martes, 15 de febrero de 2011

Dieciocho, Parte II

II

Candela.

Me había quedado dormida, por lo que estaba realmente apurada. En cinco minutos empezaría mi primera clase del día. La verdad era que nunca había imaginado que los estudios me volverían tan loca; últimamente eran en lo único que pensaba.
Entré al edificio y corrí al baño. Al pasar por delante del espejo me detuve. La imagen que me devolvía el espejo era muy similar a la de todas las mañanas: los ojos prácticamente cerrados a causa del cansancio y mi blanca tez enrojecida por el frío clima.
Ya a punto de terminar el secundario, me di cuenta de lo muy cambiada que estaba físicamente comparada con la chica que era cinco años atrás, cuando cursaba mi primer año en esa misma escuela. Estaba flaca, bastante dirían algunos, definitivamente ya no tenía ese cuerpo que tanto me había torturado hasta poco antes de cumplir dieciséis años, cuando finalmente logré la figura que siempre había soñado tener. Mi metro setenta ya no era tan descomunal como años atrás, cuando al pararme al lado de mis amigas les sacaba una cabeza de altura. Mi pelo  -bastante despeinado en ese momento -estaba largo hasta mi cintura, y todavía conservaba su natural color chocolate, con esos reflejos anaranjados al sol que tanto me gustaban.
Estoy linda, pensé mirándome al espejo.
Por primera vez me sentía realmente linda. No perfecta, sólo linda.
A pesar de todo no podía encontrar aún al chico de mis sueños, aunque debía reconocer que soy bastante pretenciosa.
Miré mi reloj. Tres minutos.
Era el cumpleaños de Renata y esa tarde la iría a visitar. Hacía mucho tiempo que no la veía ya que últimamente nuestras agendas estaban bastante apretadas: la escuela, inglés y mis clases de comedia musical acaparaban la mayor parte de mi tiempo, y el trabajo y los estudios hacían casi imposible que Nata tuviera tiempo más que para respirar. Sabía que ella en el último tiempo había descuidado mucho a sus amigos, y por eso se alejó de bastante gente. Y de tener novio ni hablar. Gracias que tenía tiempo para comer, lo que menos podría mantener en ese momento era una relación. Aunque a mi parecer  no le vendría nada mal un poco más de apoyo. Con Abril siempre hicimos lo que pudimos, pero igual la veía bastante sola. Aunque, más allá de todo, ella era feliz. Con eso alcanzaba y sobraba.
Abril y Renata. Mis mejores amigas, desde… ni idea, ¡mucho tiempo! Las conocía más que a mi misma y teníamos una relación de extrema confianza. Es mas, con Nat, a veces bromeábamos diciendo que éramos gemelas, ya que solamente le llevaba horas de vida. Es decir, el día anterior había sido mi cumpleaños. Dieciocho años… después de tanto soñarlo, finalmente habían llegado. Ya las tres éramos mayores de edad, lo que sólo significaba una cosa: VIAJE.
Cuando cumplí quince años, en vez de pedir a mis padres una fiesta pedí un viaje. Pero no quería realizarlo en esa ocasión. Mi sueño era hacer un viaje con mis amigas al cumplir la mayoría de edad. Por eso, mis papás abrieron una cuenta bancaria a mi nombre donde depositaron la plata suficiente para que mi deseo pudiera hacerse realidad.
Desde el primer momento supe que ese viaje iba a ser con Nat y Abril, aunque no a todas nos costó lo mismo poder organizarlo. Renata se esforzó muchísimo para conseguir la plata suficiente, yo en cambio, la obtuve como un regalo, y Abril… Abril no tenía problemas de dinero. Su papá es dueño de una de las más prestigiosas cadenas de supermercados del país, por eso, costearlo para ella no significó ningún sacrificio en absoluto. 
El viaje prometía ser lo mejor. Tres amigas solas en Los Ángeles. Tres meses a puro disfrute. OMG, I can’t wait!
Sonó el timbre para entrar a clases, acomodé mi uniforme y saliendo apurada del baño, me mezclé entre los cientos de chicos que iban por el pasillo, entrando a las aulas y acomodándose en sus asientos.



Hacía media hora que había llegado a casa. Estaba algo así como… sorprendida.
Iba en el colectivo leyendo el diario y cuando llegué al suplemento espectáculos, vi una nota que me shockeó: dos años de la separación de los Jonas Brothers. No podía creer que hubiese pasado tanto tiempo, me parecía que había sido ayer cuando los vimos por primera vez en concierto.
El día que iniciaba la pre-venta conseguimos entradas para la fila 23. Al principio nos pusimos mal, ya que nuestro sueño desde siempre había sido verlos en primera fila, pero el día del concierto, al apagarse las luces, toda la gente corrió hasta quedar pegados al escenario, y nosotras quedamos aglomeradas contra las vallas que rodeaban el escenario.
Hicimos una cuenta regresiva (muy típico de Abril) y se nos ocurrió grabar videos de cuando nos agarraban ataques de emoción para guardarnos de recuerdo. Todavía los tenía y cuando los miraba moría de risa.
Cuando por fin faltaba sólo un día para el recital, las chicas se quedaron a dormir en casa. Bah. Dormir… ¿Realmente dormir? No. Estuvimos despiertas casi toda la noche escuchando sus CDs a todo volumen (mis papás habían ido a un casamiento. De haber estado, estoy segura de que no hubiese sido posible) y planeando la vestimenta que usaríamos al día siguiente. Cada tanto soltábamos grititos de emoción que nos dejaban sordas. Estábamos muy ansiosas y al día siguiente ni bien nos “levantamos” empezamos a preparar todo.
Agarramos todas las cosas para prepararnos y fuimos para la casa de Ab. Desde siempre es la casa que más amo: con ambientes espaciosos y con techos altos, pero a la vez muy cálida y con habitaciones en suite con vestidor para todos los integrantes de la familia. La casa que cualquier persona con un poco de buen gusto podría soñar.
Cuando llegamos pusimos música y Nata fue a buscar galletitas y chocolatada. Nos bañamos las tres (lo cual nos llevó bastante tiempo) y a la una de la tarde, decidimos que ya era hora para empezar a prepararse para el show, para así poder llegar al estadio alrededor de las cuatro.
Elegimos nuestros atuendos de modo que estuviésemos cómodas y lindas a la vez: Abril tenía un short de raso negro con unas sandalias chatitas y una remera blanca con una imagen de Marilyn Monroe en distintos tonos de grises. Nati se puso un pantalón chupin blanco con una musculosa azul estampada y zapatillas al tono. Yo tenía un vestido de corte por la cintura negro por arriba de las rodillas con sandalias y cartera color gris.
Llegamos al lugar con una adrenalina tremenda. Cuando empezó a avanzar la interminable fila de gente que teníamos adelante nuestro y pudimos entrar, nos pusimos a gritar como tres locas… igual que siempre.
El recital fue totalmente genial. Con las chicas estábamos súper emocionadas  y no paramos de gritar ni un segundo. Bailamos y saltamos como si estuviéramos en nuestros cuartos y cantamos todas las canciones a toda voz. Fue una de las mejores experiencias, uno de los mejores días que pasamos juntas. Imposible olvidarlo.

El viernes pasé a buscar a las chicas a las nueve y media con el auto de mamá. Primero fui a lo de Ab y después a lo de Nata. Cuando llegamos le cantamos el feliz cumpleaños como dos locas gritando en la calle. De ahí fuimos a comer algo y después salimos para un barcito en Palermo.
-¡Chicas, a romperla, eh! -les dije a mis amigas con una sonrisa de oreja a oreja.
-¡Si!- contestó Abril con una mirada picarona.
-Cuidado vos, nena, que tenés novio. No podes hacer nada fuera de lugar- le advirtió Nata.
Estuvimos todo el viaje riéndonos y escuchando música a todo volumen.
La noche se pasó volando. ¡La pasamos súper genial!
Volví a casa re cansada y subí directamente a mi habitación. Me desplomé en mi cama sin siquiera ponerme el pijama y me quedé dormida dos segundos después.

No hay comentarios:

Publicar un comentario