miércoles, 9 de febrero de 2011

Dieciocho, Parte I



Renata


 Era lunes a la noche. Mi familia y yo estábamos en mi casa cenando como en un día normal. Aunque no lo era, al menos no para mí. Era mucho más que uno normal, era la víspera de mi cumpleaños de dieciocho. En pocas horas iba a ser mayor y mas allá de lo que significaba para los demás, para mi tenía un significado diferente, único, el motivo por el cual había pasado los últimos años de mi vida haciendo cosas nunca imaginadas por mí.
Había estado trabajando en más de veinte empleos diferentes, desde niñera o repartidora de diarios, hasta como ayudante en un taller mecánico.
Me la había pasado privándome de miles de cosas como vestimenta, salidas, cumpleaños, familia, amigos… Tal vez fue demasiado pero el fin justifica los medios ya que nada me importaba mas que ese sueño que estaba por cumplir, un sueño que tal vez a otra chica en una posición económica distinta no le hubiese costado ni un suspiro. Pero yo me esforcé pasando por sobre todo lo que quería, para llegar a ese día con la plata necesaria para hacer el viaje de mi vida.
Iba a viajar a Estados Unidos con Abril y Candela.
Abril y Candela eran mis mejores amigas desde que se creó el mundo. Nos conocíamos tan bien que con sólo mirarnos -literalmente- sabíamos lo que la otra pensaba o necesitaba; era como si nuestras mentes hubieran llegado a conectarse de algún modo después de pasar tantos años juntas.
Conocía todos sus secretos, tanto como ellas conocían los míos y nunca había vergüenza entre nosotras, porque nunca nos burlaríamos de nada que le pase a la otra por mas estúpido que sea o parezca aquello que nos perturbaba, y creo que eso también se debía a que pensábamos muy parecido en cuanto a muchos aspectos de la vida aunque, al mismo tiempo, si hubiesen existido tres polos opuestos en la Tierra, esas hubiésemos sido nosotras. Si ellas estaban mal, era inevitable que yo estuviese igual, y si estaban felices, me transmitían toda su alegría.
  Era conocedora de cada detalle insignificante acerca de sus personas, hasta aquellos que me hubiesen querido ocultar, pero era inevitable hacérmelos saber con sólo un gesto de la cara. Por ejemplo, sabía que Cande amaba embellecerse al máximo y aparentar ser muy prolija y centrada ante la gente que no la conocía, pero que en realidad era muy desordenada, torpe y alocada la mayoría del tiempo; o que Abril simulaba ser madura y fuerte emocionalmente, pero que a veces era mas aniñada y caprichosa que mi hermanito menor y le bajaba la presión ante cualquier momento que implicara tensión.
Como lugar fijo íbamos a ir a Santa Mónica, Los Ángeles, en el estado de California. Aquella era una parte muy concurrida y, sobre todo, costosa del país y por eso es que me había costado tanto ahorrar todo el dinero necesario y encargarme de que también me sobrara. Si teníamos tiempo, tal vez diéramos algún paseo por el resto del Estado o incluso visitaríamos otros, aunque la idea no era sólo ir de vacaciones sino también conocer gente y hacer amigos, por lo que era necesario quedarnos en un mismo lugar durante bastante tiempo.
 Mas allá de los lugares que iríamos a conocer, lo mas importante era que íbamos a hacerlo juntas y pasara lo que pasara no había dudas de que lo íbamos a disfrutar. Iban a ser las mejores vacaciones de nuestras vidas… o por lo menos así fue como lo planeamos…
-¡Nata! -gritó una voz a mi lado.
-¡¿Que, mamá?!
-¿En que pensabas?
El grito de mi mamá me hizo despertar y salir de mi nube. Ella y mi hermanito me miraban fijo como esperando encontrar escrito en mi cara el motivo por el que me había quedado mirando fijamente un punto cualquiera de mi plato de comida.
-Ah, en nada… en realidad es sólo el viaje... La verdad es que creo que me lo merezco después de tanto esfuerzo, ¿no? -respondí con una mueca de satisfacción.
-Si, de verdad te lo merecés, te esforzaste mucho y estoy orgullosa de vos. Pero ahora comé que se te va a enfriar. Además te vas a fin de año, todavía tenés tiempo para organizar todo, no te preocupes.
 Graciela, mi mamá, es una mujer de estatura baja, delgada, de un larguísimo cabello negro azulado y unos intensos ojos marrones. Con su actitud alegre y positiva, siempre me dio todo su apoyo en todo lo que quise hacer en la vida y estoy muy contenta de haber contado con eso.
-Gracias, má. Y vos, Felipe, ¿no comés? -pregunté, mirando a mi hermano.
El pequeño me miró con reproche a través de sus enormes ojos marrón claro, de pestañas prominentes. Se llevó una de sus regordetas manos a la frente, despeinando su flequillo de un rubio oscuro para luego posarla sobre su estómago.
-No, me duele la panza -me contestó, con una cara que simulaba dolor, mezclada con una pícara sonrisa que no podía disimular.
-Mentiroso –lo acusé, riendo-. Dale, comé rápido que tenés que irte a dormir. Mañana tenés que levantarte temprano para ir al colegio.
-¡Ufa! –fue todo lo que pudo decir en su defensa, con expresión de enojo.
-Dale, no des mas vueltas -replicó mi mamá.
Después de una extensa discusión a causa de los típicos caprichos de mi hermanito de nueve años terminamos de comer y nos fuimos a acostar.



Martes 13 de septiembre de 2011. Me levanté con dolor de garganta. Observé a través de la ventana empañada y pude ver como una suave llovizna repiqueteaba contra el vidrio.
Fue entonces cuando me di cuenta. Miré el reloj buscando la fecha y me dije ya soy mayor, tengo dieciocho años,  es el mejor día de mi vida... okay, exagero.
Salí de mi cama pegando un salto y, con una sonrisa de oreja a oreja, entré al baño para lavarme la cara y los dientes.
Mientras lo hacía me miraba en el espejo y entonces me detuve a verme, por primera vez, a contemplarme verdaderamente. Poco me parecía a aquella soñadora chica de quince años que un día, hablando con sus amigas, planeó un viaje a EE.UU. lleno de emoción y aventuras. Si, definitivamente había cambiado.
Ahora me veía un poco más alta, y ya no tenía esas marcas de acné por todo mi rostro, típicas de la adolescencia que estaba dejando atrás poco a poco. Mi pelo mantenía su castaño natural que años atrás debía haber sido de algún extraño color que ya ni recuerdo: todo dependía de mis impulsos. Estaba largo hasta la cintura y conservaba todo su volumen desde el día en que decidí no volver a cortármelo, si no hacia falta darle forma o algo así.
Mi cuerpo aun tenía una linda figura y las curvas adecuadas para mi altura de un metro sesenta y algunos centímetros.
Estaba mucho más bella que los años anteriores y mucho mas madura.
Me quedé unos quince minutos embobada, recordando los primeros años de la secundaria y la adolescencia, los amigos que había dejado atrás y para los que tenia muy poco tiempo en la actualidad, entre los exámenes y el trabajo. Recordando que fácil era la vida antes y dándome cuenta de cuantas responsabilidades tenía en el presente. Recordando que fácil era viajar con mi imaginación a donde quisiera y planear las hazañas más locas en unos pocos minutos. La prioridad que tenían mis sentimientos ante todo en la vida y la pasión que le ponía a todo lo que me gustaba. Todo lo que hacía por lograr lo que quería y alcanzar esa felicidad que me provocaban las cosas mas simples y lindas de la vida. Bueno, con respecto a esto último… ¿a quién quiero engañar? Sigo siendo igual de soñadora, infantil y, sobre todo, impulsiva.
Fue entonces cuando recordé el verdadero motivo por el cual habíamos ideado hacer el viaje: ir a un concierto. Si, es que la banda que más nos gustaba aún no había llegado a nuestro país con su gira y dentro de nuestro fanatismo, no podíamos esperar más y, guiadas otra vez por lo que sentíamos, planeamos ir a verlos a algún lugar de EE.UU. donde tocaran. Al final, ya que pocos meses después la banda llegó a nuestro país, tuvimos la oportunidad de verlos y desde muy cerca. Pero eso no nos hizo olvidar nuestro viaje y decidimos esperar a ser mayores y juntar más dinero para poder hacerlo.
Además, la banda, cuando ya estaba a punto de lanzar su cuarto CD y a pocos días de comenzar su tour mundial, se disolvió por problemas internos. Pero debido a que millones de fanáticas de todo el mundo levantaron una campaña para que vuelvan a unirse, decidieron finalizar su carrera realizando su gira por EE.UU. y Europa, y dándose una última vuelta por Latinoamérica en Diciembre del 2009, por lo que pudimos verlos una segunda vez arriba de ese glorioso escenario, aunque en nada se pareció a la primera, ya que esa vez se notaba el descontento entre los tres integrantes. Y es claro que, una traición entre hermanos, no debe ser fácil de perdonar.
Salí del baño, volví a mi habitación y comencé a revolver dentro de la cómoda que se encontrada junto a mi cama. Finalmente encontré lo que buscaba: el primer CD que compré de esa banda. Al compás de una de sus canciones, volví a sentir esa sensación… esa adrenalina y a la vez esa paz que solo su música me podía transmitir. Mientras tanto, me vestí para bajar a desayunar.
La verdad es que realmente extrañaba a los Jonas Brothers, aunque ya habían pasado años desde su separación y no se haya sabido nada mas de ellos desde ese entonces, aparte de alguna foto por Internet que los mostraba en una cita con alguna chica o noticias acerca de sus proyectos, que, por supuesto, siempre eran por separado, dado que solo en tres o cuatro ocasiones se volvió a ver a la familia Jonas reunida por completo en todo este tiempo.
Terminé de atarme los cordones y bajé las escaleras. Cuando entré a la cocina me esperaba una mesa con un desayuno muy variado, un ramo de jazmines y un sobre. Había un olor muy rico, pero no pude definir bien de que era, porque aparte de dolor de garganta tenía la nariz tapada. Me senté, abrí el sobre y encontré adentro una tarjeta de “Feliz Cumpleaños”, con una dedicatoria de mi familia, es decir mi hermano y mi mamá. Sonreí. Cuando levanté la vista los vi venir a los dos desde el cuarto de Felipe. Y no pude reprimir las ganas de pararme y abrazarlos.
-Gracias, los quiero.
Es lo único que pude decir. Adoro a mi familia, los únicos que bien o mal siempre estuvieron y a quienes no me va a alcanzar la vida para agradecerles todo lo que siempre hacen por mí.
¡Pero qué cursi estoy hoy!, pensé. Si había algo que nunca hacía, era andar repartiendo afecto gratuitamente, aunque se tratara de mi familia.
-De nada, nosotros también… -dijo mi mamá sonriendo y luego señaló la mesa –te separé el suplemento de espectáculos del diario, como todos los días. Ahí lo tenés.
Miré a mi hermano que me sonrió, le devolví la sonrisa y volví a sentarme. Unté queso crema en una tostada, tomé un trago de mi café con leche que alivió un poco mi enrojecida garganta y empecé a ojear el diario. Entonces vi algo que llamo mí atención: una pequeña nota acompañada de una foto.
Acomodé el diario y me puse a leer aquella noticia con atención.

“El día treinta del corriente mes, se cumplen dos años del anuncio de la separación de la banda Jonas Brothers la cual tomó por sorpresa a millones de fans de todo el mundo y dio lugar a polémicos debates originados luego de la declaración del guitarrista principal, Kevin (23): “Joe me traicionó y, que yo lo haya perdonado, no significa que las cosas vayan a volver a ser como antes. Aunque ese no es el único motivo, hay otros… asuntos mas importantes que nos llevaron a tomar esta decisión”.
Todo apuntaba a que había sido una traición amorosa, aunque no había prueba alguna. Pero también existía la posibilidad de un fraude económico, dado que se hablaba de “otros motivos”.
Lo cierto es que nunca se supo la verdadera razón de la pelea y los otros dos integrantes se negaron a dar declaraciones de cualquier tipo. Lo único que se puede decir es que Kevin se veía muy enojado, Joseph (22) muy arrepentido y Nicholas (18), verdaderamente triste.
Kevin ahora está de gira como guitarrista de una banda de rock medio pelo, aunque altamente popular y comercial; Nick sigue con su viejo proyecto solista y sigue cautivando a millones de chicas, aunque sus shows no son lo mismo sin sus hermanos; y Joe, quien siempre demostró un gran interés por la actuación, ahora es protagonista de un exitoso unitario llamado “Morning Light” que en Latinoamérica, comenzará a transmitirse en marzo del año que viene por Warner Channel. A pesar de que los tres tengan proyectos y se mantengan en el mundo del espectáculo, su fama se vio disminuida en el último semestre y ya no se encuentran bajo la permanente y crítica mirada de la prensa, como estaban previamente a su separación.
Sus padres, Denisse y Kevin, junto a Nick y al menor de la familia, Frankie (10), quien comenzó a dar apariciones interpretando roles secundarios en algunas series de Disney Channel, aún viven en la vieja “Mansión Jonas” como la llama la prensa amarillista estadounidense. El resto de los hermanos, quienes tienen cada uno su vivienda, van a visitarlos en sus tiempos libres, aunque por separado, para gozar de una jornada en familia, si es que aún se le puede llamar así.
¿Cómo fue que los tres hermanos más famosos, y sobre todo más unidos, terminaron de esta manera?¿Se atreverán algún día a hacerlo publico?¿Volverán los Jonas Brothers a ser esa banda que facturaba una incalculable cantidad de dólares por concierto y tenía millones de fans en todo el mundo y su carrera en un rápido ascenso?¿Saldrán algún día a la luz esas razones tan importantes que llevaron a la separación de la banda y…?”

No pude seguir leyendo. Revivir todo eso me había hecho muy mal, así que hice un bollo con el papel, me levanté de la silla en la que estaba sentada, lo tiré a la basura y volví a sentarme para terminar con mi desayuno. No quería pasar mi cumpleaños amargada. La tristeza que había traído a mi esa noticia en su momento fue tan grande que recordarla me provocaba un nudo en el estómago. Ese día me puse muy mal y no iba a pasar por eso otra vez. No, estaba cumpliendo dieciocho y tenía que estar contenta, tenía que pasarla bien.
Definitivamente, hoy estoy DEMASIADO cursi, me repetí para mis adentros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario