martes, 17 de mayo de 2011

Chace, Parte III


Nata

   Chace metió la mano en el bolsillo trasero del pantalón y de él sacó un manojo de llaves. Desactivó la alarma del auto, me abrió la puerta para que subiera y luego se subió el por el otro lado. En esos segundos que tardo en dar la vuelta por el frente, para entrar y sentarse en su asiento, fue cuando me di cuenta de que estaba sentada en uno de los autos más lindos y cómodos que había visto en mi vida.
   Cuando finalmente lo tuve sentado a mi lado, noté que se había quedado mirándome y que todavía no nos habíamos puesto en marcha.
   Se sacó los lentes y me dejó ver su hermosa mirada con más claridad. Entonces acercó su rostro al mío y, cuando estaba a tan sólo unos pocos centímetros de mis labios, me corrí hacia atrás y puse mi mano entre nuestros cuerpos.
-La película –le dije extendiéndosela para que la tomara.
-Ah, si gracias –dijo confundido.
Sin darse por vencido, me tomó la cara con las manos y me dio un corto pero dulce beso.
   -Perdón por no saludarte asi antes, pero en plena calle lo mas probable es que haya un fotógrafo dando vueltas... por suerte existen los vidrios polarizados.
   Los dos reímos.
   -Estás perdonado, pero por la espera, me vas a tener que saludar dos veces.
   -Todas las que quieras
   Entonces se acerco a mi, freno unos segundos con sus labios casi en los míos, y luego me besó, pero esta vez por mas tiempo y con mas ganas. Cuando se separo volví a tomar conciencia de donde estaba y la curiosidad me invadió por completo.
   -¿A donde vamos?
   -Primero, me vas a acompañar a hacer unas compras y después vamos a comer algo, ¿querés?
   -Si, obvio -Respondí entusiasmada, y agregué -. Amo ir de compras… y amo comer.
Pasamos todo el corto viaje escuchando música mientras Chace me contaba sus últimas novedades y yo las mías, hasta llegar a un mall donde mi acompañante estacionó su auto y me invitó a bajar.
   Toda la mañana se nos fue yendo de negocio en negocio, a los que Chace entraba para probarse sacos, camperas, remeras o pantalones, que le quedaban uno mas lindo que el otro. Cerca del mediodía entramos a un lindo restaurante dentro del shopping para almorzar.
   Durante el tiempo que pasamos juntos, me di cuenta de que la gente no paraba de mirarnos y comentar de nosotros por lo bajo, sin mencionar a las chicas que se acercaron a pedirle autógrafos a Chace, cosa que no puedo negar que me molestó mucho, o de los flashes de las cámaras que, aunque pretendían ser discretos, pudimos captar con claridad.
   Nos sentamos en una mesa apartada e hicimos nuestra orden. Mi estómago crujía de hambre por no haber desayunado pero, aun así, ordené algo liviano.
-Creo que la verde es muy linda –dije, después de que él solicitó mi opinión sobre las remeras que había elegido-, pero la roja me gusta mucho mas. ¿Sabías que el rojo es mi color preferido?
-No, nunca me lo habías dicho. Es un buen dato, gracias.
Sonreí y mire a la camarera que llegaba con nuestros pedidos.
 -… creo que ese fue el mejor cumpleaños de mi vida. Un viaje sorpresa a Disney es todo de lo que un chico de diez años puede pedir, ¿no? –No esperó a que respondiera y continuó- Además, desde que tengo seis años me considero el fan numero uno de Pluto, y mi sueño era conocerlo en persona.
Reí ante su declaración y bajé la vista a mi plato. Aunque nos entendíamos bien y podíamos reírnos de lo que contaba el otro, todavía seguía notando esa "diferencia de clases" que, aunque no influía en la relación, algunas veces me ponía un poco incómoda.
Cuando terminamos, salimos del lugar y le pedi a Chace que me esperara para ir al toilette. La fila para entrar a los baños era bastante larga, asi que, como me sentía algo mareada y me dolía la cabeza, aproveché el tiempo de espera para lavarme un poco la cara y tomar una aspirina que tenía en la cartera. Al cabo de unos cuantos, minutos volví para encontrar a Chace exactamente donde lo había dejado.
   -Bueno, ¿vamos al auto? -me preguntó.
   -Si, supongo que tendrás cosas que hacer, asi que si queres que nos vayamos... -su risa me interrumpió.
   -No es que quiera que nos vayamos, pero adentro del auto no hay cámaras fotográficas.
   Me guiñó un ojo, pasó todas las bolsas que llevaba a una sola mano, me extendió la otra y la entrelazó con la mia. 
Caminamos hasta el estacionamiento mientras tarareábamos una canción que se nos había pegado a los dos y nos reíamos de cualquier cosa. Cuando llegamos Chace metió todas la bolsas en el amplio baúl, a excepción de una, y subimos al auto. Casi instantáneamente se acercó y me besó, mientras acariciaba mi pelo, y yo el suyo. Cuando se separó agarró la pequeña bolsa que había dejado en un costado y me la extendió sonriendo.
   -Te compré algo. Es una pavada pero te lo imagine puesto, y no dudé en comprarlo.
   Sin decir una palabra, acepté y tomé entre mis manos el paquete, para abrirlo y encontrar en su interior un soberbio vestido de un vibrante rojo.
   Volví mi vista a Chace y él seguía observándome expectante, pero las palabras no salieron de mi boca. Una energía indescriptible me recorrió el cuerpo y pude imaginarme a mi misma bailando desaforadamente al ritmo de una canción de fiesta. Esa era exactamente la sensación, tenía ganas de saltar del auto y bailar de alegría; bailar y saltar ridículamente por el estacionamiento, y reír a carcajadas. Claro que quería hacerlo porque, definitivamente, aquello no podía estar pasándome a mi. Chace, el hombre modelo, por llamarlo de algún modo, por algún extraño motivo me había elegido a mi como blanco de su encanto, ¿podía ser eso real?
   -¿No te gusta? -preguntó algo incómodo, al ver que me quedaba callada.
   -Claro que si, me encanta. Pero... ¿por qué?
   -Ya te dije, me parecés especial y disfruto mucho de tu compañía, así que quería agradecerte de algún modo que uses parte de tu tiempo vacacional para pasarlo conmigo. Y, además, me dijiste que tu color favorito era el rojo, no podía desaprovecharlo.
   Le sonreí e impulsivamente lo besé.
   Nos quedamos en el auto charlando un largo rato y luego dimos vueltas por la ciudad, cerca de la playa. A eso de las 2 de la tarde, Chace me dejó en la puerta de mi edificio, donde me despedí de él con la promesa de volver a verlo el domingo, en la fiesta de navidad. Mientras subia por el asensor con el regalo de Chace en mis manos , me invadio un sentimiento de total satifaccion que supe que iba a ser imposible sacar de mi cuerpo. Ahora si, sin sus ojos observándome, bailé sola y en silencio al ritmo de una música insonora, con los pasos mas absurdos y ridículos que se me pudieran ocurrir.
Salí del ascensor entre risas y caminé hasta la puerta del departamento. Cuando la abrí, Candela y Abril, ya estaban sentadas en el sillón, listas para comenzar con las preguntas.

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