lunes, 16 de mayo de 2011

Chace, Parte I

Abril

Abrí los ojos y me encontré acostada boca arriba sobre el frío piso del living. Me senté y miré a mí alrededor. Aparentemente, a diferencia de mi, Cande había dormido muy cómodamente sobre el colchón que habíamos acomodado en el suelo, porque estaba toda estirada, con los brazos y las piernas desparramados y ese había sido el motivo por el que yo había terminado en donde estaba. Ella y Nata, todavía dormían profundamente, así que me levanté despacito, me puse las pantuflas y caminé hasta el baño a paso lento y cansado.
  La noche anterior nos habíamos quedado despiertas hasta muy tarde, divirtiéndonos en nuestra noche de chicas y viendo morir nuestra segunda semana en Los Ángeles. Dos semanas llenas de diversión a pesar de mis desvelos nocturnos y mis pensamientos acerca de Fede, porque no habíamos parado de salir a un montón de lugares, ir de compras y conocer gente nueva.
El miércoles pasado, por ejemplo, nos ocurrió una de las cosas mas extrañas. ¿Cuántas posibilidades hay en la Tierra de que salgas de compras, te pongas a charlar con dos chicas divinas, que luego se ofrezcan a llevarte a tu casa y que, cuando les digas la dirección, resulte que ellas viven en el mismo edificio? Si había alguna posibilidad de que sucediera, entonces nos pasó a nosotras. 
Leighton y Sara, nuestras vecinas del tercer piso, tenían 20 años las dos y hacía muy poco que habían comenzado a incursionar en la vida de chicas adultas y se habían ido a vivir juntas, lejos de su familia. Esa misma tarde nos invitaron a merendar a su casa y nos la pasamos charlando y riéndonos de como el destino nos había llevado a encontrarnos esa tarde en el centro comercial. Tenían un estilo muy parecido a nosotras y era sorprendente ir descubriendo tantos gustos en común durante la charla. Leighton tenía una larga melena del color del azabache y unos ojos de un negro intenso, era pálida como la nieve y sus mejillas estaban salpicadas de unas adorables pecas; alta, delgada y de una extrema delicadeza. Sara era prácticamente lo opuesto. Era bastante mas baja y de contextura tosca. Su cabellera de un rubio platinado le caía con naturalidad sobre los hombros y sus ojos eran de un azul intenso, cautivador. Pasar la tarde con ellas había sido como reencontrarnos con viejas amigas y nos hizo sentir por un momento, que no estábamos tan fuera de lugar en aquella ciudad, que definitivamente haberlas encontrado, significaba que el destino tenía algo preparado para nosotras en aquel sitio, sea lo que fuere.
   Me lavé la cara y los dientes y salí del baño, pensando en todo lo que había contado Nata de Chace, en mi SEGUNDA interrupción entre Joe y Cande y en mi discusión con Tom. Iba tan absorta en mis pensamientos que no me di cuenta que había llegado a las escaleras y, al no ver por donde caminaba, bajé todos los escalones de una vez y me caí al piso. Por suerte no me lastimé, pero el ruido de mi caída despertó a las chicas, que me miraron con cara de no entender nada. Al ver esas expresiones en sus rostros, yo no hice más que empezar a reír mientras me frotaba la rodilla que me había golpeado y ellas, al darse cuenta de lo que me había sucedido, comenzaron a reír también.
   Después de un par de segundos, me levanté del frió suelo y fui corriendo a meterme entre las frazadas que cubrían a mis amigas. Observé mi alrededor por un momento y me di cuenta de que era un desastre: paquetes de galletitas y de papas fritas, botellas vacías, tazas y un montón de envoltorios de caramelos y chupetines, cubriendo la escena. Esa es una de las cosas que mas odio de las “noches de chicas”: que al otro día queda todo desordenado y nosotras estamos tan cansadas que no tenemos ni un poco de ganas de poner todo en su lugar. Y para colmo es domingo, y…
   -¡Es domingo! –grité.
   Cande y Nata me miraron extrañadas y al instante cambiaron la cara y adoptaron una expresión pensativa, como intentando descifrar el por qué de mi obvia pero repentina afirmación. Al cabo de unos segundos de cavilación, Cande se dio por vencida y preguntó:
-¿Y entonces?
   -¡Que es domingo 18!
   -¿Y entonces? –inquirió Nata nuevamente.
   -Que falta nada más que una semana para navidad, tontas.
   -¡Ay, es verdad! –Chilló Nata al reaccionar -¿Y que vamos a hacer?
   -A eso voy, querida. A que no compramos nada para la casa, ni regalos, ni sabemos que vamos a hacer, ni nada de nada –contesté, revoleando los ojos.
   -Bueno, hagamos esto: ordenamos un poco este lugar que es un asco, preparamos algo rico de desayuno, y mientras lo comemos planeamos nuestra navidad en Los Ángeles, ¿okay? –propuso Cande.
   -¡Okay! –exclamamos Renata y yo al unísono.
   Nos levantamos las tres con agilidad de los colchones y cada una fue a un lugar diferente del living y empezó a juntar cosas del piso o de la mesa ratona, donde todavía había pochochos desparramados, o a sacar cosas de los huecos que se formaban entre los almohadones de los sillones.
   -¡Paren, falta algo! –dije a la vez que levantaba una caja de cereales vacía de debajo del sofá.
   Corrí al equipo de música, giré la perilla del volumen al máximo y prendí la radio. Para ordenar necesitaba música, era como que me energizaba e iba haciendo todo al ritmo, así también lo hacía mas rápido.
   Mas o menos media hora después, ya estaba todo ordenado, habíamos limpiado el piso y cada detalle de la casa, así que nos pusimos a preparar el desayuno. Yo elegí unas tostadas con mermelada Light al igual que Cande, ya que estar de vacaciones no significaba que fueramos a perder la línea, pero Nata, en cambio, prefirió unas rodajas de pan lacteado con manteca porque, aunque ni ella sabía como hacía, comía el triple que nosotras y no engordaba ni un gramo.
   Nos sentamos en la mesa de la cocina a degustar nuestro desayuno. Mientras tanto, yo chequeaba mis e-
mails en mi laptop y pensábamos que hacer el domingo siguiente. Mi idea fue viajar a algún punto del país donde nevara, quedarnos ahí un par de días, hacer muñecos, guerras y angelitos de nieve, aprovechar para ir de compras a un lugar diferente y, de paso, conocer una nueva ciudad, y después de todo eso volver acá a seguir disfrutando dos meses de vacaciones. A Cande le encantó el plan, pero como Nata dijo que haciendo ese viaje se le iba mucha de la plata que juntó con todo su esfuerzo para venir a LA, hubo que cambiar de idea.
   -¿Por qué no la pasamos acá en casa, las tres como en familia, y…? –sugirió Cande, pero yo la interrumpí.
-Definitivamente no. No vinimos a Los Ángeles a encerrarnos en un departamento.
-Tenés razón.
-¡Ya sé! –Gritó Renata emocionada -¿Qué les parece si la pasamos en casa de Connie, con gente conocida y, ya que estamos, llevamos algún lindo regalo a modo de agradecimiento?
-La verdad, no está tan mal –reconocí-, teniendo en cuenta la parte de agradecerle a mi tía por prestarnos esta casa por todo el invierno, sabiendo que podría haber sacado plata de esto.
   -Si, coincido –convino Candela.
-Bueno, entonces más tarde llamo a mi tía y le pregunto.
   -Mejor saber desde ahora –agregó Cande –así también tenemos tiempo para ver que le compramos y…
   El celular de Nata comenzó a sonar con una musiquita muy graciosa. Ella lo agarró, miró la pantalla, y al segundo su cara se transformó.
   -Chace, ¿no? –curioseé.
   -Emm, voy a hablar al living. Mientras, sigan planeando todo…
   -Si, andá, enamorada –bromeó Cande.
   -¡¿Qué?! –articuló la aludida abriendo mucho los ojos.
   Cande y yo empezamos a reír y Nata se perdió tras la puerta de la cocina, haciéndonos señas para que nos calláramos, porque estaba a punto de atender. Las dos nos tapamos la boca con las manos para ahogar el ruido de las risas y, luego de calmarnos, seguimos organizando lo del domingo siguiente.
-Bueno, supongamos que tu tía no pueda –conjeturó Cande –entonces tenemos que tener un “plan B” por las dudas, como por ejemplo… invitar a Leighton y a Sarah para que lo pasen acá con nosotras.
   -Cande, las chicas tienen una vida aparte de nosotras, y por lo tanto, tienen una familia para pasar las fiestas, no como nosotras que las tenemos a 
no-se-cuantos kilómetros de distancia.
   -Tenés razón… y bueno, entonces podemos ir a un bar o algo de eso a divertirnos si no se quieren quedar acá.
   -No, nada de eso, ningún bar -Dirigí la vista hacia el lugar del que provenía la voz, y la vi a Nata parada en el umbral de la puerta, apretando el celular contra su pecho –. Otra vez, hay cambio de planes.
De nuevo la sonrisita misteriosa esa que hace siempre y que dan ganas de matarla.
   -Dale, hablá –la urgí.
   -Si, y nunca mas en la vida hagas es cara –agregó Cande.
   -Bueno, okay. Chace va a hacer una fiesta en la casa para festejar Navidad y quiere que vayamos. ¿Qué le digo?
   La miré a Cande y, por el gesto de su cara, me di cuenta de que pensaba lo mismo que yo. ¿Ir a una fiesta en la casa de Chace o un a una reunión en la de mi tía? Había que analizarlo, ¿no? No, jamás.
   -Que sí –contesté, y mirando a mi amiga agregué- ¿no, Cande?
   -Obvio.
   Nata se puso el teléfono en la oreja nuevamente y siguió hablando con Chace.
   -Si, vamos… ahá ¿A qué hora?... Okay, dos y media vamos a estar allá… si, si, ya me diste la dirección…. Bueno, dale. Nos vemos.
Cortó y las tres nos miramos muy entusiasmadas. ¡Esa iba a ser la mejor navidad de la historia de las navidades! En Los Ángeles, rodeadas de gente de nuestra edad, en una de esas casas tan enormes que era posible perderse en su interior, y a pura diversión. Si lo hubiésemos querido hacer así, nunca nos hubiese salido tan bien. Definitivamente esa Noche Buena iba a quedar en la historia.
-A ver, entrá a algún blog de los de siempre –me pidió Cande-. Hace mucho que no chequeamos en que anda la farándula norteamericana.
En los últimos años, esa actividad se había vuelto un pasatiempo para nosotras. No era porque realmente nos interesara que era de la vida de los famosos, sino que lo encontrábamos muy divertido.
-Como si no conocieras de cerca la vida de algunos…-le dijo Nata y no hizo falta aclarar a que se refería.
-Bueno, pero hay mas gente aparte de los “Morning Light” –contestó Cande revoleando los ojos.
Ingresé en el buscador, la dirección del primer blog que se me vino a la cabeza y las tres nos pusimos a leer las últimas noticias, cuchicheando con curiosidad. Entonces, abrí los ojos con fuerza, Cande me apretó la mano y Nata soltó un gritito ahogado, cuando nos encontramos con una entrada realmente interesante. Luego del título, había dos fotos y una breve nota al pie de las mismas:

Chace Stawski, Joe Jonas, Tom Andrews:  ¿TRIPLE CITA?

La primera foto arriba, fue tomada ayer (17 de Diciembre) por la tarde. Los muestra claramente a los protagonistas del éxito Morning Light entrando, y saliendo en la segunda foto, del edificio en el que viven aquellas señoritas. Según el fotógrafo que las tomó, entre una y otra foto, transcurrieron aproximadamente cinco horas.
Una fuente de confianza asegura que en el departamento vive una tercera chica y que el grupito ya se habría encontrado anteriormente para almorzar en el restaurante que estas estrellas suelen frecuentar, cerca del estudio de grabación.

¿Ustedes qué opinan? ¿Fue eso una TRIPLE CITA?

-Oh my holly lord! –exclamó Cande totalmente anonadada.
-Yo opino que, en todo caso, fue una doble cita porque a Tom le salió bastante mal –dijo Nata en respuesta a la última pregunta del blog, todavía sorprendida.
-Si, la verdad que si –coincidí con ella-. Ahora la pregunta es: ¿quién es esa “fuente de confianza” que anda contando todo?
-Algún metido –conjeturó Cande-. Algún empleado del restorán, algún cliente que estaba ahí ese día, pudo haber sido cualquiera… Seguramente le avisó a… no se, a alguien y de alguna manera inexplicable se enteraron que los chicos iban a venir a casa ayer, o los tienen vigilados o nos vigilan a nosotras o… No se, sinceramente me resbala lo que haya hecho el paparazzi para conseguir esas fotos, lo que importa es que estamos en el blog.
-¿Y eso es bueno o malo? –le pregunté confundida, sin entender del todo a donde quería llegar.  
-No tengo idea –respondió mas enredada que yo y se echó a reír.
-A simple vista, en mi caso, es bueno porque salí diosa en la foto –repuso Nata riendo-. Ahora, en tu caso Ap… te mataron.
-Si, la verdad que tomaron mi peor perfil –observé pensativa, con la vista clavada en la imagen.
-Leamos los comentarios –dijo Cande y me arrebató el mouse de las manos.
-¡No! –exclamé, volviendo a quitárselo-. No me interesa saber con que adjetivos calificativos nos van a insultar un grupito de fanáticas envidiosas. Sinceramente, prefiero ahorrármelo.
-Si, tenés razón –convino Cande-. Y, otra cosa, lo que hubo entre Joe y yo no fue una cita propiamente dicha –agregó.
-Eso se puede discutir –dijo Nata al tiempo que cerraba la tapa de la laptop. Cande y yo levantamos la vista hacia su rostro-. Pero ahora pensemos que vamos a hacer hoy –propuso sonriendo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario