sábado, 26 de febrero de 2011

Diecicho, Parte III




Abril.

Se me partía la cabeza. Eran las ocho de la mañana del sábado y acababa de entrar a mi casa en puntitas de pie para no despertar a ninguno de los miembros de mi familia.
Fui a mi habitación, me senté en mi cama y me deshice de mi ropa y mis zapatos, los que cambié por mi pijama y unas cómodas pantuflas. En la habitación contigua, mi hermano de 24 años dormía en la suya, emitiendo unos sonoros ronquidos. Probablemente, no hacía mucho que había llegado de bailar.
¡Por Dios, cómo me dolían los pies! Habíamos salido de festejo por los cumpleaños de Renata y Candela. Comimos en un restaurante las tres solas, como mejores amigas que éramos y brindamos por el futuro que nos esperaba: el viaje que iríamos a hacer en pocos meses.
Después nos encontramos con el resto de nuestros amigos que, para ser sincera, eran bastantes -que sociales son mis amigas… Okay, yo también lo soy- y  de ahí nos fuimos a bailar. Tomamos alcohol como nunca y bailamos SIN PARAR toda la noche. Las dos se hicieron mayores de edad y era necesario salir a pasarla muy bien. Y si, ¡al fin las tres teníamos 18 años! Yo los había cumplido dos meses atrás, era la más grande.
Sentí algo que ascendía por mi garganta y entré corriendo al baño. Creo que tomaste demasiado, dijo con ironía una vocecita en mi cabeza.
Después de lavarme las manos me miré al espejo. ¡Estaba hecha un asco! Mi larguísimo y anaranjado cabello todo despeinado, el rimel de mis ojos verdes estaba todo corrido y ni un rastro de la base de maquillaje que me había puesto para tapar esas pecas que salpicaban mis mejillas y que tanto odiaba. Limpié mi cara con un algodón y crema desmaquillante, tomé una aspirina para el dolor de cabeza y volví a mi cama mientras cruzaban mi mente todos los recuerdos de la noche que había pasado. Tenía los pies súper hinchados por los tacos. Aunque medir un metro sesenta y siete -o algo así- no estaba del todo mal, a mi me gustaba parecer mas alta.
Puse mi celular debajo de la almohada y me tapé hasta la cabeza. Estaba prácticamente dormida cuando sentí algo que vibraba. Miré la pantalla del móvil y vi un mensaje de texto de mi novio que decía: “Avisame cuando llegues. Te amo. Fede”.
Era un amor de persona mi novio. Estaba saliendo con él desde hacía tres meses y no había una sola cosa negativa que pudiera sacar de la relación; siempre se preocupaba por mí y hacía lo necesario para verme bien. Es mas, esa noche la pasó con nosotras porque era un gran amigo de Cande y Nata, y como no me pudo acompañar hasta mi casa, ahora me mandaba un mensaje para asegurarse de que había llegado bien. Pero como una idiota me había olvidado de avisarle que ya estaba ahí, así que le contesté que ya estaba en mi casa y metida en mi cama. Dejé el celular adonde estaba, me volví a tapar toda y acomodé para dormirme.
Entonces una vez mas los recuerdos se apoderaron de mi mente mientras volvía a caer en sueños y se me vino a la cabeza algo súper importante. Abrí los ojos de un golpe, salí de mi cama y fui silenciosamente a prender la computadora.
Mientras “se cargaba mi configuración personal” fui a buscar un vaso de gaseosa a la cocina y cuando volví me senté frente al monitor y, con los dedos torpes por el cansancio, me dispuse a buscar en Internet, para ver con mis propios ojos, lo que me habían contado las chicas mientras hacíamos la fila para entrar al Pub. Sinceramente no les creía.
El glorioso Google me dejó servido lo que quería encontrar:

“El día treinta del corriente mes, se cumplen dos años del anuncio de la separación de la banda Jonas Brothers, la cual tomó por sorpresa…”

Terminé de leer la nota rápidamente y me quedé ahí releyéndola varias veces, como esperando encontrar escrito entre líneas algo que me dijera que era todo mentira y que a pesar de que los Jonas Brothers ya no eran una banda, al menos seguían siendo tan unidos como antes y no que cada uno vivía su vida por separado y prácticamente no tenían contacto. Eso era horrible.
Luego de unos minutos, dejé el vaso a medio terminar en la mesita de luz y me acosté por tercera vez, pero ahora con una sensación de pesadez en el estómago y un nudo en la garganta, que nada tenían que ver con el alcohol que había tomado y, poco a poco, me fui quedando dormida.
Iba en un avión hacia Los Ángeles, feliz e incrédula de estar cumpliendo un sueño de tantos años. Candela y Renata estaban conmigo…y de pronto volvía al 21 de mayo del 2009, estaba en un recital, gritando y cantando… y caminaba por la playa con mis amigas, bajo el sol y los hermanos Jonas estaban ahí, cantaban para nosotras y todos reíamos… las escenas y los sonidos formaban un manchón de colores que se amontonaban en mi mente dormida.
Esa noche reviví en sueños todos los buenos momentos y la felicidad que esos tres chicos me habían hecho vivir alguna vez.
¿Sería que, a pesar de que no sacaba sus CD’s del último cajón del escritorio hacía mas de un año, no había perdido el cariño que les tenía y mantenía la esperanza de volver a verlos unidos otra vez? 

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