lunes, 16 de mayo de 2011

Chace, Parte II


II

Nata


   Abrí los ojos y me encontré acostada en el sillón del living o, mejor dicho, casi en el piso.
   Después de un fin de semana de descanso, el día anterior habíamos salido a recorrer otras zonas de la ciudad, aprovechando que había dejado de llover, y habíamos vuelto a la noche a cenar en casa. Cuando terminamos de comer, las chicas se fueron a acostar cada una a su cuarto, y yo me quedé mirando un poco de tele, aunque no tardé en dormirme. Ahora me había despertado por el ruido del teléfono que no paraba de sonar.
   -... y cuando llegué me dijeron que, como estamos bastante adelantados con las escenas, hoy tenía el día libre. Entonces me acordé de que el otro día dejamos olvidada la película en su casa, y pensé en pasarla a buscar ahora, si es que no te molesta, ya que sino el dueño del Blockbuster me va a odiar. Y de paso estaba pensando si te gustaría pasar el día conmigo…pero imagino que estarás ocupada porque en tu celular tampoco me contestas, así que no te molesto más. Si querés, mas tarde llamame. Un beso Renata.
   Reaccioné tarde, recordando el teléfono de línea que habíamos instalado en la casa hacía unos días. Se había activado el contestador y la voz de Chace me había dejado un mensaje, diciendo que quería verme, pero yo, que seguía demasiado dormida como para actuar rápido, había dejado pasar la oportunidad de levantar el tubo y contestarle.
   Inmediatamente después de que se cortó la comunicación, me incorporé en el sillón y empecé a tantear a mi alrededor, con los ojos entrecerrados, en busca de mi celular. Cuando lo encontré, vi en la pantalla las claras palabras que me avisaban que tenía cuatro llamadas perdidas.
   Miré el reloj. Martes a las ocho y media de la mañana. Mas que ocupada yo diría que estaba durmiendo. Escribí un mensaje que decía "a que hora querés que nos veamos?" y apenas lo mandé, el celular empezó a vibrar. Me aclaré la garganta y atendí.
   -¿Hola?
   -Hola –dijo dulcemente-. ¿Cómo estas?
   -Bien ¿y vos, Chace?
   -Bien... Supongo que escuchaste mi mensaje.
-Sí. Pasá cuando quieras por la película, y hoy no tengo nada para hacer, si es que todavía querés que hagamos algo juntos.
-¿Te parece que pase a buscarte en una hora? Digo, a buscarla, a la película…
Reí para mis adentros.
   -Una hora y media mejor, porque recién me despierto.
   -Si, perdón, me olvido que estás de vacaciones.
   -No, no hay problema, ya estaba por levantarme –mentí.
   -Bueno, entonces a las diez estoy ahí, ¿okay?
   -Okay, un beso.
   -Otro a vos.
   Corté y me tiré nuevamente en el sillón, con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Eso realmente estaba pasándome a mi? La verdad era que moría por verlo de nuevo. La última vez había sido cuando vino con los chicos a ver la película, y desde que se fue, no veía la hora de volver a encontrarme con él, y creí que iba a tener que esperar hasta navidad para eso, pero era obvio que no podía vivir sin mi... Okay, exagero demasiado.
Me levanté y fui riéndome sola de mis propias ocurrencias, hasta llegar a mi habitación, donde agarré algo de ropa, adecuada para la ocasión, y después me dirigí al baño para darme una ducha que me despabilara, porque sinceramente seguía muy dormida y no podía permitir que Chace me viera en esas condiciones.
   Mientras me estaba secando el pelo, escuché que golpeaban la puerta. Apagué el secador y pedí que pasaran. La puerta se abrió dando paso a Cande que me miró de arriba a abajo, con una cara entre dormida y confundida.
   -¿Qué hacés así vestida?
   -Salgo… ¿Lacio o rulos?
   -Rulos, me gustan mas –dijo casi sin pensar –Pero, ¿a donde vas?
   -No se bien. Chace no me dijo...
   -¿Chace? –Preguntó abriendo los ojos muy grandes -¿Salís con Chace?
   -Sí –respondí sonriente.
   -¡Aaah! ¡Que emoción! –parecía que el hecho de que yo fuera a salir con Chace la alteraba mas a ella que a mi.
   -Lo sé.
   Le conté a Cande de los insistentes llamados de Chace, de su invitación a salir y la patética excusa que había utilizado para hacerlo.
 Me ayudó a arreglarme el pelo y al terminar fuimos las dos a despertar a Abril, para desayunar las tres juntas. Una vez que nos sentamos a la mesa, me di cuenta de que el nudo que tenía en el estómago no me iba a dejar comer nada.
   Faltaban 3 minutos para las diez cuando sonó el timbre. El corazón me empezó a latir a dos mil millones por hora.
   -No quiero bajar, chicas. Mejor atienden ustedes y le dicen que me siento mal.
   -Por favor, ¡no seas idiota! –Me retó Ap.
   -Uy okay, pero hablá vos por el portero eléctrico.
   Ap me miró, puso los ojos en blanco y levantó el auricular. Luego de avisarle a Chace que yo ya bajaba, colgó y me sonrió de una manera que aumentó mis nervios, pero recordando quien yo era, agarré mis llaves y mi cartera, saludé a las chicas con la mano y me dirigí decididamente hacia la puerta la cual deje atrás unos segundos después. Me subí al ascensor, y mientras bajaba me miré al espejo, y me retoqué el ya peinado y enrulado cabello. Cuando llegué a la planta baja, salí caminando a paso decidido hasta llegar a la puerta.
   Salí a la calle y me vi parada frente a la perfección en persona: Chace me esperaba al final de los escalones de la entrada del edificio y me sonreía de esa manera que me derretía. Tenía puesto un jean gastado, zapatillas, una campera de cuero negro mate, y unas gafas de sol. En cuanto me vio salir, se acercó a mi y me saludó con un distante "Hola". No entendí el porque de su frío saludo, pero de todos modos no le dije nada y empecé a caminar a la par suya, hacia la primer calle de la derecha, en la que doblamos.
   -¿A dónde vamos?
-Primero, a mi auto.

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