sábado, 26 de febrero de 2011

El Viaje, Parte III





Cande.

-¡AMIGA!- gritó Abril a Nata, quien se dio vuelta y nos miró. Tenía una sonrisa tan grande como la nuestra.
-¡Chicas!- gritó al vernos y vino corriendo hasta nosotras y nos abrazó.
Ap y yo, habíamos ido juntas al aeropuerto, en la camioneta de su papá, ya que se había ofrecido a traerme porque mi casa le quedaba de paso. Obviamente estaban nuestros familiares con nosotras.
Estábamos tomando algo en el patio de comidas del aeropuerto, cuando la vimos a Nata que subía por una de las escaleras mecánicas con Grace y Feli. Nos levantamos y la fuimos a buscar.
-Chicas, ¿no están re emocionadas? –dijo Ap sonriente.
-¡Si! OMG, no puedo estar más feliz –contestó Nata.
-Ay, si, ¡en un rato viajamos! Vayamos a hacer el Check In, porque si no se nos va a hacer tarde- me alarmé.
-Si, totalmente. Vamos –coincidió Abril.
Fuimos para donde estaban mi familia y la de Abril.
Después de que todos se saludaron, fuimos a hacer los papeleos, lo que nos llevo un rato. Como las tres moríamos de ansiedad, nos agarraron ganas de comer chocolate blanco, que sin dudas nos iba a ayudar a calmarla, o por lo menos esa era la excusa para deleitarnos con su sabor. Avisamos que íbamos a comprar y fuimos corriendo al quiosco. Cuando volvíamos sonó el celular de Ab.
-¿Hola?- dijo al atender la llamada -¿Cómo estás, mi amor?... ¿Acá?... ¿Ya? ¡No, me muero!… Sí, exactamente ahí… OK. Te amo.
Cortó. Nat y yo nos miramos con complicidad. Nosotras habíamos estado hablando hacía un par de días de que no sabíamos como iba a hacer Ab con su noviazgo. Sabíamos que a Fede lo amaba y él a ella también, pero ¿como se hace para mantener una relación a distancia? Y más que nada por tres meses…
Como no teníamos intención de que Ap se pusiera mal, decidimos no preguntarle nada por el momento, por lo menos antes de viajar. No queríamos que se angustiara, aunque sabíamos que cuado llegáramos íbamos a hablar del tema. Era algo importante, y para eso están las amigas, ¿no? Suponíamos que ella no lo iba a dejar, pero era difícil estar en esa situación. Mas adelante veríamos que tenía en mente.
Estaba en mi nube, totalmente colgada, cuando…
-¡NO!
Pegué un salto y las chicas empezaron a reír.
-¡¿Que pasó?!- pregunté con los ojos abiertos de par en par.
-Nada, que miré el reloj y me di cuenta de que en media hora abordamos el avión. Pero tampoco es para tanto –me contestó Nat.
¿Qué? ¿Cómo que falta media hora? ¿Cuándo pasó el tiempo? Ya nos teníamos que despedir de todos así que me di vuelta y fui para donde estaban los adultos.
Mi mama se acercó a mi y me estrechó entre sus brazos. Siempre había tenido muy buena relación tanto con ella como con mi papá. Cada vez que los necesité estuvieron a mi lado y me brindaron su apoyo. Gracias a ellos durante mi infancia y mi adolescencia había sido muy feliz.
-¡Te voy a extrañar, hija! –dijo con lágrimas en los ojos.
-¡Yo también, má!
La solté y la miré. Ya estaba llorando. ¡Qué raro! Pensé con sarcasmo.



Abril

Estaba mirando como Can saludaba a la familia y pensando seguir sus pasos, cuando alguien me agarró por la cintura. Me di vuelta y sonreí al ver a Fede.
-Mi amor –dijo devolviéndome la sonrisa.
Le di un beso pero se soltó rápido. Lo miré extrañada. No sonreía, estaba completamente serio. ¿Qué le pasaba? Se suponía que ese era uno de los momentos más felices de mi vida. Tendría que haber estado contento.
Mi mirada pasó a ser una contundente interrogación.
-No quiero dejar de verte por tres meses. Te voy a extrañar mucho –soltó de pronto, con un tono suplicante y su vista clavada en la mía.
-Yo también, pero no me mires así. Me encantaría que estés feliz por mí.
-Estoy feliz pero…
-Bueno contáselo a tu cara porque parece que no se enteró…-lo interrumpí y cuando quiso replicar no lo dejé- y no me contestes. Basta. No quiero discutir con vos ahora. En veinte minutos me voy para hacer el viaje de mi vida, y no quiero estar de mal humor.
-Tenés razón. Perdoname.
Me abrazó. No quería discutir, no en ese momento. Aparté mi cara de su hombro y lo besé con ternura.
-Hija… -La voz de mi papá hizo que me soltara de los brazos de Federico y me diera vuelta.
Mis padres se habían acercado a nosotros y me miraban sonrientes. Mona, mi mamá, tomó mis manos y mirándome a los ojos dijo –Sé feliz hija. Disfrutá este viaje que durante tanto tiempo soñaste. Y cuidate. Mucho.
-No te preocupes má, voy a volver igual de sana que como me voy, lo prometo. Además, son sólo tres meses, las chicas y yo ya tenemos suficiente edad como para arreglarnos solas por un tiempo –aseguré con una sonrisa en mi rostro.
-Eso espero –respondió mi papá no muy seguro de que mis palabras fuesen verdad –igual, saben que cualquier cosa que necesiten nos pueden llamar, y sino, tenes a tu tía que te puede ayudar.
-Lo se, papá. En serio, no se alarmen.
-¡Es que nunca viajaste sola por un período tan largo! –intervino mi mamá
-¡Ay, por favor! No dramatices, va a estar todo bien. Somos grandes, responsables y centradas –repuse intentando que las clases de actuación que había tomado años atrás surtieran efecto.
-Ya lo sabemos hija, pero aun así sos nuestra beba, y mami te va a extrañar…
-No, te lo ruego –la interrumpí –, no empieces con eso ahora. Miren, acerquémonos a los demás así puedo saludar a los papás de las chicas antes de que se nos haga tarde.
Un par de minutos después me encontré despidiéndome de todos y abordando el avión. Por como lloraban nuestras madres, parecía que nos íbamos a vivir a los Estados Unidos, más que a hacer unas vacaciones de unos pocos meses.
Nosotras moríamos de risa, estábamos súper contentas. Casi ni me importaba el no ver a Fede por tanto tiempo. Al menos por el momento.
-¡Chicas! -dijo Nata con emoción. Nos dimos vuelta para mirarla-. ¡A romperla, eh!
-Obvio -contestamos al unísono y nos echamos a reír con nerviosismo.
Seguimos caminando hasta encontrar nuestros asientos en el avión. Eso si que iba a estar bueno.




(PS: No pude sacar la raya esa del medio, jojo)

No hay comentarios:

Publicar un comentario