sábado, 26 de febrero de 2011

El Viaje, Parte I


Diciembre








Abril

Oh, Yeah! Al fin después de esos dos ajetreados meses y medio -más que nada las últimas semanas- al día siguiente nos íbamos. Finalmente habría llegado el gran día.
El día anterior habíamos ido de compras y conseguimos de todo: mucha, MUCHA ropa y MILES de accesorios. Recorrimos prácticamente todos los centros comerciales de Buenos Aires en mi auto, escuchando música a todo lo que daba y riéndonos de cualquier cosa que decíamos. La pasamos súper bien.
Esa tarde estaba terminando de acomodar las últimas cosas en las valijas y repasando una y otra vez la lista de objetos que tenía que meter en ellas, para no olvidarme de nada, cuando recibí un llamado inesperado. Era Renata que lloraba desconsoladamente y me pedía que fuera rápido a su casa, y sin darme ninguna explicación me cortó.
Dejé todo como estaba y salí corriendo de mi casa. Con el auto llegué en cinco minutos y después de tocar el timbre me abrió Graciela, su mamá, con una cara de preocupación que realmente aumentó mi miedo.
-¡¿Qué pasó?! -le pregunté exaltada.
-Que no se si van a poder viajar –me contestó con cara de preocupación.
-¿Como que no? ¿Por qué?
-Entrá y que Nata te cuente. Está en su habitación.
Sin entender nada y con un tremendo nudo en el estomago subí las escaleras de a dos escalones y me dirigí al cuarto de Nat. Cuando estaba por golpear me di cuenta de que la puerta en realidad estaba entreabierta y pude ver al interior de la habitación. Era un desastre: había ropa tirada por todos lados, papeles, carpetas, cajones fuera del armario, libros, carteras. Estaba todo dado vuelta.
Entré y la vi sentada contra la pared, hecha un bollito, llorando a más no poder. Cuando me vio, corrió a abrazarme.
-¡Perdoname, perdónenme las dos! –dijo con tono de suplica.
Entonces volví a observar con mas detenimiento a mi alrededor y vi que desde la otra punta de la habitación, Cande me miraba pálida -mas de lo que ya era- y con todo el maquillaje corrido por haber estado llorando. Verla así era lo que me faltaba para entrar verdaderamente en pánico y sentir como el nudo en mi estomago se apretaba mas que antes. Tenía que ser algo demasiado grave como para que las dos estuvieran así y que encima se pusiera en riesgo nuestro viaje.
-Chicas… no me asusten, no entiendo nada… ¿me pueden decir qué pasó? -pregunté pausadamente, como evitando terminar la pregunta para no tener que escuchar su respuesta.
-Que... que Renata… perdió el pasaporte- contestó Cande.

                    
Cande.

Dije eso y el llanto de Nata se volvió más fuerte. La sensación de culpa que debía estar sintiendo en ese momento, seguramente no tenía comparación. Abril, en cambio, se quedó quieta y con la boca abierta como si hubiese perdido la capacidad de hablar y de moverse de un segundo al otro.
Era un real desastre. No había parado de llorar desde que llegué y Nata tampoco. Dijo que esa mañana había ido a hacer unos trámites para comprobar, por décima vez, que tenía todos los papeles al día, incluido el pasaporte, para poder hacer el viaje sin problemas. Cuando llegó a la casa, se bañó, almorzó y en el momento en que quiso guardar el pasaporte en la valija, para no olvidárselo a último momento, se dio cuenta de que no estaba por ningún lado. Después de revisar toda la casa y ver que no estaba, me llamó.
Es increíble como en unas pocas horas se puede destruir un sueño de años, como se perdieron todas nuestras ilusiones en un abrir y cerrar de ojos. Debo admitir que al principio mi enojo era insuperable, pero con el correr de las horas me di cuenta de que no la puedo culpar por esto, ya se debía sentir demasiado mal ella sola como para sumarle todo lo que sentía yo.
-Pero, ¿están seguras de que no les faltó buscar en ningún lado?- nos preguntó Abril, completamente desorientada.
Nata acababa de terminar de contarle todo lo mismo que a mí, como pudo, ahogada por el llanto.
-Revisamos cada ínfimo rincón de la casa- contesté, mientras miraba un punto fijo del suelo.
Ab parecía no caer en lo que estaba pasando y se había quedado otra vez mirando la nada y dura en el lugar. Después de unos minutos reaccionó.
-No te hagas drama, Nata… si no aparece, viajamos en unos meses, cuando lo tengas listo de nuevo. La verdad es que yo también quería que viajemos ahora, pero no nos vamos a morir por esperar un poco más. Ahora vengan a lavarse la cara- nos extendió la mano y nos llevó al baño.
Ay, no se que hubiese sido de nosotras sin ella que estaba siempre ahí para hacernos entrar en razón y mostrarnos el lado positivo de las cosas, cuando creíamos que todo esta perdido. Y la verdad es que tenía razón. O sea, moría de ganas de subirme al avión y viajar cuanto antes, pero no era exactamente el fin del mundo, lo podíamos hacer después. Aunque estábamos TAN cerca…
Mientras Nata y yo nos lavábamos la cara, Ap fue a buscar una toalla al pequeño armario que hay tras la puerta del baño pero, cuando volvió, en lugar de eso, traía en las manos un pantalón de Jean. Y estaba… ¿sonriendo?
-A ver, Ná… ¿me podes explicar qué es esto?- preguntó ampliando su sonrisa aún mas.
-¿El Jean que me saqué hoy antes de irme a bañar?- respondió Renata confundida.
-No, no, no. ESTO…- dijo Abril señalando el bolsillo trasero del pantalón, de donde se asomaba una pequeña libreta.

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