoptar el tono burlón-, ¿vos pensás que vas a poder mantener la relación a distancia durante tanto tiempo?
Me quedé completamente paralizada por sus palabras. Lo peor era que tenía razón y que eso era exactamente lo que me preguntaba todos lo días y todas las noches. Pero él no tenía derecho a ir a plantearme nada ni meterse en mis asuntos. La rabia me invadió el cuerpo por completo y sin medir el tono de mi voz o las palabras que salían de mi boca, finalmente exploté.
-No puedo creer lo idiota que sos. Mirá, la verdad es que no tengo ni la mas mínima intensión de arruinar nuestra… amistad o lo que sea que tengamos, pero vos no te esmerás demasiado. Así que ubicate y pensá lo que vas a decir antes de abrir la boca, porque lo que yo haga o deje de hacer con mi vida a vos no te incumbe en absoluto, así que no te metas más. 
Agarré las partes de mi todavía desarmado celular, me levanté de la cama enfurecida, pasé por su lado y abrí la puerta para irme, pero el se paró también y me agarró del brazo deteniéndome.
-Pero pará, ¡calmate! Perdoname… -me rogó arrepentido.
-Perdonarte… que difícil lo veo.
Me solté de su mano de un fuerte tirón, le dirigí una mirada furibunda y salí de mi habitación pegando un leve portazo y dejándolo ahí parado con una expresión de completo desconcierto. Una vez fuera de mi cuarto, me apoyé contra la pared del pasillo y me tapé la cara con las manos.
Era imposible explicar mi enojo con palabras. ¿Quién se creía para meterse en mi vida? Y lo peor era que estaba completamente en lo cierto, y que él me lo dijera tan clarito fue lo que me hizo caer definitivamente en la realidad y aceptar las cosas como eran.
Después de varios segundos, observando que Tom no pensaba salir de la habitación, me dirigí al living para hablar con urgencia con alguna de las chicas, porque sentía que si no lo hacía se me iba a ir todo de las manos e iba a terminar llorando a mares como las ultimas noches. En el camino agarré mi celular y, como por arte de magia, coloqué con gran simplicidad la tapita del cargador.
-Gracias, pero podrías haber hecho eso antes –le gruñí al móvil.
Llegué al living suspirando y observé que no había nadie por ahí, pero al mirar a través del vidrio de la puerta corrediza que daba al balcón los vi a Nata y a Chace abrazados.
No los voy a molestar, mejor voy a buscar a Cande.

martes, 15 de marzo de 2011

Tarde de chicas... ¿con chicos?, Parte II


Abril

Miraba la tierna escena entre Chace y Nata, pero sin prestarle demasiada atención. Eran lo únicos dos que hablaban en la habitación. Mientras los observaba pensaba en Fede. Realmente lo extrañaba muchísimo, hasta el punto de fantasear con la idea de que el estuviera ahí conmigo. Ver en las miradas de los chicos algo más que amistad me alegraba por ellos, pero me ponía completamente melancólica.
Sentí que una mano tocaba mi hombro y alguien pronunciaba mi nombre. Me di vuelta para ver quien era. Tom me sonrió y dibujé en mi cara una sonrisa que pretendía no hacer notar que la estaba forzando aunque sin demasiado éxito. Definitivamente no estaba en mi mejor momento. Deseaba con todas mis fuerzas poder disfrutar de ese sueño que estaba viviendo sin tener nada en que preocuparme, pero simplemente no podía.
-Ab, ¿no me mostrás donde esta el baño? –preguntó Tom amablemente.
-Si, obvio. Vení.
Guié a Tom hacia las escaleras y subimos.
-La segunda puerta a la derecha –le indiqué.
-Gracias.
Caminó hacia la puerta que acababa de señalarle y entró. Seguí el mismo camino que él había realizado pero en lugar de atravesar la puerta a mi derecha, entré por la de la izquierda.
Me tiré en mi cama decidida a hablar con él.
Necesito escuchar tu voz Fede… te necesito
Marqué el número de teléfono y esperé unos instantes hasta que me atendieron.
-Hola, buenas tardes –me saludó una voz femenina.
-Buenas tardes.
-¿En que puedo ayudarla?
-¿Me podría comunicar con el señor Gilváez por favor?
Siempre que llamaba a su oficina me reía por dentro al preguntar por el señor Gilváez. Para mi era Fede, o mi amor, o algo así…  pero no “señor Gilváez”.
Aunque bueno, mi novio era un profesional, hasta secretaria tenía. Me resultaba un poco raro porque mientras que él ya estaba trabajando en un empleo formal, yo recién acababa de terminar la secundaria. 
De todos modos, estaba segura de que nunca me hubiese gustado tener un novio de mi misma edad. Siempre consideré que, tanto yo como las chicas, éramos bastante maduras para la edad que teníamos, nos gustaba relacionarnos con gente más grande que nosotras y, sin contar a Nata y Cande, todos mis amigos eran mayores que yo. Desde que era chica me gustaba salir con hombres más grandes, los chicos de mi edad me parecían muy infantiles. La menor diferencia de edad que hubo entre alguno de mis ex novios y yo fue de tres años. Con Fede era mayor: el tenía veinticuatro, pero no era tan notoria.
-¿De parte de quien?
-Abril Díaz Lombardi –respondí a su secretaria. Tampoco me simpatizaba decir mi nombre y apellidos completos, pero esas eran "las reglas" o algo así.
-Un momentito, por favor.
Esperé unos segundos manteniendo el celular alejado de mi oído, ya que aborrecía por completo las melodías similares a las de las cajas musicales que ponían mientras uno esperaba que lo atendieran, hasta que finalmente alguien contestó 
-¿Hola?
-¡Mi amor! –exclamé, notando el alivio que escuchar su voz había provocado en la mía.
-¡¿Ab, como estas?! –mi novio estaba igual de feliz que yo por escucharme.
-Acá… necesitando escuchar tu voz. ¿Vos como andás? ¿Todo bien?
-Si. Si, todo bien, trabajando un poco… pero contáme vos, ¿que novedades tenés?
Decidí no contarle que habíamos conocido a Joe, Tom y Chace. Quise evitar cualquier tipo de confusión y de discusión sin sentido.
-Lo mismo de siempre: con las chicas seguimos recorriendo el lugar, que es hermoso, y comprando cosas compulsivamente… intentando disfrutar las vacaciones… -Dije eso último con un dejo de amargura en la voz.
-¿Por qué intentando? ¿Qué pasó?
Los ojos se me humedecieron y levanté la vista para contener las lágrimas. Me sentía una estúpida, estaba llorando por una idiotez cuando podía estar aprovechando las vacaciones que había planeado durante tanto tiempo.
-Nada Fede, te extraño mucho… -se me hizo un nudo en la garganta, que me dificultaba hablar con normalidad –me cuesta esto de la relación a distancia, es… difícil.
-¿Y con eso qué me querés decir?
Sentí que me lo preguntaba como a la defensiva y me apresuré a explicarle bien a lo que me refería.
-No, no, nada. Que me encantaría tenerte más cerca. Pero solo eso, eh, no quiero que nada cambie entre nosotros.
-¡Ah! -suspiró aliviado -pensé que llamabas para darme alguna mala noticia sobre… nosotros.
-No, Fede. Eso nunca… -contesté disgustada ante la simple idea de estar separada de él, más allá de la distancia
-Ab, me están llamando –me interrumpió-, tengo una reunión importante. Hablamos en estos días, ¿dale? Te amo
-Yo tam…
Cortó. Miré el celular incrédula… ¡Me había cortado!
-Bueno, un beso mi amor. Suerte en tu reunión, yo también te amo –dije con sarcasmo, hablando sola.
Revoleé el celular, pero al verlo caer me arrepentí. Se le salió la batería y quedó desarmado en el piso. Ni me molesté en pararme a arreglarlo.
Me recosté en mi cama y se me llenaron los ojos de lágrimas nuevamente, pero esta vez no impedí que rodaran por mis mejillas. Sentía que las cosas no iban a funcionar. 
Seguido de ese pensamiento más y más lágrimas brotaron de mis ojos.
Llamaron a la puerta. ¿Justo ahora alguien me necesita?, pensé amargada.
Agarré un pañuelo de papel de la caja que estaba dentro del primer cajón de mi mesa de noche y sequé mis lágrimas. Respiré profundamente para tranquilizarme, me levanté de la cama y me miré en el espejo. No se notaba tanto que había estado llorando. Me senté nuevamente en mi cama y contesté.
-Si, adelante.


Cande

Me di vuelta. Parado a tan sólo unos metros de mí, estaba Joe sonriéndome. Siempre me sonreía y al hacerlo me contagiaba.
-¿Qué, Joe? –dije sonriendo también.
-¿No me darías algo para tomar, por favor?
-Si, seguro –respondí.
Caminé hacia la heladera y la abrí. Miré en su interior y luego me corrí para dejar que Joe viese lo que había adentro.
-Mirá y elegí lo que quieras.
Sentí que caminaba hasta donde estaba yo. Estaba a punto de voltearme para verlo a la cara y preguntarle que quería, cuando sentí que sus manos se posaban sobre mi cintura y miraba por encima de mi hombro. Inmediatamente unas maripositas comenzaron a revolotear por mi panza. ¿Qué te pasa Candela? Respirá y actuá normalmente, por favor.
Me quedé quieta unos segundos, que me resultaron placenteramente eternos, esperando que me dijera que prefería.
-Eh… Coca-Cola, por favor.
Tomé la botella del estante suprior del refrigerador y me di vuelta, haciendo que sus manos se soltaran de mi cuerpo.
-Coca-Cola será, entonces.
Me sonrió y le devolví la sonrisa. Se acercó a la mesa y tomó asiento en una de las sillas. Yo me dirigí en sentido opuesto hacia el mueble donde guardábamos la vajilla y tomé un vaso, abrí la botella y vertí un poco de su contenido en él. Se lo alcancé a Joe, quien me agradeció y, al ver que no tenía intención de volver a la sala con los demás, me senté a su lado.
-¿Te gusta Los Ángeles? –preguntó al cabo de unos segundos.
-Si, es hermoso. Con las chicas planeamos este viaje durante tres años. Estar acá para nosotras es un cumplir un sueño.
-¿Y por qué eligieron hacerlo ahora y no antes?
-Porque teníamos que tener mas de dieciocho años, y Renata y yo los cumplimos recién en septiembre de este año. Y, en esta época, porque en Argentina son las vacaciones de verano.
-¿De que parte de Argentina son? Yo conozco Buenos Aires… -dijo con un acento tan raro que me causó gracia –fui dos veces, es muy lindo.
-Nosotras somos de ahí –miré su vaso vació y agregué-. ¿Querés más gaseosa?
-No, gracias, está bien así.
-¿Vamos con el resto de los chicos, entonces? –sugerí.
-Abril y Tom subieron a algún lado creo.
Ante esa declaración me sorprendí bastante y abrí los ojos demasiado. Él lo notó y rió.
-Creo que Tom quería saber donde quedaba el baño o algo así. Y, bueno... no interrumpamos a Chace y a Renata.
Sus palabras vinieron acompañadas de una mirada cómplice que entendí a la perfección. Quien sabía que estarían haciendo esos dos…
-Quedémonos acá mejor. Seguí contándome cosas sobre vos. Por ejemplo... ¿Cómo es tu apellido?
-¿Me estás preguntando mi apellido? –dejé escapar sin pensarlo.
-Sí. Si me decís el tuyo, yo te digo el mío.
-¿Me estás cargando? –dije incrédula. ¿Había alguien en el mundo que no supiera su apellido?
-No ¿Por qué? –Dijo con fingida inocencia, y sin dejar que contestara agregó –En fin, ¿me vas a decir como es?
Reí por dentro al imaginarlo pronunciar mi apellido.
-Pérez Orceliet.
Me miró con una mueca extraña que supuse que se debía a que no había entendido ni la mitad de lo que le había dicho.
-Candela Pérez Orceliet –repetí más lento.
-Candela Pérez Or… -dijo con un acento bastante gracioso.
-…celiet –finalicé-. Ahá. Ahora te toca decirme el tuyo –le recordé.
Joe rió entre dientes.
-¿De verdad es necesario?
-No, no lo es –reconocí, también entre risas.
-¿Qué te gusta hacer, a qué te dedicás? –me preguntó-. ¿Tejés al crochet, jugás al tenis…? -¿Qué le pasa, por qué me hace todas estas preguntas?
-Me gusta pintar –respondí riendo ante sus ocurrencias.
-¿Pintás? –preguntó asombrado.
-Sí, me fascina la pintura... los colores. Tengo una obsesión con ellos.
-Algún día me tenés que mostrar algo de lo que hacés –pidió sonriendo.
-Cuando gustes –respondí, encantada con la idea de volver a verlo aunque fuera para mostrarle algún bosquejo de cualquier cosa.
-¿Y como se te da el estar lejos de tu familia? –sus facciones se contrajeron en un gesto de dolor que intentó disimular y yo no entendí el por qué.
-Bastante bien, por ahora. Soy hija única así que me acostumbré a que mis padres me acosen todo el tiempo y me den todo servido en bandeja. Pero bueno, no me cuesta tanto acostumbrarme a eso, sino más bien al hecho de no tenerlos como apoyo moral.
Entonces comprendí que el malestar momentáneo que mostró su rostro se debió a que se había arrepentido de sacar el tema sobre la familia, ya que la conversación lo podía llevar a hablar de la suya. 
En mi cabeza se asomó una idea completamente loca y arriesgada, pero no pude resistir la tentación de hacerle la pregunta que tenía en mente.
-Y… ¿tu familia? Digo, ¿Qué tal todo? –pregunté con cautela.
Cerró los ojos y apretó la mandíbula. Había dado en el blanco.
Le resultó imposible ocultar su nerviosismo.
-Y bueno, eh, mi familia… ¿vos sabías quien era yo antes de conocerme en persona? -preguntó, algo incómodo y avergonzado.
-Si, siempre me gustó su música – y cuando planeamos este viaje fue para venir a verlos tocar, pensé en mi interior-. Es más, cuando fueron a Argentina, las chicas y yo fuimos a verlos.
-¿En serio? .preguntó, bastante sorprendido.
Asentí sin emitir ningún sonido.
-Bueno, en fin… están todos bien –respondió finalmente-, Frankie está re grande y…
Siguió hablando de su hermano menor y sus padres pero evitó olímpicamente el tema de sus otros dos hermanos, Nick y Kevin. Parecía ser que le costaba demasiado tocar ese tema y, claro estaba, Candela Pérez Orceliet no era alguien a quien pudiera confiarle una charla sobre su pasado y su familia.